Los Cuatro “implicados” en el Sesenta y Ocho

* Los Dichos del General Gutiérrez Oropeza
Los militares hablan otro idioma.
Cualquier civil, normal pues, que haya tenido trato con ellos puede asegurarlo.
Lo grave es que esta manera de expresarse, que tiene sus reglas y sus asegunes, sus codificaciones muy singulares, se convierta en materia penal. Que retruécanos de idioma terminen por convertirse en tema del mayor amarillismo en los medios de comunicación.
De ahí que la indignada queja del hijo del general Luis Gutiérrez Oropeza tendría que analizarse bajo la luz de los equívocos. Porque no es, como él asegura, responsabilidad de la Fiscalía Especial para Desaparecidos, la divulgación de hechos desvirtuados.
Fue el mismo general, jefe del Estado Mayor Presidencial durante 1968, el encargado de crear fantasmas, de hacer llover sobre mojado, de llevar los reflectores sobre varios generales en retiro y un militar ya muerto. Fueron sus palabras, pronunciadas con las peculiaridades castrenses, las que aventaron al escándalo a cuatro de sus “subordinados” en esos días.
Gutiérrez Oropeza fue citada a declarar por la fiscalía que encabeza un hombre, además de respetable, más que decente: Ignacio Carrillo. Tardó mucho en presentarse y, para colmo, lo hizo con un texto mal escrito y peor digerido que lo implica todavía más en el lado más oscuro del 68, en aquella versión creída a pie juntillas por los militares, de su traición al Ejército para servir a los fines políticos del entonces precandidato presidencial y titular de Gobernación Luis Echeverría Álvarez.
En estas respuestas, que en verdad dan tirria de leer, Gutiérrez Oropeza afirma que sí había cuatro colaboradores suyos asignados a “dar seguimiento a los hechos del movimiento estudiantil del sesenta y ocho”. Para, a continuación de proporcionar sus nombres, echarse para atrás y decir que “no fueron asignados para los fines a que se refiere la Fiscalía pues sus funciones eran otras”.
O sea sí pero no, o no pero sí… la puntita nadamás para que nos entendamos.
Y vaya que les pegó una zarandeada de nunca acabarse.
Aunque visiblemente, por las implicaciones de sus cargos, solamente haya recibido la tunda el general Miguel Ángel Godínez Bravo.
Gutiérrez Oropeza dio cuatro nombres, todos ellos con el grado de mayor, o sea que tenían menos de treinta años en esa época: Ángel Eliud Casiano Bello, Carlos Bermúdez Dávila, Jesús Izquierdo y Miguel Ángel Godínez Bravo.
Ellos son los militares, Izquierdo ya fallecido y los otros tres generales en situación de retiro, que deberán presentarse a declarar sobre los hechos del Dos de Octubre por un mal manejo del idioma de quien fuese su jefe.
Aquí resulta más que interesante recordar que se trata de quienes eran jefes de sección en el Estado Mayor Presidencial, tres de ellos dedicados a las logística, a las cosas rutinarias de seguridad y uno de ellos, Carlos Bermúdez, responsable de la Sección Segunda que es Inteligencia Militar.
Tanto Godínez como Bermúdez fueron a su vez jefes del Estado Mayor Presidencial, mientras que Casiano Bello fue el segundo de a bordo de Bermúdez en el sexenio de Miguel de la Madrid.
¿Qué sentido tenía presentarlos ante la fiscalia como presuntos implicados?
Lo peor de todo, paradoja común en el mundo castrense, es que seguramente Oropeza no tenía esta intención. Que fue su hablar arrevesado, su sí pero no, lo que provocó este nuevo escándalo con implicaciones serias hacía el interior de las fuerzas armadas pues se trata de jefes militares con historia propia y trascendencia interna.
De ahí que hubiese una reclamación a la Fiscalía Especial por parte del hijo del general, que no tiene tampoco sentido, donde acusaba imbuido en usos y costumbres militares de “permitir que Jesús Martín del Campo (uno de los líderes estudiantiles que es parte acusadora, por lo tanto presente en todas las diligencias) diera esa versión a la prensa”. Y que a su vez el señor Carillo tuviese que declarar que lo que dicen los ofendidos es de su exclusiva responsabilidad.
¿Qué sigue? Esperar que los generales citados tengan mejor sentido común, hablan de mejor forma el idioma español y puedan, simplemente, dar su versión de los hechos. En la que, si se apegan a la verdad, no es posible deslindar al que fuese su jefe, tan anciano hoy y tan responsable siempre: Luis Gutiérrez Oropeza.

Adelante, opina: