Falta de Rigor en la Investigación Periodística, Falla en la Capacidad del Escritor

* El Narcojuego de Perez-reverte
MADRID, ESPAÑA.- La novela de Arturo Pérez-Reverte, verdadera figura literaria en España, es un engendro.
Bien narrado a ratos, con la habilidad del cronista nato que ha sido de manifiesto en otros momentos, el ejercicio fallido tiene como destinatario a un auditorio que cree que el narcotráfico es un juego de niños con final feliz.
Y en este caso los mexicanos nos merecemos un poco más de respeto.
Porque no se trata solamente del número, cada día más elevado, de víctimas de la violencia que conlleva esta actividad, sino del esfuerzo de la sociedad, del Estado como tal para combatir una actividad delictiva que destruye formas de convivencia social y estructuras de gobierno, instituciones de aplicación de justicia en todos sus niveles.
No es, no podría serlo por los costos, tema de broma.
Ni de heroínas salpicadas de romanticismo posmoderno.
Pero, por encima de cualquier otra conclusión, lo que no se vale es la confusión brutal de nuestra cultura. Creer que a partir de una noche de juerga en una cantina mexicana se puede entender, y lo que es peor, exhibir después la idiosincrasia de un pueblo.
Y esa fue la pretensión del escritor al escribir las 542 páginas de su nueva novela, “La Reina del Sur”, mostrar al mundo las entretelas del narcotráfico en México, concretamente en Sinaloa. A partir de una mujer que comienza como la “querida” de un piloto, que después sabremos es agente de la DEA, para convertirse en la titular de una organización de tráfico de drogas en Marbella, pasando por la cárcel y sobreviviendo a las tentaciones del lesbianismo, así como a las portadas del “Hola”.
Sin dejar de convertirse en testigo protegido al final, en Sinaloa, después de meditar entre tequilas y cigarrillos cargados de hachis, nadar desnuda, cocinar jaibas rellenas en Navidad para su guardaespaldas, hacerse de amantes y ser experta navegante en la noche, previas aventuras estúpidas y fuera de toda lógica.
Las fallas estructurales de su libro, desde la falta de rigor en la construcción de personajes secundarios, como el jefe de la mafia rusa en Marbella advirtiendo a la mujer que “tendrá que matar… al principio no pero tarde o temprano” hasta los saltos inexplicables en la narración, son tema aparte. Lo más grave, decepcionante al infinito para quienes son (somos) lectores asiduos del escritor, es la pretensión de escrutinio y juicio en automático hacía aquello que le es ajeno.
Vaya que el calificativo “ajeno” se ajusta profundamente en esta ocasión. Porque el habla, la manera de expresarse de un grupo social, con sus modismos merece mayor respeto, rigor para ser reiterativa. No es igual “chilo” que “chido”.
Si su libro, “La Reina del Sur”, que desde el título tiene toda la carga, está dedicado a Elmer Mendoza, un profesor de literatura en la Universidad de Sinaloa pero también un excepcional escritor que domina este “lenguaje” en sus páginas, no es entendible que no lo haya puesto en sus manos antes de salir al público.
Esa corrección final, después de lo que el mismo Pérez-Reverte ha publicitado como una investigación de más de dos años, hubiese ayudado mucho.
Igual que recordar el oficio del reportero que fue, que insiste en seguir siendo de acuerdo a sus declaraciones, Pérez-Reverte. No hay justificación para errores garrafales como asumir que el general Jesús Gutiérrez Rebollo no fue responsable del combate al narcotráfico, o inventarse una balacera donde el ejército, bajo el mando de un coronel, permanece a la expectativa acompañado de las cámaras de televisión en las puertas de la casa hasta saber si matan o no a su prisionera. Ni tampoco se puede calificar como “cómoda” a la prisión de Puente Grande en Jalisco.
Esos son algunos de los muchos absurdos, como de película cómica, que marcan la historia. Que frustran con mucho la ambición literaria y hasta de recreación imaginaria del mundo mexicano. Falla que se advierte mayor en la medida en que Pérez-Reverte incorpora nombres propios, personajes de la realidad nacional y española a su narrativa.
“La Reina del Sur” tiene una primera edición de 275 mil ejemplares, número nada despreciable en cualquier país, y está significada desde antes de su edición como el “fenómeno literario-político” de esta temporada. Su presentación ha coincidido en España con la Feria del Libro de Madrid, seguramente los derechos para el cine estarán ya en trato.
Pero, se le ha olvidado al escritor, escribir. Darnos unos personajes, una historia, creíbles. Y lenguaje narrativo propio, fuese el mexicano o el español. Pero uno, porque ninguna novela puede tener un narrador que hable, que se exprese a ratos como hispano y otros como un “bato sinaloense”.
Y además carece, insisto que esto es lo imperdonable desde cualquier ángulo, de respeto en su tratamiento a un problema social. No solamente en la parte consignada a nuestro país, porque el narcotráfico en España ha colocado en las cárceles a 10,207 personas. Lo que equivale, según sus propias estadísticas, al 31 por ciento de la población carcelaria a finales del año pasado, 2001.
No es enchílame otra. Ni es tampoco el exaltamiento inocente del negocio de traficar con drogas como si esa fuese la nueva aventura romántica del siglo XXI, sin precio a pagar, sin costo social.
Tampoco puede pasarse por algo el gran desconocimiento que demuestra el escritor sobre los usos y costumbres mexicanos, especialmente en esos estratos sociales. Poner a un narcotraficante, a un piloto de ese submundo con capacidad para proporcionar sexo oral a su amante mujer, para pensar primero en su placer es una jalada de … pelos, para decir lo menos. Presentar a una mujer ignorante, sin educación, sin vinculación con el tráfico de drogas como la dueña de la plaza europea, ganando guerras locales con las mafias ya establecidas sin contar con ningún apoyo es…
En España se decomisa más cocaína que en el resto de Europa, no se diga hachís, plantearse una obra literaria a partir de las entrañas de ese mundo donde la droga es la mercancía más preciada, donde la ingeniería del lavado de dinero es una estructura de poder que corroe, a su vez, al poder establecido en el primer mundo donde manda el “euro” requiere de una investigación seria.
Igual que los submundos del corrido, de las cantinas, de las canciones de José Alfredo, del “Santo Malverde”… de la mitificación del narcotraficante sinaloense, norteño que ahora ha hecho su entrada al mercado literario europeo como un híbrido.
Pero sobre todo los muchos lectores de Arturo Pérez-Reverte nos merecemos otro tipo de narrativa.

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