Necesidad Urgente de Cambiar

* El Sentido Comun de Gertz
A ningún ciudadano con dos dedos de capacidad intelectual se le podría ocurrir que hay justicia en el país, o que las instituciones dedicadas a este tema cumplen con su cometido. Digamos que, siquiera, tienen un grado mínimo de eficiencia. Por el contrario si algún asunto sigue vigente, candente en la percepción pública del gobierno, es el de la inseguridad siempre aparejada con la injusticia.
De ahí que resulten invaluables dos cambios en las leyes que propuso Alejandro Gertz Manero en su informe de labores a principios de esta semana: que la víctima pueda ser coadyuvante del Ministerio Público y que exista la obligación para los criminales de pagar por los daños que causen.
De aprobarse legalmente, estas modificaciones legales serían el principio del fin del estado de absoluta indefensión en que actualmente se encuentran las víctimas de cualquier delito y sus familiares.
Además de convertirse en un instrumento preciso, tanto como precioso, para la persecución de los criminales. Nadie puede estar más interesado en la investigación que aquel que ha sido protagonista de la agresión. Esto tendría que ser especialmente eficiente en delitos graves como el secuestro, lo que permitiría paralelamente que se llegasen a recuperar emocionalmente, en alguna medida, las víctimas y sus familias. Nada ayuda tanto como sentir que se hace algo contra la impunidad de los agresores.
De hecho, cualquier investigación sociológica lo podría fundamentar, la irritación popular es inmensa en la misma medida en que las autoridades, las policías no atienden a sus denuncias. En que quienes los atacaron, secuestraron, violaron, siguen libres. Y en el caso de haber sido detenidos, de cara a la corrupción existente, tienen grandes posibilidades de salir a la calle en poco tiempo, así como de vivir en la cárcel sin mayor castigo que la reclusión. ¿Quién les paga, actualmente, sus daños? ¿Quién les devuelve de alguna forma lo que han perdido, sus bienes?
Gertz fue incisivo, cualidad innata en él, en señalar que en la actual legislación falta el punto de vista de la víctima. Que el delito debe enfrentarse también protegiendo a quienes los padecen. Una y otra vez hemos escuchado las formas en que los derechos humanos parecerían estar siempre a favor de los atacantes, nunca de quienes han padecido sus agresiones.
De hecho, en la práctica, miles de personas prefieren no acudir a las autoridades correspondientes a levantar una denuncia de hechos para no sufrir una segunda embestida en manos de quienes deberían protegerlos.
Cuando las autoridades estatales, esto es infinitamente notorio en poblaciones fronterizas como Ciudad Juárez donde mandan las mafias criminales, no tienen capacidad de respuesta ni de investigación que las víctimas, los denunciantes pudiesen convertirse en coadyuvantes del ministerio público sería una presión de eficiencia absoluta.
Esta realidad se ha vivido, otra vez Ciudad Juárez como protagonista de la violencia sin límite, en el caso de los desaparecidos y/o de las mujeres asesinadas. Si no fuese por la organización de sus familiares, de quienes han estado encima, materialmente, de las policías para intentar esclarecer los hechos nada, absolutamente nada se sabría actualmente.
Porque ya fuese bajo el gobierno de Francisco Barrio, panista, o de Patricio Martínez, priísta, la constante ha sido la impunidad de los asesinos, en muchos casos coludidos con narcotraficantes y en todos, absolutamente todos protegidos por las policías locales y federales ahí destacamentadas. Es la terquedad de los familiares, de las madres, de las hijas, de las hermanas (curiosamente encontramos más mujeres vinculadas en esta defensa) y de las esposas de quienes fueron “levantados”, secuestrados, o asesinados en esa ciudad fronteriza las que han concientizado a la opinión pública, las que han obligado en consecuencia a que se abran investigaciones especiales.
Que, también hay que decirlo, han podido avanzar en una medida menor pero esto, poco, no hubiese sucedido en el silencio de los familiares.
Los tiempos que vivimos son otros. El actual gobierno tiene que entender, más que nadie y en primera persona del protagonismo, esto. Justamente porque los tiempos son otros, porque la sociedad ha cambiado profundamente su rol, sus necesidades, su forma de vincularse con el ejercicio del poder público, es que un partido de oposición llegó a la Presidencia de la República.}
Si el doctor Alejandro Gertz Manero consigue, con sentido común, con su invariable y grata “necedad”, que las leyes cambien para que las víctimas pasen a tener un papel activo en su propia defensa, se habrá puesto la primera piedra del edificio de la justicia que todos estamos deseando.

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