No Tengo Un Remordimiento de Conciencia, Nunca lo He Tenido: Francisco Quiroz Hermosillo

Es la disciplina. No me podría explicar de otra manera su entereza, la manera en que enfrenta la nueva rutina de la cárcel, que eso es el sitio donde está confinado el general Francisco Quiróz Hermosillo pese a la fachada de cuartel que guardan las instalaciones. Nada de aquí recuerda a una cárcel, excepción de la prohibición de salir. Dentro se ha transportado el universo limitado, constreñido de la vida militar. Con la misma esquematización presente desde el primer día en el H. Colegio Militar.
Aquí, en el presidio castrense del Campo Militar Número Uno, también existe jerarquía a ser respetada. Los generales están confinados a un espacio donde las distancias siguen imperando, son jefes y nadie puede olvidarlo, pese al reglamento. Tal vez por eso los días se asemejan a la memoria presente del “cuartel”. Una habitación pequeña, un baño, una mesa, una parrilla sobre la pared, un buró con una lámpara, una cobija de reglamentario verde, todo lo que rodea al general Quiróz Hermosillo es similar a lo que conoció en sus años de servicio, está cortado por el mismo patrón de austeridad.
Lo único que irrumpe subversivo, como invitado desagradable, es el pizarrón donde contabiliza lo que llama “declaraciones falsas”, donde ha comenzado a sumar realidades que puedan servir para probar su inocencia. Lo que lo ha llevado a leerse, diría alguno “aprenderse” el expediente renglón a renglón, irregularidad a falta de sustento. Porque Paco Quiróz no titubea en asumirse exento de responsabilidad penal: “Soy inocente de todos los cargos. Pueden estudiar mis hojas de servicios durante 47 años, mi desempeño, si he recibido amonestaciones, arrestos. nunca he estado procesado por alguna falta”
Por eso, porque tiene la convicción profunda de que es inocente divide su día en lo correcto, en lo conveniente, en lo que debe hacerse. Implementar su defensa, buscar abogados que le ayuden entender el inmenso desorden, las frases encimadas, las hojas sin firma, las fechas cambiadas a mano. Reunirse con su familia, hacer ejercicio especialmente para rehabilitar su pierna fracturada pocos días después de su retiro, semanas antes de su detención, leer, pensar todo el día en aquello que lo ocupa prioritariamente: su defensa.
Me dice que espera salir muy pronto. Bueno, en realidad me hubiese gustado escuchar todo esto de su boca, estar sentada frente a él en su confinamiento, en esa cárcel que tanto conozco. Por ordenes superiores no fue posible. La entrevista fue bastante más complicada, hubo necesidad de correos, de testimonios de mano a mano, de mandarle por escrito mis preguntas, de convencerlo a la distancia de romper el rígido caparazón militar donde silencio equivale a seguridad. Por lo tanto, obviamente, quedaron muchas preguntas por hacer, y todavía una cantidad mayor de respuestas que ambos, otros también, conocemos.
Quiróz Hermosillo no encuentra razones para estar preso, diría que su enfoque es similar al que tendría si hubiese un operativo, una comisión, una instrucción a cumplirse. Es, además, de una simpleza inmensa: “Estoy en la cárcel por declaraciones falsas, que hasta el procurador Madrazo ha descalificado, por mentiras de testigos muertos, de delincuentes”.
No me parece suficiente su argumento. Inquiero por otros motivos, por la razón política tan mencionada estos días: “No creo que sea un asunto político, más bien buscan desprestigiar al Ejército, desconozco los motivos”.
No es la única ignorancia a admitir, de igual forma negaría saber de los motivos de su compadre Cervantes Aguirre para ordenar su detención: “Desconozco porque Cervantes no evitó este desprestigio de la institución, desconozco quién le presentó pruebas para involucrarme”. Tal vez piense, al decirlo, en aquella vez en que le diría a su todavía “compadrito” que él estaba limpio, en verdad limpio, pero que no debía destapar la gran Caja de Pandora.
