Péguenle al Negro Parece Ser la Consigna en los Pinos

* El Oficio de Cantinero
El oficio de cantinero es menos grato que el de borracho.
Pero los buenos borrachos suelen convertirse en buenos cantineros. Digamos que es una manera de estar en lo mismo pero del otro lado de la barra.
De ahí que durante muchos años los jefes de prensa, hoy ilustremente llamados directores de comunicación social, fueron antes periodistas. Para los políticos nombrar a un reportero en esa posición era una manera de “solucionar” el trato indispensable con la fuente. Esto a partir de la suposición de que se trataba de alguien que conocía las necesidades y, sobre todo, las peculiaridades de los periodistas.
Era el México de los oficios. Y de los autodidactas. De los periodistas que se hacían en las redacciones y los jefes de prensa que se hacían en la brega diaria. Sobrevivían, en ambos casos, los más aptos. Y también los más necios.
Obvio decir que eran otros usos y costumbres, otras relaciones entre con el poder, otras cercanías con los medios. Y, no hay porque ocultarlo, otras manipulaciones.
¿Quiénes fueron los jefes de prensa que sobrevivieron a través de los años y los vaivenes sexenales? Los que fueron eficientes para los hombres de poder y para los periodistas. Es decir para los intereses, casi siempre en pugna, de ambos.
Mucho se puede decir de estos. Abundan las leyendas. Incluso algunos de ellos han sido consultados por los gobiernos del cambio.
Lo cierto es que ningún jefe de prensa puede hacer mucho en contra de su jefe. O sea en contra de lo que éste haga cotidianamente. Como sucede con Vicente Fox.
Quienes hemos estado en esa posición no tendríamos mayor pesadilla que estar en la posición de Rodolfo Elizondo. Cada vez que habla el Presidente de la República pone a temblar, estoy segura, a todo su equipo de comunicación social.
No importa cuántos títulos, doctorados o experiencias sumen en la oficina de comunicación social de Los Pinos muy poco se puede hacer cuando las declaraciones presidenciales son motivo de críticas justificadas y magnificadas cada día.
A no ser que se le pida que se calle.
Y de esto trata, es el otro punto importante, la eficiencia de un jefe de prensa.
Independientemente de todos los títulos que se tengan en el cajón del escritorio, de los doctorados ya mencionados antes, de lo que ahora enseñen en las universidades privadas, nada puede hacerse si no hay una relación cercana, diría que cercanísima y muy probada, muy de confianza entre el funcionario público y el jefe de prensa. Que permita, antes que nada, la posibilidad de hablar entre ellos.
Esto quiere decir, en el idioma del poder político, de ser escuchado por el mandatario.
Y ser atendido en consecuencia. Porque hablar con una pared no sirve para nada.
Las historias de comunicación, de imagen exitosas tienen este ingrediente de cercanía, diría que hasta de empatía. Baste revisar en los tiempos recientes la relación tan íntima que existía entre Vicente Fox y Marta Sahagún, de lo que da ejemplo público aquella tarjeta que le pasó al entonces candidato presidencial en la reunión previa al debate donde todo mundo pudo leer aquel famoso mensaje de alto, de ya vamonos que fue tan importante.
Esto no sucede con Rodolfo Elizondo y Vicente Fox.
Y de ahí en adelante surgen todos los roces que tanto cuestan a la imagen presidencial, que tanto han desgastado a la figura del jefe de prensa de Los Pinos.
Hay una serie de televisión norteamericana “The West Wing”, donde se muestra abiertamente esta “intimidad” necesaria entre el mandatario y el jefe de prensa, que no puede ser sustituida por cualquier cantidad de talento o de esfuerzos.
En nuestro país es mucho lo que se podría decir al respecto. Sobre todo referente al fracaso.
Sorprende que una administración que pregona el cambio esté cometiendo los mismos errores que sus antecesores, con costos mayores y con torpeza tan grande que sea el tema de conversación política de cada día.
Lo que debe quedarnos claro, supongo que también al señor Vicente Fox, es que nada se soluciona con pegarle al “Negro”…

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