Bienvenidos a la Realidad de Chiapas

Debo insistir, sin vanidad posible, en lo que he escrito en todos los espacios disponibles: lo excepcional en Chiapas es que no haya más muertes, que no nos despertemos cada día con la nueva de un enfrentamiento o cualquier cantidad de asesinatos.
Por lo tanto se vale afirmar: ¡Bienvenidos a la realidad! Hasta había tardado…
Los ingenuos, igual que los interesados, que creyeron que elegir a Pablo Salazar Mendiguchía como gobernador de esa entidad era suficiente para terminar con la violencia no han tenido otro remedio -la realidad es la más canija- que enterarse del choque entre los mal llamados “priístas” y los simpatizantes del EZLN en el municipio de Ocosingo.
Las muertes son ya, como tantas otras durante estos años, parte de la estadística a lamentar. No pueden ser adjudicadas a nadie, porque sería injusto pensar que entre tantas celebraciones hubo tiempo suficiente para implementar el operativo de violencia.
Se trata, ni más ni menos, de una de las muchas, cotidianas, manifestaciones violentas de la irrupción del EZLN en la vida chiapaneca. Esa es la única responsabilidad a señalar.
Los muertos, los heridos de esta localidad alejada de la mano de Dios y del gobierno establecido constitucionalmente, incluso ajena a la buena nueva de la llegada del supuestamente poderoso Mesías, son producto de viejos enfrentamientos. De la lucha por la tenencia de la tierra, de la confrontación cotidiana en una comunidad donde no existe espacio para la disidencia.
Se trata, una vez más, de una expresión del deteriorado tejido social que existe en Chiapas.
Que no habrá de desaparecer por la voluntad de un mandatario, ni en quince ni en cualquier otra cantidad de minutos.
Los brotes de violencia tienen varios días, tal vez hasta semanas, de estarse gestando en la comunidad de Ocosingo donde se encuentra el ejido Peña Limonar. Quienes estan permanentemente dispuestos a matarse entre sí son simpatizantes de los “zapatistas” y del gobierno establecido, al que hasta hace pocos días todos identificaban con las siglas del PRI por tratarse del partido en el poder.
Pablo Salazar, candidato triunfador en los comicios para elegir gobernador durante el próximo sexenio, habría declarado la víspera que el titular de Gobernación le ha dado todo tipo de garantías de que en esa entidad habrá absoluta paz social hasta el cambio de poderes, que no habría ningún incidente violento.
La realidad se impuso. Y no por voluntad de nadie que no sea partidario de Salazar Mendiguchía, todo lo contrario. ¿O qué no fueron las bases de apoyo zapatistas las que salieron a votar a su favor por instrucciones del Subcomandante Samuel, del ya devaluado Marcos?
Entonces está muy claro que no se trata de un acto de sabotaje a la fiesta cívica de esa entidad sino, muy lamentable pero absolutamente cierto, de una manifestación más de la violencia que han impuesto sus “aliados” en las comunidades indígenas.
¿En verdad, se puede imaginar tal ingenuidad, se pensó que era posible enviar ordenes en contrario? ¿Se habrá creído que era suficiente con poner en el gobierno a uno de los mayores simpatizantes del EZLN, de la ingerencia de la Iglesia en los asuntos de política interna, para terminar con la guerra de baja intensidad?
“Nuestra presencia no quita razón del ser al EZLN” afirmó categórico Salazar Mendiguchía después de autonombrarse el gobernador de la reconciliación. En Chiapas la realidad siempre termina, mucho más pronto de lo que sucede en otras partes del mundo, por imponerse. Esta vez para demostrar que mientras el EZLN, sus amigos, sigan pensando que la lucha violenta por el poder tiene sentido, tiene razón de existir, habrá muertos.
Ahora ya no tiene fantasmas a quienes responsabilizar la sociedad. En Chiapas sigue aumentando la lista de muertos, siguen los enfrentamientos por viejas rencillas, por la propiedad de la tierra, pero sobre todo por la intolerancia existente a la diversidad.
“No es mi obsesión, no está en mi agenda destruir al EZLN” asegura el virtual gobernador de Chiapas. Veremos, en poco tiempo, quién destruye a quién. Con el apoyo gozozo de una sociedad que, ahora lo comprobamos, el domingo 20 de agosto votó por la guerra. Votó por los muertos que hoy finge lamentar, por las víctimas de lo que ellos mismos han propiciado intencionalmente.
Ese será el infierno de la “nueva sociedad” chiapaneca.

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