¿Quién Intenta Negociar Con el Sindicato?

* Las Mentiras de Santiago Creel
Hace poco menos de quince días Carlos Romero Deschamps se rasuraba frente al espejo del lavabo, la puerta de la recamara abierta, cuando decidió llamar a su esposa. Había tomado la decisión.
Y, simplemente, se lo dijo. No era necesario darle vueltas, ni hacer aspavientos, la crisis que atravesaba era más que conocida por su esposa. Simplemente no aceptaría la proposición.
Es decir la más reciente, o la última de varias propuestas que había recibido por parte del gobierno de Vicente Fox. La misma que varias columnas políticas están haciendo “pública” el día de hoy: debía aceptar dinero para, a su vez, devolverlo al erario público. La cifra ofrecida tuvo sus variantes, pero la final en tiempos fue de cinco mil millones de pesos de los cuales quedarían, a discreción, para el uso que se quisiera darle, un millón quinientos mil pesos.
También tendría que renunciar a su fuero constitucional, admitir ser culpable, estar unos días o meses en prisión. Y renunciar a la dirigencia del Sindicato Petrolero.
Esta propuesta ha tenido o tuvo variantes que incluyen no pisar la cárcel por no ser delito grave, aunque también una vez habiendo admitido el ilícito que al ser detenido pudiese ser objeto de otras acusaciones. Pero en cualquier versión recibiría el dinero para sus “gastos personales”.
Romero Deschamps decidió jugarse el todo por el todo y decir que no.
Supongo que la tentación debe haber sido grande. Pero también ha sido igual de fuerte su convicción desde el principio del escándalo donde se le ha intentado responsabilizar de darle dinero al PRI. Es decir de ser congruente con los usos y costumbres vigentes. Algo para lo que, en su día, no había opción posible.
Pero que también Romero Deschamps hizo de muy buena gana porque Francisco Labastida Ochoa era su candidato.
Ayer, miércoles once de septiembre, frente a las cámaras de televisión del noticiero de Joaquín López Dóriga, el titular de Gobernación, Santiago Creel, hizo gala de dramatismo para negar que el gobierno de Vicente Fox fuese a aceptar una negociación política en el asunto del Pemexgate.
Exageró en sus ademanes, investido como precandidato presidencial gesticuló y utilizó lugares comunes, expresiones populares como “tope donde tope” para enfatizar que todos los “presuntos implicados” en el “presunto” desvío de dinero en PEMEX ya han sido juzgados y son “criminales”.
Pero sobre todo dijo una gran mentira, que no existe negociación alguna respecto a la ley.
Justamente lo contrario de lo que han intentado hacer.
Aunque queda un interrogante. Si no fue Santiago Creel quien hizo las negociaciones, quien le hizo la oferta a Carlos Romero Deschamps de recibir dinero a cambio de entregarse y admitir que había cometido un ilícito, quién fue… ¿Quién está gobernando el país?
Por un lado, con una mano diría Creel, se ofrece a Romero Deschamps una salida tan amañada, tan turbia que no puede ser aceptada, y por el otro se le amenaza con la petición de desafuero por parte de la PGR. Es decir, se utiliza a la ley como un instrumento político de presión.
¿Puede darse esto sin el consentimiento de Santiago Creel, sin que tenga su intervención directa como titular de Gobernación?
Cualquiera de las dos opciones es muy grave. Porque o el titular de Gobernación está mintiendo frente a las cámaras de televisión, o fue totalmente rebasado en este tema.
Ambas posibilidades tienen un costo muy elevado para la vida política del país.
Lo cierto, incuestionable, es que el gobierno se mostró sorprendido, fuera de base, ante el retiro de los diputados priístas en la comparecencia primera y más significativa de la glosa del Segundo Informe Presidencial. Tanto así que ni siquiera, porque parecen de primero de primaria, tuvieron el cuidado de exigir, así con todas sus letras, a los diputados de su partido, del PAN, que estuviesen presentes en la Cámara de Diputados.
En verdad que Santiago Creel hizo el ridículo. Porque no tener “quórum” por la ausencia de los diputados del PAN, que se sumó políticamente por las razones que fuese -así sea el azar- a aquella del PRI que apoyaba a los líderes sindicales lo dejo en la peor situación a imaginar, lo exhibió públicamente.
Y en el revire, ante Joaquín López Dóriga, se vio peor. Porque dijo mentiras o admitió, de no ser su responsabilidad los ofrecimientos a Romero Deschamps, estar fuera del manejo político gubernamental. A la vez que se expresó como juez, como si los “presuntos responsables” fueran criminales por mandato divino y foxista…

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