Obviamente tampoco habrá escuchado la versión que circula en las oficinas más continuas al Secretario de la Defensa Nacional donde, dicen los enterados, ya han comenzado a admitir que se trató de un error, de una falta de medición sobre los efectos que causaría, no sólo hacía dentro de las fuerzas armadas.
Siempre de acuerdo con estas fuentes Jorge Madrazo Cuellar, después de no aceptar como válidas para los civiles implicados las declaraciones de un gatillero de Amado Carrillo detenido en El Paso, Texas, y que forma parte del programa de “Testigos Protegidos”, habría ido a ver al Presidente Zedillo asegurando que debían procesarse a los generales Quiróz Hermosillo y Acosta Chaparro. Con el conocimiento de que los “dichos” de José Olvera, por ejemplo, no llevaban siquiera su firma, procedían de un chantaje de Samuel González (que fuese responsable del combate al Crimen Organizado en la PGR), quien le dictó nombres y datos falsos a cambio de convertirlo en “policía”. Para que luego fuese asesinado por haberse quedado con 300 mil dólares de la gente de Amado Carrillo.
Al enterarse, aunque por otros motivos el caso le era familiar, dentro de su estilo personal para ejercer el poder, el primer mandatario lo habría remitido con el titular de la Sedena para que se procediese “de acuerdo a la ley”. Lo demás es historia sabida. Hay quien agrega presiones de los norteamericanos, otros señalan una colusión de intereses con José Luis Reyes.
Un episodio que comenzó para él, o que terminó como se quiera juzgar, cuando su hijo “el güero” le llamó al celular en la tarde del jueves 31 de agosto para avisarle que a la puerta de la casa que comparte con Ana estaba un operativo impresionante de policías y efectivos militares, que los vecinos estaban asustados. todo indicaba que habían ido a detenerlo.
Su reacción fue inmediata: “Voy para allá”. Como si fuese un problema más a solucionar, el general llegó a su casa para preguntarles a quienes lo esperaban de qué se trataba todo el escándalo. Le enseñaron la orden de aprehensión en su contra y les dijo que estaba bien, que se fueran juntos a donde correspondía ir.
Antes hubo varias reuniones entre quienes han sido amigos, compadres a lo largo de casi medio siglo: “Varias veces le dije a Enrique que ya estaba cansado de que siempre salieran noticias en mi contra, que era necesario que se investigara, que me deslindaran”.
¿Qué opinaba entonces el titular de las fuerzas armadas? Supongo que lo mismo que ha expresado por escrito a través de los años en sus informes, con sellos y firmas, donde se asegura que el general ahora procesado es “.de carácter afable, que demuestra eficiencia en el cumplimiento de las misiones que se le asignan, posee aceptable resistencia física y amplia capacidad de trabajo. Los análisis, observaciones y sugerencias que realiza son atinados y oportunos. De amplia experiencia en el ejercicio del mando que le ha permitido que su actuación como director general de transportes militares haya sido destacada”.
Lo anterior es parte de la hoja de servicios del militar, firmada por su compadre Cervantes Aguirre el 31 de diciembre de 1996 cuando, supuestamente, estaría coludido en delitos de narcotráfico.
Expresiones semejantes evalúan los años siguientes, con la misma firma anterior al número de matricula del general de cuatro estrellas 460303. Siempre asegurando “su actuación se ha destacado.Ante situaciones de presión reacciona con seguridad y confianza”
Antes que el actual Secretario de la Defensa Nacional firmarían Juan Arévalo Gardoqui (“.carácter afable, amplia cultura profesional.su capacidad para analizar en detalle los problemas que se le presentan le permiten desempeñar con eficiencia el cargo”), así como el general Antonio Riviello Bazán (“Digno depositario de la confianza del gobierno en asuntos de importancia relacionados con la seguridad nacional”).
