De Una Vez Inicien Negociaciones Para Pedirle Perdon a Victoria Loya

No tiene sentido averiguar si detrás del atentado al gobernador Patricio Martínez estuvo o no el Cartel de Juárez, mejor habría que preguntarle a quién nombrará como su “negociador” con el gobierno federal.
A final de cuentas su inocencia es igual a la del Subcomandante Marcos.
Y de pecador a pecador, crucifiquemos a Carlos Fuentes. Al menos eso parece ser la lógica del actual gobierno.
El retiro de las tropas acuarteladas en Chiapas revista la mayor seriedad, junto con la información de la actuación sin cortapisa alguna de agentes de la DEA en territorio mexicano, significa una entrega absurda y absoluta de soberanía a extranjeros. Porque a final de cuentas nada, absolutamente nada nos garantiza a millones de mexicanos que no haya intereses ajenos en el movimiento guerrillero de Chiapas.
La sola cercanía con la frontera centroamericana, la convivencia ancestral con refugiados de esa zona del mundo, permite darle credibilidad a las versiones de entrenamiento, de profunda vinculación del EZLN con guerrilleros de El Salvador y de Guatemala.
El Ejército abandonará sus cuarteles en la zona del conflicto en Chiapas por un mandato superior. Como corresponde en el mundo del uniforme, las ordenes recibidas no habrán de cuestionarse, lo que no significa de ningún modo que sean comprendidas, menos todavía que no lastimen la dignidad castrense.
Porque no estuvieron, durante todos estos años, gratis. Porque los motivos para su permanencia en condiciones lejanas a la comodidad no han desaparecido. Porque siguen existiendo razones de seguridad nacional que los obligarían a seguir ahí. En cambio la decisión política, equivocada o no pero siempre de acuerdo a contextos de la función pública, ha determinado en contrario.
Justamente como si no existiesen instalaciones petroleras, de electricidad, presas que son vitales para el resto del país. Como si el narcotráfico no fuese en problema real en esa zona. Como si la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos fuese letra muerta.
En Chihuahua, de eso trata el principio de este análisis, una mujer víctima de profundos trastornos mentales accionó una pistola contra el gobernador Patricio Martínez quien, contra toda lógica, no tenía la protección oficial correspondiente.
¿Qué marca la diferencia entre las acciones de los “zapatistas” y las de la frustrada asesina? Disparar una arma contra otro ser humano, herirlo, privarlo de la vida ha dejado de ser un delito a perseguir dentro del submundo de la popularidad foxista. Porque el Subcomandante Marcos, igual que todos los demás participantes en el conflicto armado de enero de 1994, percutieron sus rifles, sus pistolas, sus armas en contra de policías y soldados, con un saldo de muchos muertos.
De idéntica manera, con el beneplácito de la Secretaría de Gobernación que encabeza Santiago Creel, se nos ha comunicado a la sociedad mexicana que once presos zapatistas están en proceso de liberación, sin importar cuáles sean los delitos por los que han sido encarcelados, por encima de la opinión de las autoridades correspondientes.
De donde lo que paga, lo tienen que pensar miles de miembros de las fuerzas armadas, es el crimen. El multillamado “Comandante Germán” pasó de ser una inocente víctima, injustamente detenido por las autoridades, quien no tenía ninguna vinculación con la guerrilla chiapaneca, para convertirse en el negociador oficial del EZLN. Y no ha habido ninguna voz que exprese una palabra en contra, como si las leyes en este país no tuviesen sentido, como si apegarse a ellas fuese una cuestión de popularidad oficial.
¿A quién le importan las viudas, los huérfanos consecuencia de los enfrentamientos? No, definitivo, al gobierno de Vicente Fox.
Como comandante supremo de las fuerzas armadas el primer mandatario ha dado una orden tan trascendente, para la vida nacional y para su relación posterior con el verdadero mando del Ejército, como la del cese al fuego unilateral que dictase Carlos Salinas de Gortari.
El tiempo ha probado que el gobierno se equivocó en 1994, que el costo de esos errores oficiales ha sido inmensamente alto, dejemos al tiempo el juicio sereno sobre la salida de las fuerzas armadas de la zona de conflicto en Chiapas, total lo único que está en juego hoy, como en 1994, es la soberanía nacional.

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