(publicada en la Revista Milenio 127 del 14 de Febrero de 2000)

* Entrevista Con Mario Villanueva Madrid
-“A Peyrefite lo mataron…”
-¿Por qué?
-“Lo mataron…”
-¿Qué sabía?
-“Nada… Nadie sabe nada. Yo no sé nada. Mi gente no sabe nada porque somos inocentes”

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Los pájaros.
Se me olvidó preguntarle por los pájaros.
¿De qué manera puede un hombre despojarse de todo menos de un montón de aves que parecen acompañar su pesadilla?. En el último confín del mundo, hasta donde me llevó don José preguntándome durante horas si yo era de confiar pese a ser mujer, Mario ha construido un rudimentario aviario.
Villanueva es otro. El mismo pero transformado en aquel que solía ser en sus mejores momentos, en algunos instantes cuando lograba ponerse a salvo del poder, de sí mismo, de todo lo que entonces parecía importante. Le ha crecido tanto el cabello, su rostro es diferente, su mirada está plena de todos los días en que ha debido dormir bajo el sol y las noches de vigilia preocupada por la llegada de sus cazadores.
Esa sería la mejor definición de su transformación interna: Ha dejado de ser el dueño de las armas para convertirse en un animal herido que se arrastra por los senderos más recónditos sin vencer su miedo, sin lograr abandonar una cárcel más constrictiva que cualquier otra porque es carcelero al mismo tiempo. Es una presa, fue un cazador y las vestimentas que etiquetan, los uniformes que utiliza se le confunden. Así a ratos ganaría la partida aquel que fue, sobre su voz surgiría la de antes, la del poder.
Lo admite: “esta prisión es peor que cualquiera, no puedo ver a mis hijos, no tengo comunicación con nadie, escribo una carta diaria para mi esposa que no puedo enviarle”. Sin rejas, aparentemente libre, purga una condena peor. Agrega, en la confidencia extrema, que cada día le pide perdón a mi “tocaya” por todo lo que le hizo, por sus novias, por engañarla.
¿Quieres entregarte?
“Bajo condiciones mínimas… mis hijos… mi casa de Chetumal, el Mostrenco, cómo van a quitármela si la tengo desde siempre, mucho antes de ser gobernador, si es un símbolo… la familia”
Un libro, como dicen en las novelas que suele suceder, acompaña su peregrinaje. Obviamente es la Biblia, que acostumbra leer y volver a leer, que permanece cerca, junto a una veladora, roja, encendida a San Judas Tadeo. El santo de los imposibles, el de los milagros más difíciles.
También hay cucarachas.

*****

“Uno se olvida del sexo. Es como si no existiese, simplemente dejas de pensar en eso, no vuelves a tener deseo”
Mario habla a borbotones, sin orden insiste en preguntar, en pedir información, a la vez que me satura con sus dichos como el borracho que de madrugada insiste en machacar la misma frase. No le gusta lo que le digo, no traigo esperanzas en mi bolsa para darle, no cuento con capacidad para ilustrar su certidumbre de “problema político”, su “visión” de que lo que le sucede es sólo un episodio en su vida.
-¿Y los gringos?
-“No hay nada, te lo juro, no hay nada. Lo único que pueden tener es lo que les hayan mandado de aquí. Nada.”
Poco a poco, frente a mi impotencia, se va derrumbando hasta que en las horas finales de nuestra cita las lágrimas logran llenar todos los espacios entre ambos, sobre el recuerdo de años de amistad que estuvo siempre en el vértice de lo imposible, de lo complicado, que sobrevivió pese a su enfermedad de poder.
Hoy es otro. Llora desconsolado por sus hijos, por Marisa la pequeña que no puede ir al Colegio porque debe esconderese. Se indigna por lo que califica como una injusticia brutal, una agresión que no logra asimilar, que no tiene pies ni cabeza en su esquema interior. Todo es “responsabilidad del Presidente Zedillo” insiste. Y refiere causales: “Lo de “Por Esto”, lo de Roberto Hernández, lo de Addy”.
