La Seguridad Nacional en la Decision del Aeropuerto

¿Podrá ganar, como Cid campeador del nuevo siglo, Carlos Hank González la gran batalla económica por la construcción de nuevo aeropuerto?
Tal parece que Arturo Montiel, lloroso todavía, está dispuesta a todo por conseguir la concesión, o mejor dicho la gran cantidad de dinero que está detrás de esto.
La discusión sigue vigente.
Por un lado la lógica, el sentido común, los análisis serios de viabilidad, el cuidado al medio ambiente. Por otro, en el Estado de México, la necedad del empresario que sólo busca ganar dinero.
En medio de todo esto la gran ausencia del Ejército, de quien no ha sido consultado cuando debería ser la primera voz a escuchar. ¿Por qué? Muy sencillo: la construcción del nuevo aeropuerto internacional de la Ciudad de México es un asunto de seguridad nacional. En el sentido más amplio y, también, más inmediato.
No se le puede exigir a las fuerzas armadas su participación en los grandes desastres nacionales, en las inundaciones, terremotos, desgracias impredecibles y a la vez despreciar su conocimiento, su experiencia en el momento de las decisiones que involucran, precisamente, la seguridad de millones de habitantes.
Porque no se trata de construir un simple conjunto de pasillos y pistas, sino de proporcionar una alternativa eficiente, segura, cómoda y que no dañe el ambiente. Que pueda ofrecer a los habitantes de la zona, así como a los futuros usuarios, seguridad.
Y eso es lo que no habrá de existir en Texcoco. No sólo por las aves que pueden estrellarse en cualquier instante con los aviones, ocasionando tragedias, sino por la condición del suelo.
¿Por qué no tomar en cuenta la opinión de las fuerzas armadas? Porque existiría un argumento de inmenso peso en contra de las ambiciones del grupo financiero detrás del gobernador del Estado de México.
Tizayuca es una opción no sólo viable sino que contribuye a un proyecto de desarrollo nacional humano, que conlleva una indispensable desconcentración de población y actividades económicas hacía una zona depauperada del país donde se necesita, justo, inversión para evitar violencia.
¿O es que alguien puede decir, a estas alturas del partido, que la miseria, la falta de empleo, de educación, de oportunidades de una vida digna, no están íntimamente relacionadas con el surgimiento de movimientos guerrilleros?
No sólo esto. La desigualdad social del país obliga, con todas sus letras, a dotar de mayores recursos a quienes tienen menos. Y en eso, es obvio, el primer lugar de necesidades, de índices económicos de pobreza, se encuentra en Hidalgo.
En Tizayuca no hay fallas sísmicas, como cereza del pastel. Pero tampoco existen recursos económicos para insistir en una campaña propagandística millonaria, ni capacidad “política” para llamarla de alguna manera, de sus gobernantes para asociarse con los nuevos hombres del poder sexenal, con quienes toman las decisiones igual de interesadamente que en los días del PRI.
Sobre todo, Manuel Ángel Núñez no puede sacarse de la manga un as tan poderoso como la figura mítica, reivindicada y agrandada por sus enemigos, del profesor Carlos Hank González. O sea, un nuevo Cid que puede ganar la batalla una vez muerto.

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