El Jefe Diego

Quien intente definir a Diego Fernández de Cevallos tendría, forzosamente, que incluir tres características: inteligente, patriota y panista.
En cualquier orden en que se quiera establecer.
De ahí que la llegada del jefe Diego al liderazgo de los senadores sea una de las noticias más impactantes de estos nuevos tiempos milenarios. Se trata de la incorporación de un panista a las grandes decisiones que habrán de venir. De un abogado que conoce de leyes, de un político que sabe de negociaciones, de un hombre que no tiene miedo a ser y menos, mucho menos, a defender sus convicciones.
Fernández de Cevallos es un político que ha dado innumerables pruebas de certidumbre moral frente a sus adversarios, que ha sabido enfrentar calumnias y amenazas a su integridad con especial talento.
De ahí que represente las mejores cualidades de un partido que ha sido abandonado, dejado en la orilla de la banqueta por el hombre que utilizó sus siglas, su fuerza, su lucha de muchos años para llegar al poder. Diego garantiza, para todos los mexicanos, la defensa de los mejores intereses frente a cualquier andanada neoliberal, frente a cualquier cantidad de afanes modernistas.
Cada cual estará en su propia trinchera, defendiendo aquello en lo que cree. Diego, como lo ha hecho durante su carrera política, será protagonista de todos los debates pero también de los acuerdos esenciales. Su inteligencia entenderá de qué lado está lo importante para millones de mexicanos, pese a quien o quienes envíen las iniciativas de ley correspondientes.
Su llegada al liderazgo del Senado en esta nueva conformación de fuerzas políticas no obedece, esto es lo más sano, a una imposición presidencial. El señor don Vicente Fox tuvo a bien, supongo que porque así conviene a sus estrategias políticas, informar a todo el país de su separación del PAN. De ahí que Diego tuviese todas las luces encendidas en verde.
Para nadie es, fue durante toda la campaña política, un secreto la gran rivalidad entre el ahora Presidente Electo y quien fuese candidato presidencial, pero sobre todo representa el panismo más arraigado, más auténtico. Diferencias que en un pacto de caballero fueron, en el ámbito de fotografía periodística, arregladas una vez llegado Fox al poder.
Lo cierto, también, es que Diego jamás estorbó la campaña política del PAN, que en su día se hizo a un lado para permitir que se dieran los hechos que derrotaron al PRI. Con toda la fuerza de su liderazgo jamás quiso hacer nada, absolutamente nada que pudiese perjudicar a su partido.
Y, también, que su nombramiento es una especie de reivindicación para los pancistas que forjaron con años de esfuerzo, con una batalla muy desigual, el triunfo de la oposición. A esos panistas había que tomarlos en cuenta, pese al consejo comercializado de “abrázalos y déjalos partir”.
Todo esto, más su capacidad inmensa como político, hace de Fernández de Cevallos uno de los protagonistas más importantes de los primeros años de la oposición en el poder. No es concebible, no hubiese podido serlo, una nueva vida democrática, una separación de poderes reales si no existiese una voz con fuerza moral para oponerse.
Y aquí, una vez más, “oponerse” abarca al ente inmenso del poder presidencial. De igual manera que habrá, porque vaya que Diego sabe bien cuál es su papel, de convertirse en el mejor apoyo para Vicente Fox.

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