Como sucedió en las largas conversaciones que tuvimos días antes de su huida, no logro convencerlo en contrario. Nada sobre la persecución de la que es objeto, nada de las acusaciones de las que se dice víctima deben contar con la autoría del primer mandatario. No es Zedillo, le insisto en que no hay motivos políticos en la orden de aprehensión, como lo he escuchado en todos los escritorios del poder. No lo acepta, no lo puede digerir.
Le aterra lo que sigue de la campaña en su contra: “El expediente del lavado de dinero, que me acusen de delincuencia organizada y enriquecimiento ilícito cuando puedo probar el origen de mis recursos, todo el dinero es totalmente justificable pero…” Se calla, insisto, ya es tiempo de hablar. Tardaría muchas horas en aceptar, más bien en ponerlo en mis manos, es mi tema, mi material, mi libro. También mi responsabilidad asumo.
Después, después regresaría al tema con el nombre de gobernadores, de Secretarios de Estado, de sus socios en lo que asume, visualiza como negocios del poder. Tanto que nos queda, siempre fuera de lo que puede repetirse, como el jugador que guarda cartas a futuro. Ahí, en ese archivo imaginario, quedará el expediente de la construcción de los muelles en Cozumel, más de dos millones de dólares también depositados en Suiza. “Pedro quería el negocio”… ¿Pedro Joaquín?, pero si no le gusta el dinero, interrumpo. “Madrecita, por favor, Pedro está detrás de todo y ahora lo van a regresar de Cuba a la campaña, no es la solución, deben dejar todo en manos de Víctor…” No quiero escuchar al Presidente del Pri quintanaroense en el exilio. No le importa mi gesto de disgusto, se va por los caminos de la querencia local: “Borge no sirve, hay que involucrar a Cervera, que se ponga un delegado afín a él, Hendricks no tiene control, los grupos de Rojas no tienen influencia”
¿Y si nos matan? Le digo más que preguntarle…
Se ríe sin abrir la boca, en mueca que busca escape, ya estamos muertos me dice sin necesidad de sonidos.

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Aprovecho la referencia quintanaroense para el reclamo: Me mandaste con Nassim sin saber el desmadre, me utilizaste…
“Mi comadre, Addy es la madrina de Marisa, es mi comadre… Cuando la hice diputada, contra todos, cuando Chuayffet quería meterme a Pedro, ella se la jugó conmigo…”
Lo interrumpo, le recuerdo que conozco la historia y adelanto mi versión: Te pasaron las grabaciones de sus llamadas…
“Esa misma noche, cuando le dije que ella era la candidata, esa misma noche se puso en manos de Pedro, se unió con mis enemigos”.
-¿Por qué meter a Hendricks?
“Ya no quedaba nadie, no había de otra. También por eso se enojó el Presidente, dejo de recibirme, Liébano sabe”
Pero antes de avanzar por la ruta de la sucesión en Quintana Roo, le digo en la más tropical de las noches que insiste en helar mi corazón, en hacerme sentir un frío absurdo que va más allá de cualquier lógica, antes habrá que poner orden en nuestro temario.
Pregunto primero por su huida. El recuento es largo: “Tomé la decisión sobre la marcha, no sé decirte por qué. algo en la conversación de esa mañana con Diódoro, la persecución insistente, no lograba hacerme oír. no me permitieron explicar, no quisieron oírme, les dije que si querían devolvía el dinero, soy institucional”.
Me lleva de su mano, en adolorida memoria hasta hace diez meses, hasta el sábado primero de lo que sería su nueva vida, cuando Villanueva vio “una puerta que daba a otra calle en la oficina que me prestó Víctor, y sobre la marcha decidí irme. Simplemente me salí por esa puerta, por detrás a la calle y comencé a caminar. Los policías que me seguían vieron que la suburban se iba con tres pasajeros. Hasta pendejos para eso son”
Antes la decisión. Viajamos juntos hacía otras reflexiones. Compartimos conceptos sobre las decisiones a tomar en la vida.
