Tres Millones de Dolares ¿o de Cambios en la Sedena?

La semana pasada fueron decomisados tres millones de dólares por el Ejército en Chiapas. No es la primera vez, ni será la última, que efectivos militares se encuentran con dinero en sus manos que, presuntamente, viene del narcotráfico. Sí, al menos públicamente, la primera que este hecho es dado a conocer a la opinión pública, sí la primera que de inmediato se hace entrega a las autoridades civiles con la presencia de un agente del ministerio público, sí la primera que permite declaraciones de un jefe militar sobre las razones ineludibles de su permanencia en esa entidad.
El precedente no podría ser más bienvenido. Se trata de uno de los cambios, en su conjunto, más espectaculares en el “modus operandi” de la Sedena.
Que implica, forzosamente, una vocación de honestidad, de brutal transparencia por parte del general Clemente Vera García, titular de las fuerzas armadas. De él en primera persona del singular, antes que de nadie, porque tuvo que haber dado ordenes en este sentido.
¿Por qué es tan espectacular un hecho que debiera ser parte de la rutina castrense? Muy sencillo: por los antecedentes inmediatos.
Semanas antes de que terminase el sexenio anterior, y por consecuencia el mando del general Cervantes Aguirre, al entrevistar al general Gutiérrez Rebollo hubo un grave señalamiento sobre el destino de doce millones de dólares producto, justamente, de un decomiso tres años antes.
Por ordenes superiores, siempre de acuerdo a las declaraciones del militar preso en Almoloya, este dinero le fue entregado en propia mano al entonces Secretario de la Defensa Nacional. Que, a su vez, no cumplió con la ley que ordena entregarlo a las autoridades correspondientes, para ser ingresado a la cuenta de Bienes Asegurados de la PGR.
Estas afirmaciones, que hablan de manejos confusos, que conforman la más grave acusación de corrupción en contra de un jefe militar, fueron inexplicablemente corroboradas en la respuesta oficial de la Sedena, que aceptó que el dinero estuvo en la bóveda del Banco del Ejército guardado en costales por tres años.
Sin ganar intereses, sin que hubiese habido apego a la legislación vigente. Y, lo más trascendente en el sentido negativo, permitiendo la sospecha más grande ya que, no es necesario ser sabio para enterarse, “guardar” el dinero del narco en esa institución bancaria equivale a ponerlo en el escritorio. Y de ahí a la bolsa. Sí, hay muy poca distancia.
Pero sobre todo, no se puede evitar el cuestionamiento, de ese decomiso se enteró la sociedad civil pero y los demás. ¿Qué destino tuvieron las cantidades de dinero halladas por militares durante el sexenio pasado?
No es cuestión de buena o mala voluntad, simplemente dado el manejo anterior resulta difícil creer que llegó a la PGR.
De ahí que sea tan importante que las cámaras hayan grabado estas pacas de dólares que los ciudadanos normales no hemos visto, ni tendríamos por qué, durante nuestra vida. De esa dimensión era la tentación, en todos los mandos militares. De ese tamaño es la honestidad militar. En especial del general Secretario y, obvio, del titular de la 36ª Zona Militar con sede en Tapachula, general José de Jesús Velasco.
Los medios de comunicación, el mal manejo de estos, han sido en años recientes el talón de Aquiles mayor de la Sedena. De donde, además, debe agradecerse la apertura, las declaraciones, la publicidad, las palabras castrenses para cumplir con su obligación de informar a la ciudadanía.
Y a eso, que no deja de ser importante, hay que agregar las declaraciones de fondo, lo que es doctrinario y sumamente trascendente, del general Velasco respecto a su presencia en Chiapas. No sólo porque vienen a documentar un estado de ánimo, un malestar castrense que pese a los esfuerzos oficiales no puede soslayarse. Y que no es, definitivo, esa supuesta alegría por el retiro de tropas en Chiapas. En su estilo, suave, muy formal, medido, el jefe militar aseguró ante los micrófonos que ahí, en esas montañas de dinero que estaban siendo entregadas públicamente a las autoridades, está uno de los motivos de su presencia en esa entidad.
Más claro no pudo ser. Más obvio, para quien quiera escuchar y ver, no puede ser el planteamiento que legítima en todo sentido la labor militar en Chiapas, pero sobre todo la impecabilidad de la conducta militar en el más estricto apego a la ley, en la honestidad más transparente. Lo que nos hizo tanta falta en el sexenio pasado.

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