O Como Buscar la Paja en el Ojo Ajeno…

* Prepotencia Gringa
La droga, por millones de kilos y de dólares, cruza libremente las fronteras del norte del país. Dejando atrás un cargamento de corrupción, violencia y riesgos de seguridad nacional. Somos, no se vale olvidarlo, un país de “tráfico”, de cruce, de camino pues para la droga que se consume mayoritariamente en nuestro poderoso vecino.
Ellos, los norteamericanos, han demostrado una complacencia inmensa y constante con el consumo de droga que en la práctica se ha convertido en una más de sus “costumbres”. Ellos, los norteamericanos especialmente sus autoridades, han acreditado una excepcional incapacidad para detener a los narcotraficantes. Si alguna, la impunidad es la norma en ese país cuando se habla del mercado de drogas.
Y ahora resulta que vienen a darnos, otra vez, lecciones de moral.
Cuando su agencia policíaca de combate a los estupefacientes merece la mayor duda a imaginar. La DEA, como afirman los mismos vecinos, no está exenta de culpa, ni puede colgarse al pecho medallas de eficiencia.
Los agentes de la DEA no son, no lo han demostrado, mártires ni ejemplos de honestidad o de verticalidad, aunque como en todo debe haber sus excepciones. Sin embargo, como si fuese un ejercicio de cinismo o de olvido social, el señor Asa Hutchinson, nuevo administrador de esa agencia federal, ha “ofrecido” amablemente sus servicios para escrutinar la honestidad de los policías mexicanos.
Lo hará, según su dicho público, con exámenes antidoping y utilizando el detector de mentiras. De esta manera las autoridades mexicanas pueden tener la seguridad de que sus policías no caerán en la corrupción del narcotráfico.
Sus declaraciones deberían llamar a risa. O por lo menos provocar que alguien le enviase una copia del filme “Traffic” donde se profundiza bastante más, pese a la ficción, en el problema de la droga en nuestra frontera.
Baste referirse a las más recientes declaraciones del general Rafael Macedo de la Concha para ratificar el gran poder que manejan los narcotraficantes en nuestro país, que -insisto- sólo es un lugar por donde circula, transita pues, la droga rumbo a su destino final: “…la PGR se encuentra en desventaja con el crimen organizado y el narcotráfico porque no cuenta con los recursos que ellos tienen que son inimaginables”.
¿De qué manera una prueba simple, de primero de primaria y que además se realiza rutinariamente en nuestro país, podría garantizar que los policías mexicanos no se corrompieran ante estos recursos “inimaginables”?
Ese es el verdadero conflicto a resolver.
Pero sobre todo, antes que nada, se les olvida a los señores de la DEA, a los vecinos poderosos y prepotentes en sus expresiones, que el combate a la droga no podrá tener éxito alguno si los consumidores, millones de ellos, la pueden obtener con la facilidad con que piden una pizza desde su domicilio. Ahí es donde las pruebitas, los discursos, la actitud de soberbia se estrella.
Lo que hay en el fondo, así como en la superficie de estas expresiones, es la voluntad norteamericana de meterse hasta la cocina, hasta las entrañas mismas del gobierno mexicano, de sus instituciones de impartición de justicia. Y los fines no me parecen, perdón por no ser ingenua, los mejores.
Si por este tipo de presiones se permitiese que los agentes de la DEA actuasen libremente en nuestro territorio, o que fuesen ellos los que dictaminasen quiénes deben formar o no parte de los cuerpos de seguridad, lo que se perdería sería mucho. Quién sabe si con traducción para el actual gobierno, para el canciller Jorge Castañeda, pero que los mexicanos conocemos como soberanía nacional.

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