Recapacito en voz alta sobre la decisión para llegar a ese encuentro, la más difícil, la más complicada. Y también la que estaba tomada de antemano en cualquier circunstancia. Villanueva Madrid, quintanaroense de 51 años, exgobernador, expresidente municipal de Cancun, exsenador, exfuncionario estatal, prófugo de la justicia era, es, habrá de ser noticia. Para cualquier periodista la tentación rebasaba cualquier riesgo, era una oportunidad. También un deber para el amigo, lo acepto.
Obvio decir que conozco buena parte de la historia. Que en su día, hace más de un año, supe como iba armándose la gran telaraña tejida en su contra, a veces con la complicidad ingenua del propio Villanueva. Vi, cotidianamente, no sin asombro, de qué manera su rostro deforme y descuadernado daba el perfil exacto para sobreponerle el titulo de villano.
Producto de un sistema político corrupto y corrompido, Villanueva Madrid era hasta hace pocos meses un hombre poderoso, temido, enriquecido y famoso por sus excesos. Desde mujeres hasta exabruptos contra el centro, actos de provocación, de una soberbia poco perdonables por la clase tecnócrata. “Todo, todo pueden achacarme, menos narcotráfico, menos los delitos que me imputan la Procuraduría”.
Ese todo era, es en verdad un todo inmenso.

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Diódoro como un amante que abandona.
¿Puede un prófugo de la justicia hablar de “compromisos incumplidos”? La pregunta sigue sin respuesta al paso de los días, cada vez que reviso mis apuntes mentales. Lo cierto es que Mario está profundamente ofendido, diría que hasta asombradamente lastimado porque su amigo Diódoro no le ha cumplido. Es un sentimiento que va más allá de cualquier análisis, tiene que ver con códigos que no se comparten.
Me lo repite hasta el aburrimiento: “hicimos un compromiso, yo cumplí mi parte, yo hice que ganaran los candidatos del partido, los que ellos quisieron, yo les di el dinero, les hice la campaña, tenía el control del estado, tengo papeles para probarlo. Cuando lo de la gorda, lo de Magaly, yo me metí para sacar todo, limpio, sin quejas aunque no era mi candidata”.
Una y otra vez reiteraría mi pregunta: ¿Cómo puedes creer en la palabra de Diódoro?… La respuesta fue la misma que solían utilizar los hombres del sistema político mexicano hace años: “Hicimos un trato”. El exgobernador de Quintana Roo me repite como letanía “El sabe, él entiende, él es mi amigo”. En realidad dice “él es” dentro de los antiguos códigos que hace tanto dejaron de estar vigentes.
En su oficina de Subsecretario terminó todo aquel sábado por la mañana, le recuerdo… “Ya sabía que me iban a detener en cualquier momento. Todavía no había decidido qué hacer, no me dejaban explicar, no me daban chance de justificar mi dinero… no hay nada contra mí, nada de lo que dicen. Son inventos de un testigo pagado, ahora resulta que al narco, al que acusaban de ser mi socio ya lo declararon inocente, no se vale…”
-¿De quién hablas? Le pregunto temerosa de perderme en lo que parece una catarsis en voz alta…
“Del Metro, de Alcides Magaña, el juez ya lo declaró inocente, cómo puedo estar acusado de ser su cómplice”
Como si dijeras Pedro o Juan le respondo. Le pido que regresemos a la oficina del gobernador de Yucatán:
“Sabía que en Almoloya no iba a poder defenderme, entonces pensaba hacerles frente en Chetumal, en un búnker, armado, hasta morir… no iban a sacarme vivo. Ese era mi plan. De la oficina de Diódoro me fui a Toluca, eso ya lo dije antes, volé a Mérida… Luego Víctor me prestó una oficina personal que tiene, ahí me alcanzó mi abogado para discutir qué hacer”
-¿Te ayudó Cervera a escapar, a evadir a los judiciales que te seguían?
