El Enojo Castrense Con el Secretario Vega Garcia

* Los Ascensos del Proximo 20 de Noviembre
Sólo el ciego que no quiere ver puede seguir ignorando el grave malestar existente en el interior de las fuerzas armadas, especialmente entre los jefes, los oficiales que tienen mando y responsabilidad.
Malestar que habrá de aumentar en estos días al conocerse los ascensos castrenses.
Tradicionalmente cada 20 de noviembre ascienden de grado los militares que por antigüedad, meritos, estudios y requisitos hasta de salud lo merecen. O, en teoría así es como debería ser. Nada lastima más a los hombres de uniforme que la injusticia en esta materia, que el retraso injustificado en su vida profesional por el capricho de sus superiores en turno o por el desconocimiento de sus jefes máximos.
Como el actual titular de la Defensa Nacional ha declarado que sobran generales en el organigrama de mando de su institución, es obvio que pocos habrán de ascender al grado inmediato en esa privilegiada cúpula de mandos.
Y se va a armar, al menos hacía dentro, hacía las mentes y los corazones de los jefes que deben ascender por organigrama, la de Dios Padre.
En la práctica ya es bastante la irritación que vienen arrastrando desde el nombramiento de un general sin antigüedad en el mando, sin conocimiento directo de lo que sucede en las distintas instancias de esa dependencia, que no ha sabido defender la posición castrense frente a los insultos oficiales. Lo que deviene en una descomposición tan grave que incluso se ha permitido que se ponga en entredicho la honorabilidad de varios de sus integrantes que hoy por hoy son acusados de formar parte de bandas criminales.
Y, lo que es más que significativo, esta molestia está aumentada por la participación en semanas recientes de efectivos militares en operativos que además de frustrados han provocado preocupación entre la población. Una vez más se utiliza a militares con torpeza, en funciones que no les corresponden legalmente.
En la frontera tamaulipeca ocurrió un hecho digno de una superproducción estadounidense, como la película “Tráfico”, cuando un grupo de uniformados de negro, con armas largas y vehículos llevaron a cabo una emboscada sin contar que la policía ministerial habría de intervenir para detenerlos.
Al ser llevados, obvio que eran militares, a las oficinas de esa dependencia estatal otro grupo, igualmente uniformados, los liberó en una acción de asalto que pertenece al género cinematográfico pero que debería estar muy lejos de la rutina castrense.
Igual sucedió en el municipio de Guadalupe, Nuevo León, en colindancia con Monterrey, donde un palenque fue tomado por asalto por un grupo similar, mientras que en la capital otro grupo “castrense” atacaban abiertamente una finca, utilizando incluso un vehículo “Hummer” que sólo puede ser utilizado por el Ejército para otro tipo de maniobras. Ahí mataron al vigilando y hirieron a dos personas.
Ante estos hechos no ha habido explicación alguno por parte de la oficina del general Vega García. Ni la habrá, dicen los que saben, porque el encubrimiento con el que se desempeñan se parece mucho a la ilegalidad.
Si no son militares, dirían algunos ingenuos, no hay razón alguna que justifica la ausencia de información que los deslinde de estas acciones.
No se vale que el narcotráfico sea el pretexto para realizar operativos fuera de la ley.
Tal parece que el actual mando castrense no aprendió en tiempo las lecciones de los generales Quirós Hermosillo, Acosta Chaparro y Gutiérrez Rebollo entre otros.
Los generales que tenían esperanza en que la llegada de un nuevo titular a esa institución les quitase de encima los excesos en el mando de un militar que dañó profundamente al uniforme, como es el general Enrique Cervantes Aguirre, están más que preocupados. Entre ellos se habla con gran aprehensión sobre los tiempos que vendrán en lo inmediato, con la supuesta comisión de la verdad, con el establecimiento de una fiscalía especial para el caso de personas desaparecidas que injustamente les son achacados.
Pero sobre todo resienten la ausencia de solidaridad por parte del mando civil. Se preguntan quién meterá las manos para defender a los grupos militares que hoy son utilizados, como los ya mencionados anteriormente, en el combate al narcotráfico. La amenaza de las organizaciones de derechos humanos no es gratuita.
Y así se debaten entre obedecer a sus jefes, a quienes les mandan acciones que no están plenamente tipificadas en el marco legal vigente, y correr el riesgo de ser encarcelados más adelante. O, algo imposible hasta el momento, no obedecer este tipo de ordenes y cometer delitos militares que pueden llevarlos a la cárcel también.
No es justo.
Ni para ellos ni para nosotros como sociedad.
Lo que, además, se verá este próximo día veinte de noviembre en voces castrenses cuestionadas al respecto, es quién manda actualmente en la Sedena. Si como todos creen sigue teniendo el mando real el general Enrique Cervantes Aguirre a quien se le ha otorgado la mayor impunidad, ya que no se ha procedido legalmente en su contra o de su sequito de incondicionales que para muchos militares no son sino un grupo de corruptos que no debería estar en el activo militar, o el actual titular.
Los nombres de los jefes militares que asciendan habrán de permitir saberlo. Si Gerardo Clemente Vega García desperdicia esta oportunidad mucho habrá de perderse, no sólo en el interior de las fuerzas armadas.

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