El Presupuesto Disminuye en Materia de Seguridad y se Pretende Imponer Iva a los Libros

* La Incongruencia Supina del Gobierno Foxista
En el proyecto de presupuesto que fue enviado al Congreso está contenida una idea de país que no es admisible por las inmensas mayorías nacionales. Que, necesariamente, implica que México deje de ser casa común para millones de habitantes.
Por una parte se ignora que el gran problema pendiente de resolver es la inseguridad, que la demanda más sentida de la sociedad es que el Estado, como garante de las libertades individuales, tenga la capacidad de devolverles sus casas, sus automóviles, sus calles, sus ciudades, todos los territorios que hoy son sinónimo de miedo.
Lo que queremos, no de hoy pero cada día con mayor urgencia, es que nos sea entregada la tranquilidad para transitar libremente, para respirar, para apagar las luces de nuestras habitaciones cada noche.
De ahí que grandes grupos sociales, presidentes municipales, gobernadores demanden a su vez que la federación envíe a sus poblaciones a contingentes de la policía federal de seguridad, institución gubernamental que en lo que va del sexenio ha demostrado una gran capacidad disuasoria del crimen.
La sola llegada de los “hombres de gris”, de los policías que tienen origen y destino militar, que como tales han demostrado una disciplina excepcional, que no han naufragado en las grandes miasmas de corrupción, que a su vez están suficientemente entrenados para no caer en provocaciones de violencia, ha dado resultados excepcionales. Ha bajado los índices delictuosos en las poblaciones más afectadas del país.
Pero, como es obvio, temporalmente. Porque se trata de una función justamente de disuasión, de inhibición de acciones criminales que habitualmente cuentan con la complicidad de las policías locales.
Así al abandonar la plaza donde cumplieron su trabajo, con la excelencia aplaudida por propios y extranjeros en Cancún, es muy poco lo que resulta modificado de fondo y pronto, demasiado pronto vuelve a elevarse la criminalidad.
Esta gente que tiene como jefe a un hombre impecable, de inteligencia grande como pocos, de lengua filosa para nombrar a la realidad, de un pasado pleno de vinculaciones con las raíces sociales, que desprecia el poder cotidianamente, el doctor Alejandro Gertz Manero, es la policía mejor calificada por los mexicanos.
Y por eso, vivimos en los tiempos de la incongruencia institucional, son ellos quienes reciben el mayor recorte presupuestal el año que entra.
Lo que se antoja, para decirlo pronto, supino. Simplemente parecería un ejercicio de autodestrucción, un juego perverso para desandar cualquier logro sexenal.
De igual manera, porque tan importante como la seguridad en nuestras personas, casas, familias, bienes, es el acceso a la cultura, la Secretaría de Haciendo tuvo a bien poner a remate la muy pequeña industria cinematográfica, justamente cuando estamos recuperando imagen mundial. Y, al mismo tiempo, gravar con el IVA a la industria editorial.
En lugar de la creación de programas que impulsen la lectura, que hagan un esfuerzo por fomentar los libros entre la población joven, el gobierno impone un impuesto adicional a objetos que hoy son artículos de lujo muy lejos del alcance de las grandes mayorías.
Con esto estamos en el umbral de convertirnos en un país donde la impunidad criminal va aparejada con el analfabetismo estructural.
¿De qué manera acceder a los mundos maravillosos de la literatura, de la imaginación, de la palabra inteligente si aumentamos el precio de un libro, si cargamos imposiciones fiscales a quienes cada tienen en la industria editorial menos oportunidades de competencia?
¿Cómo se puede combatir el crimen organizado, y estamos hablando de poblaciones tan fuera del estado de derecho como la frontera norte del país, si no se tiene la asignación oficial presupuestal para la mejor policía federal?
Para quienes cumplen con una labor de disuasión inmensa con bajos salarios, con jornadas de trabajo extenuantes, con condiciones de alimentación y de prestaciones sociales inferiores a sus contrapartes en cualquier ciudad del mundo.
Los intelectuales, escritores, obreros de la letra escrita, fueron al Congreso a gritar su enojo. Los policías federales preventivos ni siquiera han podido hacer otro tanto. Sin embargo no es a ellos a quienes corresponde la expresión de enojo público al respecto, los agraviados somos millones de mexicanos, una sociedad que no ha sido consultada, que no ha sido escuchada, que es la víctima grande de la mente cerrada, obtusa de tecnócratas que parecen estar al servicio de quién sabe qué intereses

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