“El no estaba conmigo, sólo me prestó su oficina… ¿Tienes algo contra Víctor? El no confía en ti…”
El tema que le obnubila es la confianza, lo que no es nuevo. Mario es hombre de muchas desconfianzas, es bestia de vereda, habitante de la selva que va tentando el terreno antes de dar un paso. Sin embargo la cárcel aniquiladora de estos meses lo ha cambiado hasta la transparencia más primaria. Al menos así parece en esta larga noche de recuentos atropellados.
Quiere que Diódoro intervenga con el abogado que lo robó: “No a mí, a Isabel, a mi esposa, no se vale, son chingaderas, no es justo”. Dinero, mucho, hace cuentas sobre un bloc cuadriculado en que toma apuntes como si él fuese el periodista, en que escribe para él mismo sus recuerdos y sus miedos, mis comentarios, lo que no supo, no pudo leer.
“Son casi seis millones de dólares, es mucho dinero, no tengo nada, todo está asegurado, yo no necesito ni para comer pero ellos… mi hija Marisa, no es justo. Isabel estaba muy desesperada, ella tenía todo el dinero, seguí el consejo que Hank me dio antes de irme, vendí lo que pude, reuní efectivo… el profesor me lo advirtió para huir necesitaba efectivo, mucho efectivo… Morelos le habló a Isabel, le pidió cinco millones de dólares… le entregó tres y medio más o menos, eso es lo que alcanzó a juntar la pobre que no tiene nada que ver, que no supo defenderse. No se vale, mi defensa penal ni siquiera ha comenzado, que se quede con un millón y devuelva el resto”
-¿Por qué no les pides a tus amigos, a tus socios que intervengan para recuperar ese dinero? ¿Qué, no existen contratos, códigos para los traidores entre ellos?
“Madre, por favor…” No necesita decirme que está solo, que no existen “socios” ni matones a sueldo, que no tiene relación con el aparato del narcotráfico. Es tan simple ver su soledad, su verdad, cualquiera tendría que estar muy jodido para pensar que Diódoro es su única salvación.
Y vuelve, obsesivo, al señor Secretario de Gobernación. Porque Morelos, su abogado (que supongo es el hijo de Morelos Jaime Canseco) también es amigo de Carrasco Altamirano “estuvimos juntos en el Senado, por eso él me acompañó a verlo en Gobernación las últimas veces, Diódoro sabía que él era quien llevaba mi caso, quien me aconsejaba irme, quien decía que me iban a chingar… no hay nada, no tienen pruebas, yo nunca tuve nada que ver con los narcos, para qué si era gobernador… quién puede tener más poder que un gobernador, qué le pueden ofrecer unos ladrones, unos narcotraficantes a un gobernador… me daba risa en el documento, la carpeta negra que me dio Vázquez Raña, la que supuestamente hicieron en el Cisen, la que negó Tello, la que vendieron en Sanborns después. Ahí dice que me habían regalado un coche, un BMW, para qué iba yo a quererlo”
Resumo, intento poner orden en la desbordada explosión que es queja en voz alta. La misión me resulta imposible: “no he hablado con nadie, madre, eres la primera persona que veo, con la que hablo en estos meses” Su deseo de saberse en el otro que es interlocutor y espejo le gana. Continua su exposición, como quien hubiese apagado una grabadora imaginaria y la vuelve a encender, me repite que este abogado (Morelos) es su abogado oficial “Juan Collado se encarga de lo patrimonial”, pero que sólo Diódoro lo sabe. “Tengo la cuenta, Isabel la tiene, en que le depositaron mi dinero en el extranjero, y ahora es de honor, no sé qué madres en el PRI”
Sobre la mesa una botella de whisky J. B., y otra de tequila. Me dice que en todos estos meses no ha probado una copa, que pensó que… Sí, le contesto en la mitad de su pensamiento, necesitaba un trago. Le acepto que tuve mucho miedo en el camino, todo estaba muy oscuro, el hombre que fue por mí… Mis broncas, no era el mejor momento. Hablamos de mí, hay un refrigerador, hielo, comida que le trajimos sobre papeles y platos de cartón. Le pregunto quién es su enviado, por qué me interrogó tanto…
“Desconfía de las mujeres, Don José hace más de una semana que intentaba disuadirme de verte, yo le dije que aquí…” Se toca el corazón con la mano, parece más pequeño, diferente con el cabello tan largo.
