Primero Fue Contra Un Columnista Político, Luego Contra Una Medico Militar, Siguieron los Periodistas

* La Violencia del General Secretario de la Defensa Nacional
¿Qué garantiza el hecho de que un funcionario público de alto nivel tenga capacidad para controlar sus emociones? O, al menos, su violencia.
Supongo que la pregunta tendría que hacerse en sentido contrario, cuestionando el significado de que un hombre capaz de exabruptos fuera de cualquier justificación tenga en sus manos los controles sobre la seguridad nacional.
¿Sabría Vicente Fox que la personalidad del general Clemente Vega García oscila peligrosamente en la intemperancia emocional? ¿Estará hoy, como su jefe directo, enterado de que entre gritos y escenas sus interlocutores llegan a la conclusión de que puede golpearlos, incluso hasta matarlos?
¿Hay espacio para este tipo de conductas en el gobierno demócrata y ciudadano que encabeza el partido Acción Nacional? ¿Es este el cambio tan anunciado?
Primero, por lo menos en el ámbito de conocimiento público porque en los medios militares se habla del tema desde hace muchos años, fue el relato de Francisco Rodríguez un respetado analista político que escribió una nota que no fue del agrado del general Vega García. Con la intervención, tan nefasta como todo lo que venga de su capacidad manipuladora, de Carlos Salomón el periodista que viene de sumar todas las experiencias posibles con un poder público al que ha irritado con sus verdades, se presentó al despacho del comandante de las fuerzas armadas.
Para quien no haya penetrado los umbrales de la oficina del único general con cuatro estrellas en sus insignias, vale la pena señalar que el protocolo existente es mucho más severo que en Los Pinos, que la rigidez de la estructura castrense es de por sí impactante.
A lo que debe agregarse que ese día, para hacer un reclamo a quien se atrevió a criticarlo, pero sobre todo a ejercer la libertad de expresión que garantiza la Carta Magna, Vega García se rodeó de subalternos, como en un Consejo de Guerra sumario. Hubo tanta agresión, tantas expresiones fuertes que Francisco Rodríguez abandonó bruscamente esa oficina temiendo por su vida. Debió intervenir gente muy cercana a Vicente Fox, vinieron las disculpas hasta al mismo director del diario pero quedó el precedente. Y para algunos el miedo.
Cuando este viernes, durante un acto oficial que condiciona el trabajo cotidiano de los reporteros que cubren la fuente militar, el general Vega respondió brusco, con gestos intimidatorios y hasta groseros a las preguntas que se le hicieron mostró, simplemente, una vez más que su carácter no es siquiera educado, menos digno del titular más joven, más identificado con el mundo civil de la Secretaría de la Defensa Nacional.
Las crónicas de ese “desencuentro” hablan de empujones contra los periodistas… Sus declaraciones son de una descompostura inocultable.
“Sólo falto que me pegara, tal vez por la presencia de mi marido no lo hizo” diría bañada en lágrimas, frente a mí, con papeles y papeles que acreditan sus dichos la doctora y teniente coronel Ángeles Madrigal de la Campa. La relación de hechos, que puntualmente fue presentada a la oficina de quejas de la Presidencia de la República, es muy simple, tanto como aterradora.
Porque el general Secretario de la Defensa Nacional llamó a la doctora, junto con su marido también militar, médico y teniente coronel Javier Palacios Ochoa, por un anónimo.
Como si en este país los graves problemas de seguridad nacional estuviesen en segundo, tercer grado de importancia. Como si las horas de trabajo del responsable del destino de más de ciento ochenta y tres mil hombres no tuvieran ningún tema trascendente.
Un anónimo donde se acusaba a la doctora de ser amante del general Mario Palmerín Cordero.
O sea del militar, general mucho más antiguo que el general Vega García, que para muchos jefes castrenses habría de ser nombrado titular de las fuerzas armadas este sexenio. El mismo que al recibir, en su oficina de Subsecretario de la Defensa Nacional, a cualquier visitante lo primero que hace es acercarse a su oído para pedirle que no haga ningún comentario desfavorable a sus jefes porque está siendo grabado y filmado como si fuese uno más de los reclusos en Almoloya.
La doctora Madrigal, alumna de excelencia, con un doctorado en Canadá, especializada en ginecología, es además de inteligente una mujer muy bella. El tipo que suele gustarle a los militares. El actual es su segundo matrimonio lo que la convierte en vulnerable ante la rigidez de costumbres públicas de los hombres de uniforme que no toleran la libertad femenina que no controlan, que no se ejerce a su disposición.
Una y otra vez, frente a su marido, la referencia fue contra Palmerín Cordero, la habló de las grabaciones, de constancias de su relación “amorosa”. Tal vez con la esperanza de que el doctor Palacios Ochoa fuese a matarlo para limpiar su honor y de pasadita, como no queriendo, le quitase un problema de en medio. En el anónimo también se menciona, insisto en que es una mujer atractiva, de relaciones amatorias con el general Javier Bonilla pero ese, al decir de la protagonista, no era el sujeto que puso fuera de sí al Secretario de la Defensa Nacional.
El paso siguiente, porque ella no se calló ante sus amenazas, fue el cambio de adscripción de ambos, lo que en medios castrenses no puede sino traducirse como un castigo severo. Dado que la doctora fue a quejarse, con sus papeles y su indignación a cuestas, a Los Pinos consiguió que le permitiesen seguir estudiando una maestría.
En cambio su marido sigue castigado. Por el pecado, supone ella, de no haber actuado contra el general Palmerín Cordero. A la teniente coronel, una de las primeras mujeres alumnas en la escuela médico militar, se le ha exigido que guarde silencio, que no vuelva a visitar oficinas públicas para querellarse. O se actuará en contra del doctor Palacios Ochoa con mayor severidad. Con lo que se tipifica, tal vez la señora Marta Sahún de Fox conozca mejor el tema, un caso de “discriminación de género”.
Dado que algunas mujeres están dispuestas a defender su propia vida, tanto la privada-erótica como la profesional, así como a luchar porque nada de su intimidad, sea o no cierto, sea utilizado para perjudicar a terceros como represalia, la doctora Madrigal ha optado por hablar.
¿Qué sucedería si otro fuese el sujeto del anónimo? Lo importante es la referencia, abierta, a la violencia en el trato con un hombre que tiene en sus manos la capacidad de ordenar a las tropas (que no podrían saber si se trata de una orden presidencial o no), a los jefes y oficiales cualquier cantidad de conductas. O sea, por ejemplo, que actúen con las armas en las manos en cualquier momento…
¿Es o no importante que el general Gerardo Clemente García Vega suela perder tanto y frente a tantos el control? ¿Se le puede confiar a un hombre con esta personalidad una posición tan delicada, donde la cabeza fría fue un requisito esencial, sobre todo en época de crisis?

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