Y si nos vamos más atrás, cuando la relación con su compadre Cervantes Aguirre era más que cotidiana, sería el general Félix Galván quien aseguraría que es un general “de acendrado profesionalismo y discreción en las comisiones que se le confieren, las cuales ha sabido cumplir con inteligencia”
En el mundo civil lo importante pocas veces es evaluado de manera concreta. Las “calificaciones” que se reciben son parte de un complicado imbricado de emociones, de sentimientos, de parcialidades hasta amorosas. Para los hombres del uniforme estas aseveraciones, en palabra escrita y firmada de sus superiores, equivalen a la razón de su vida. Al punto más neurálgico de su espejo interior. Merecer estos “comentarios” es cuestión de vida o muerte, incluso más importante que cualquier señalamiento público.
Entonces, insisto, por qué la acusación en su contra. Quiróz repite lo importante para él: “No tengo temor, soy inocente”. Pregunto si eso quiere decir que confía en el general Enrique Cervantes Aguirre, la pausa existe aunque breve: “Confío en el Ejército”.
Francisco Quiróz mide 1.85, es un hombre por tanto acostumbrado a mirar desde arriba a sus interlocutores, sus ojos siguen teniendo la belleza de hace años pese a las arrugas que se acumulan bajo la huella de lo que niega sean insomnios, viste deportivamente, como si estuviese un domingo en su casa. El menor de sus nietos ya salió del hospital, de terapia intensiva donde estuvo desde el alumbramiento prematuro, inducido por su detención. Es hombre, se llamará Miguel Angel como el padre.
“Jamás he estado comisionado, consta en mi expediente, es cuestión de revisarlo, mi vida siempre ha sido la de un militar. he cumplido con todas las misiones militares que me han dado, que me han sido ordenadas con éxito” afirma seguro de lo que dice, adentrándose en su cuadratura, en su concepción cósmica de la vida donde todo guarda el orden exacto, superior, preciso. Se hace lo que se debe hacer, se reciben ordenes, se cumplen ordenes, se le dice al sol que debe salir y a la noche que debe comenzar como parte de la rutina para la que fueron entrenados.
-¿Has matado a alguien? Estaba obligada a preguntar. Sin titubeo afirma rotundo: “No”. Y ya, como si el tema se hubiese cerrado para siempre. Yo insisto, después de todo las acusaciones más graves, fuera de su indagatoria penal, son sobre la guerra sucia contra la guerrilla en los años setentas.¿Matarías a alguien si te lo ordenaran?.
En su respuesta hay mayores matices: “Sinceramente no te lo podría contestar”. Ahora sí, él manda también en esta conversación, cambio de tema.
-¿Has pensado buscar a tu compadre Cervantes Aguirre?
-“No”.
Y otra vez se ha dicho todo lo pertinente, pero yo no quiero comprar el silencio como homenaje, como resto de lealtad, como parte de un ritual amistoso que sólo tiene ya un protagonista. Por lo tanto vuelvo a insistir: ¿Tú compadre Enrique Cervantes lo ha hecho, te ha llamado, te ha buscado desde el día de tu aprehensión?
Y no hay para dónde caminar esa senda porque, definitivo, vuelve a utilizar un vocablo para callar: “No”. Sabe que espero algo más de su boca, tal vez está cercano a continuar pero los pendientes se quedan en eso, en palabras ahogadas en su garganta antes de redundar: “Tampoco él”.
-¿Cómo estas de verdad, donde guardas todo el encabronamiento, el enojo?
-“No estoy deprimido, tampoco enojado. diría que molesto por las mentiras, todo son mentiras. la acusación por cohecho, es absurda, supuestamente me dieron una camioneta, otras versiones hablan de un Mercedes Benz blindado cuando colaboré con Arsenio Farrell. A cambio de qué me lo iban a dar, si los papeles estaban a nombre de Televisa, si todo son mentiras” se dice a sí mismo.
-¿Cuál es tu relación con los narcotraficantes?
-“Ninguna, nada, nulo. Ninguna, nunca he tenido un amigo narcotraficante”
-¿Conociste a Amado Carrillo?
-“Nunca”
-¿Y la Brigada Blanca, mi general, qué fue?
-“Cumplí con una misión, tuve éxito. no tengo un remordimiento de conciencia al respecto, nunca lo he tenido”
-¿Qué sigue entonces?
-“Espero salir muy pronto de aquí, confío en las leyes militares, en el Ejército”

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