Ahora el Vocero Recibirá los Jitomatazos y la Señora Fox Comprará las Toallas

* El Milagro de la Boda
Las discusiones sobre su matrimonio no son asunto privado con Dios, como declaró el primer mandatario. A querer o no, que hay días en que la balanza se inclina, el tema de la boda presidencial es asunto público. No sólo por el costo de las toallas que utilizará la pareja en su nueva etapa vital, que es pagado con los impuestos del pueblo, sino por las implicaciones de gobierno que conlleva.
De entrada habría que felicitar al señor Presidente de la República. No sólo por cuanto corresponde a su felicidad personal, que es mucho de acuerdo con el rostro de felicidad que ha mantenido en estos días sea arriba del caballo o a la salida de la misa dominical, sino porque ha puesto a cada cual en su sitio.
Al vocero presidencial al frente de la andanada, supongo que justificada, de criticas. Para recibir los jitomatazos del medio. A la señora Martha Sahagún en el sitio del amor, del respeto, de la compañía mutua oficializada que le correspondía.
Los periodistas, incluso aquellos que vivimos dentro del círculo rojo presidencial, podremos ya cuestionar la labor oficial del responsable de comunicación social del gobierno sin saber, imaginar, sentir y demás que estamos atacando a la mujer del primer mandatario. Lo que en un país de códigos machistas, de pertenencias feudales, sigue siendo importante. Podremos, además exigir respeto a funcionarios públicos que han sido contratados como tales, por sus capacidades como tales.
Y sobre las toallas, las macetas, las cafeteras, las vajillas y demás enseres ya podremos puntualizar responsabilidades.
Por su parte los ciudadanos podrán dormir tranquilos con el conocimiento de que en Los Pinos vive un matrimonio, por tanto, solamente a ellos deben mantenerlos. Porque eso, pagar sus gastos, es lo que hace la ciudadanía. Y puede ser, se me ocurre ingenuamente, que más de uno habría pensado que no era justo que su dinero fuese utilizado para que otras personas habitasen en la casa presidencial sin función clara a desempeñar.
En realidad todos salimos ganando con la boda presidencial. Con excepción tal vez del grupo de colaboradores cercanos de la hoy señora de Fox que, supuestamente, formaron parte de un proyecto político y pueden sentirse defraudados. Aunque siempre pueden escribir la historia de una jefatura de prensa en provincia que condujo a la titular no a una posición de poder público sino al matrimonio.
Es de lamentar que no haya habido un festejo mayor, como corresponde no sólo a la alta investidura de los protagonistas sino a la bella historia de amor que han vivido
Ahora corresponde a los protagonistas asumir sus nuevos papeles. Como si la obra de teatro apenas comenzara a representarse, como si lo anterior hubiese sido un ensayo general sin público. La exvocera presidencial habrá de cumplir con un protocolo existente, deberá desempeñar funciones de interés social y público acordes con su condición de esposa del primer mandatario. Solamente eso, por el bien de la República.
Por su parte la oficina de Francisco Ortiz, en especial el área encabezada por Juan Ignacio Zavala, deberá asumir la obligación de ser. No más, no menos. O sea, para que todos nos entendamos, dotar de elementos suficientes a los periodistas para cumplir con su trabajo. Establecer una verdadera política de comunicación social, que sea acorde con los tiempos de cambio, que corresponda a las promesas de campaña del señor Fox. Que nos garantice, a millones de mexicanos, acceso a la información oficial.
¿Podrán hacerlo?
En la práctica el problema mayor es Vicente Fox. No hay labor más ingrata para un jefe de prensa, del nivel que sea, que tener que tragarse cada día las expresiones de su jefe en contra de todo, comenzando por él mismo. Ámbito en el que deben incluirse las fobias presidenciales por sus críticos, por ciertos medios de comunicación, así como el desparpajado estilo de gobernar que, de acuerdo con el Canciller Jorge Castañeda, provoca hasta conflictos internacionales.
No es gratuito que Vicente Fox haya sido caricaturizado mucho más que cualquiera de sus antecesores.
¿De qué manera se puede establecer una relación de respeto con medios, con periodistas, a quienes públicamente se les estigmatiza? Esa es la primera incógnita a resolver, por decirlo de alguna manera, para los nuevos responsables del área de comunicación social.
Y aquí es muy importante hablar de Juan Ignacio Zavala, porque el señor Ortiz no tiene mayor experiencia en el trato con los medios ni conoce siquiera superficialmente la piel de los comunicadores, por lo tanto esta responsabilidad tendrá que recaer lógicamente en quien fuese director de comunicación social de la Secretaría de Relaciones Exteriores.
Zavala es un panista convencido, es también un hombre inteligente, de sensibilidad suficiente para asimilar los nuevos tiempos. Pese a su juventud se ha ganado el respeto de quienes viven encerrados en los círculos rojos, verdes, negros y de otros colores. Cuenta con suficiente capacidad intelectual, con un carácter de suavidades y convencimientos que habrá de ayudar en mucho a la buena marcha de esa oficina, o por lo menos que los ayudará a caminar en lo posible contra los dimes y diretes presidenciales, contra el enemigo principal que es su propio jefe.
Su nombramiento es la buena nueva de la boda presidencial. Malo para Jorge Castañeda que en lo sucesivo verá lo que es arar en tierra ajena, muy ajena. La mejor carta de presentación de Juan Ignacio es precisamente el afortunado papel de equilibrista, de apagafuegos que desempeñó en esa dependencia. Incluyendo aquel, memorable, “no mamen” expresado por el asunto de los tamales.
Vicente Fox hizo lo mejor que podía hacer al casarse con la señora que venía compartiendo su vida, además de ganar un sueldo millonario como su empleada. Si a los señores de la Iglesia no les gusta, por primera vez veremos que este gobierno entiende los beneficios de la separación del Estado con esa institución de poder.
Simplemente, la boda presidencial es un asunto de Estado donde ni siquiera el Cardenal Norberto Rivera debe o puede opinar.
Ahora bien, se vale preguntar sin mala leche: ¿Qué pensarán los miles y miles de beatos, de persignados, de religiosos que votaron por quien creyeron era la personificación del bien sobre la tierra al verlo vivir en pecado mortal?
Pero como falta mucho para las próximas elecciones…

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