Desde el General Cervantes Aguirre Hasta la Policia Municipal, Pasando por los Dueños de Medios de Comunicación

* La Corrupcion Oficial en Chihuahua
El atentado contra Patricio Martínez no es sino una de las muchas manifestaciones de la infinita corrupción en Chihuahua, de la ausencia de un estado de derecho por decisión oficial. O, por lo menos, con la complicidad del gobierno en todos sus ámbitos, desde el más infeliz de los empleados públicos hasta el titular de la Secretaría de la Defensa Nacional el sexenio pasado.
A partir del general Enrique Cervantes Aguirre tendría, forzosamente, que comenzar la investigación que permitiese llegar al fondo de la connivencia perversa de autoridades y criminales.
Los señalamientos de la sociedad chihuahuense son bastante más severos que aquellos que hiciera, días antes de recibir un balazo, el gobernador. Para nadie es un secreto quiénes mandan verdaderamente en esa zona fronteriza, paso de la droga a Estados Unidos, donde viven las familias de los barones de la droga, plaza de impunidad donde se cobran las cuentas pendientes con cuernos de chivo.
¿Es que ya se nos olvidó, a la sociedad toda, que el sexenio pasado la Procuraduría General de la República estuvo prácticamente en manos de la Secretaría de la Defensa Nacional? ¿Es que podemos ignorar la responsabilidad de los jefes militares ahí enquistados, desde el general Alvarez Nahra, el general Tito Valencia y todos los oficiales implementados como delegados, como subdelegados, como agentes judiciales federales? Esto, obvio, sin ignorar las policías locales en manos de delincuentes protegidos por autoridades estatales.
Cuando los señalamientos de Patricio Martínez fueron ignorados por el primer mandatario, por el Procurador Madrazo Cuellar, en realidad se trataba de soslayar acusaciones directas contra Enrique Cervantes Aguirre, a final de cuentas responsable mayor de lo que sucedía en Chihuahua. Plaza civil y militar que una, muchas veces, fue objeto de su ambición. De su sinsentido más obvio.
Recordemos el caso de la droga que fue robada de un cuartel militar.
Los entretelones de la salida, abrupta e injustificada, del general Juan Morales Fuentes comandante de la V Zona Militar en noviembre de 1999 resultan ampliamente ilustrativos del sospechoso interés de Cervantes Aguirre en Chihuahua.
Morales Fuentes tenía semanas de haber llegado a esa entidad desde la ingenuidad de una posición administrativa, cuando recibió una llamada del director del Diario de Chihuahua para pedirle, ordenarle sería más exacto, que no fuese revisada una avioneta de su jefe, Osvaldo Rodríguez Borunda, al aterrizar en Ciudad Jiménez. Era obvio que el tono de la petición hablaba de una rutina. No era la primera vez en que desde esa oficina se “concertaba” una situación de excepción para una avioneta, exactamente en la zona del país donde la droga se transporta por aire.
Hubo, consta en actas castrenses, una orden en contrario. La inspección fue verdaderamente dura sin encontrarle nada. Fue una afrenta grave. Todo mundo dice del gran poder del señor Rodríguez Borunda que, obviamente, tendría relación con el narcotráfico.
Ese fue el pecado mayor a pagar. Tres semanas después, adelantado el anuncio de su salida por uno de los reporteros del matutino en el propio cuartel de la V Zona Militar, fue relevado.
¿A quién estorbaba? Desde el primer día, Morales Fuentes anunció que no cerraría los ojos, que no sería corruptible y que su presencia en ese Estado sería para combatir en serio el narcotráfico. Las puertas de su oficina permanecieron abiertas en todo momento para que no hubiese el mínimo intento de soborno.
“Casualmente” durante la verificación previa a una quema de droga fue encontrado un faltante de 6.8 kilogramos de cocaína, que provocase un escándalo en el ámbito nacional en contra del general Morales Fuentes. Sólo que, también parte del azar castrense en Chihuahua, la droga había sido robada al general Luis Martínez, su antecesor, que fue premiado con la comandancia de la 23 Zona Militar.
Una vez que concluyó la investigación, en la que participaron el Procurador Militar Macedo de la Concha y el delegado estatal de la PGR, también militar, Ismael González Vera, detenidos los culpables (un cabo y dos soldados adscritos a esa comandancia), se realizó un examen antidoping al 96 Batallón. intervino la comisión estatal de derechos humanos, se coludieron los medios de comunicación locales a una campaña orquestada en oficinas castrenses y fue nombrado, en lugar de Morales Fuentes, el general Roberto Badillo Martínez quien a su vez duraría pocos meses en el cargo.
Chihuahua ha resultado de vital interés para los militares. El dinero que ahí se maneja no tiene paralelo. Porque si alguien pudiese haber recibido los quinientos mil dólares producto de la supuesta venta de plazas en esa entidad fue, ni más ni menos, el general Alvarez Nahra, que fuese director de la policía judicial federal. Y cuyo sobrino, con una relación nunca suficientemente negada con los hijos del general Cervantes Aguirre, es el titular de la constructora Comalcalco que tanto trabajase para la Sedena el sexenio pasado. La red de intereses es inmensa, bastaría con querer descubrirla.
¿Querría, podría hacerlo el procurador Rafael Macedo de la Concha? Esa es la pregunta que muchos debemos hacernos.
La droga pendiente de incinerar que se encuentra en los cuarteles es un problema tan grave, tan pleno de ilícitos como el decomiso de dinero a los narcotraficantes que durante el sexenio pasado era guardado en el escritorio o, en su caso es lo mismo, en las bóvedas del Banco del Ejercito. ¿Es que a nadie le ha asombrado, porque de alguna manera debemos referirnos al hecho, la honestidad del actual Secretario de la Defensa Nacional? ¿Es que nadie se ha percatado de lo excepcional del manejo de los tres millones de dólares decomisados en Chiapas que fueron exhibidos públicamente?
¿Cuánto dinero producto del tráfico de drogas fue entregado, como hizo constar el general Gutiérrez Rebollo y fuese admitido oficialmente tanto por la Sedena como por la PGR, en propia mano de Enrique Cervantes Aguirre por los comandantes de las regiones militares? No lo sabremos jamás.
Chihuahua fue una y otra vez sometido a programas de combate a la violencia sin éxito. Chihuahua ha sido, una y otra vez, escenario de las guerras entre carteles de la droga. Chihuahua fue, sigue siendo sitio de impunidad brutal para los criminales que son bien vistos en su sociedad y mejor, mucho mejor tratados por las autoridades locales. Chihuahua es lugar de muerte, secuestro, violaciones pero sobre todo ha sido un enclave del poder militar.
Quien pretenda saber cómo es de inconmensurable la corrupción vestida con águilas marciales, que sólo puede darse de acuerdo con las estructuras vigentes en los muy altos mandos militares, en las oficinas cercanas al jefe de las fuerzas armadas, bien haría en dirigirse a esta entidad de la federación donde hace muchos años comenzó aquel movimiento armado de reivindicación social que conocimos como Revolución Mexicana.

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