Hay ángeles de la guardia, existe Dios asumimos en compartido asombro, porque su guardián no lo conocía, no sabía quién es Mario Villanueva Madrid, “ahora no le puedo dar nada, no valgo nada”, simplemente le ganó la bondad. Frente al aparato de Estado desplegado en su contra, una gran generosidad humana.
Durante las largas horas de carreteras y brechas le pregunte por qué lo había protegido, me respondió “porque es inocente”. Me dijo que porque sí. Me vio con cara de no sea estúpida, como si sólo una retrasada mental necesitara motivos para ayudar a otro ser humano con riesgo de “qué… la cárcel… por complicidad… y qué importa”.
A veces la vida te enriquece, te protege por los conductos menos pensados.

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“Me tienen arrinconado a la pared” asume el nuevo Mario. Yo me río, diría cosas peores al respecto, contesto. Pretende un compromiso, una respuesta de sus “amigos”. Que no tendrá, me adelanto, pesimista, puede que sólo realista. Es tan ingenuo. Afirma que Morelos debe devolver el dinero porque es justo, porque Diódoro debe convocarlo. Lo que le pasa, insiste en convencerse “es un problema político serio”. Sólo eso. Y vuelve a hablar del PRI, del sistema que no lo protege, no le paga bien.
-¿De dónde viene tu dinero, ya dime?
“El origen es justificable… no se vale. Te voy a dar un ejemplo, cuando comencé hace muchos años había intereses muy grandes, los bancos pagaban mucho. Yo era delegado, conseguía prestamos quirográficos de Banrural con intereses muy baratos, al mes devolvía el dinero… era muy pobre, no quería ser pobre, cuando junté el primer millón le dije a Isabel, le compré…”
-Me refiero al billete grande…
“No quiero hablar, me ajusto a lo que dispongan… No tengo tanto dinero, otros tienen más. Se necesita ser muy pendejo para no hacer dinero en Quintana Roo, con los puestos que tuve, siempre fui funcionario, ahorré todo lo que gané, hice negocios, muchos negocios”
-No te has dado cuenta que les vales madre a todos…hablas de ajustarte a lo que dispongan, ya te jodieron para siempre, es hora de hablar…
-“Un ejemplo, uno solo, con papeles, todo es transparente, comprobable. El agua de Cancún, la concesión es un negocio… me vino a ver Eduardo Robledo… fue una comisión de un millón 600 mil dólares que están depositados en Suiza en una cuenta. Ahora se consignará a mi hijo Luis Ernesto, a mi esposa Isabel, a mi excolaboradora Daisy Baeza (quien está arraigada desde el 9 de enero pasado), también a mi excontador Mario Pazos, no hay nada sucio”
Regresaría a Diódoro otra vez: “No tengo dinero, ni un centavo, mi hija no puede ir a la escuela, mi otro hijo está huyendo con su esposa, por meses no supe de ellos… yo cumplí con mi parte, Hendricks ganó por mí, el dinero salió por mí yo no tenía deudas, todo estaba bien, y ahora no lo ponen en orden… me robó mis periódicos que maneja Carlos Salomón, que no me ha pagado (se refiere a Diario de Cancún que dirige Gerardo Campos y a Diario de Quintana Roo), igual hizo con el equipo de Béisbol Langosteros… si lo quiere se lo vendo, pero no se vale así, a lo cabrón. Diodóro debe ponerlo en orden, que devuelva o pague mis bienes, y que no se meta conmigo. Ese fue el trato, que no se meta conmigo”.

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