La Novela de Santiago Creel…

* Ambiciones Sexenales a Destiempo
No cabe duda que la primavera afecta de diversas maneras a los seres humanos.
Y en especial a quienes detentan por primera vez el poder.
Las declaraciones del titular de la Secretaría de Gobernación, insigne precandidato presidencial por decreto propio, no podrían ser más ilustrativas de lo anterior.
Porque además de trasnochadas traslucen un afán inconmensurable por llamar la atención como el nuevo profeta de la honestidad y la impolución. Temas donde transita abiertamente el señor exgobernador de Chihuahua aquejado del mismo mal.
Por lo tanto la competencia es grande.
De ahí que Creel, el mismo a quien Roberto Madrazo le entregase un parche de personaje de telenovela, haya descubierto con cierto atraso el “hilo negro”. Y ahora prometa, como aquellos folletines de entregas condicionadas, un nuevo capítulo para informarnos de la escoria humana y corrupta que deambulaba por los pasillos de Bucareli antes de su llegada.
Se antoja, de entrada, que los tiempos son más que desfasados. Porque para llegar a estas conclusiones tan valientes como reveladoras no era necesario despachar en esa oficina por más de un año. Con preguntar hubiese sido suficiente.
Para nadie, que es nadie realmente, ha sido un secreto que las concesiones se han entregado de manera personalizada y por intereses todavía más personalizados. Pero el señor Creel ha de creer que los mexicanos no tenemos memoria, que han pasado al olvido las cancelaciones que en su tiempo hiciera Francisco Labastida Ochoa de dichas “preferencias” y que, consecuentemente, le acarrearon problemas en su campaña.
Denuncias sobran, de las que existen testimonios que pueden exhibirse.
Por lo que lucrar con supuestas denuncias al pasado se advierte, para decir lo menos, fuera de contexto.
Como si quisieran distraer a la opinión pública con argumentos digno de un partido de oposición, olvidando que la función pública es desde hace muchos meses su exclusiva responsabilidad.
Creel, con su aire a lo Francisco Madero, pretendió emular al Contralor que, por cierto, no logró su cometido en lo legal. Y simplemente dio material a los medios de comunicación. “Poco a poco hemos comenzado a enderezar el barco… en materia de sorteos” aseguró el titular de Gobernación.
Diría cualquier distraído que es muy poco a poco.
Y con afanes exclusivamente publicitarios.
Porque haber “corrido” a 63 de los 177 interventores de esa dependencia es irrelevante si no se ha llegado a la verdadera corrupción, igual que haber despedido a mil de tres mil funcionarios de migración. ¿Dónde están ahora? ¿Fueron encarcelados?
O, la pregunta importante, con estos “despidos” se ha logrado limpiar la casa…
Porque luego nos salen con que a todos nos saquearon y no nos volverán a saquear… Si sólo se cambio de precio y de sujetos la corrupción no se habrá arreglado nada.
¿Hay o no tráfico de indocumentados en nuestro país con la complicidad inmensa de funcionarios de Migración?
¿Los trámites en esas oficinas, especialmente en la atención a extranjeros, son correctamente realizados o sigue imperando la soberbia burocrática que sólo se vence con “mordidas”?
Y luego, como si su novela no fuese suficientemente mala a estas alturas del relato, el señor Creel nos sale con la muletilla panista de que la ley era suficientemente consentidora: “Es un mar de corrupción. El problema es que la ley daba una amplia discrecionalidad para otorgar concesiones a los llamados Books”, esto en referencia a los sitios de apuestas.
¿Daba diría algún distraído? ¿Cuándo se cambió? Los nuevos lugares de apuestas, de juego de lotería, que se han abierto en los centros comerciales seguramente fueron autorizados hace siglos pero con la firma anticipada de las autoridades actuales…
Y eso que no tocaron el tema de las concesiones de radio y televisión que, obvio, no son su responsabilidad como bien podemos comprobarlo. ¿O me equivoco y en este sexenio simplemente se ratificaron usos y costumbres “legales” que les han sido convenientes a sus intereses políticos?
En esto de hacerse líos con sus ganas de aparecer en las primeras páginas alguien debería asesorar a don Santiago. Porque si cree que millones de mexicanos nos chupamos el dedo puede llevarse una sorpresa.

Adelante, opina: