Los Amigos de Mis Enemigos Seran Mis Amigos…

* Nunca se Ha Ido…
Lapidario como es, no deja de asistirle razón.
Cuando Diego Fernández de Cevallos espeta, claridoso, que el expresidente Salinas no tiene que regresar porque, así de simple, nunca se ha ido está diciendo la verdad.
Ha sido una sombra temida y repudiada, un fantasma presente en su ausencia, un punto referencial que documenta todos los extremos del sistema político mexicano, pero por encima de todo ha sido una presencia política.
Lo que en este país de ausencias, de espacios no ocupados, de falta de liderazgos, de grandes vacíos políticos puede magnificarse hasta niveles nunca imaginados.
Si en su tiempo de poder, que fue grande y majestuoso, Carlos Salinas de Gortari controló a su antojo las relaciones entre contrarios, los puentes comunicantes entre opuestos ideológicos, cuanto más puede hacerlo ahora. De ahí que su verdugo sea Andrés Manuel López Obrador y su defensor el panista irredento que recibe el apelativo de “Jefe”.
¿Por qué puede darse esto? Porque no hay conducción política, porque el titular de Gobernación bien puede asistir a la Cámara de Diputados sin que a nadie le interese. Porque los colaboradores y los amigos y los compadres y los socios y los enemigos también del Presidente de la República están muy ocupados en la carrera por conseguir la candidatura presidencial.
Lo cierto es que no existe un hombre ya no digamos fuerte sino medianamente protagónico en este sexenio. No en el medio político porque tanto Alejandro Gertz como Rafael Macedo de la Concha están obligados por sus responsabilidades a serlo. No tenemos un titular de Gobernación cuya voz trascienda, sea confiable, sea directriz, sea línea.
Y tampoco dirigentes de partidos políticos, de oposición al gobierno o en éste, con el mínimo carisma.
Si lo mejor que existe es, tan triste, Leonel Godoy para dirigir el PRD y el PRI sigue en el desprestigio todavía más patético de su dirigente envejecido y rebasada, es obvio que una palabra pública de Carlos Salinas de Gortari tiene que acaparar medios, que conmocionar, y hasta que enojar al sí muy poderoso, sí muy posicionado, sí terriblemente popular jefe de gobierno del Distrito Federal.
Solamente que Andrés Manuel se equivocó.
Que la gente no quiere pleitos ni confrontaciones. Que hasta harta de referencias al pasado, de remembranzas de lo mal que estaba entonces todo cuando lo que vive es peor todavía. Y al intentar fustigar a Salinas de Gortari lo que consiguió es proporcionarle grandes espacios en los medios.
Hoy, otra vez, Salinas de Gortari es noticia por voluntad de López Obrador. Y, conociéndolo, habrá de responder. A su estilo, hábil, taimado, aparentemente lento.
En los hechos el expresidente de la República no necesita jefe de prensa, tiene suficiente experiencia como para promocionarse políticamente en todos los ámbitos. Conoce, en exceso diría yo, el valor de los tiempos políticos. Es, lo fue siempre, un gran estratega. Y, no lo olvidemos bajo ningún punto de vista, tiene en sus manos recibos firmados en blanco, facturas, cuentas pendientes que llenan el lado del haber. De hecho grandes políticos, amplios sectores del poder económico están en permanente deuda con él y con su sexenio.
De ahí que pueda, abierta y arbitrariamente estar presente.
Además no vino, no todavía, a enfrentar abiertamente la candidatura de Andrés Manuel. No es torpe, conoce que no es el mejor momento para ello, menos todavía para oponerse públicamente a su popularidad. Esta contienda, entre ellos, ni siquiera ha comenzado.
Está tentando terrenos, está viendo qué respuestas provoca y, como suele hacer, está operando a su favor.
Por lo que en este primer inicio de lo que un día habrá de ser un round serio, ganó. Quien le está abriendo las puertas de su reingreso a la discusión política cotidiana es López Obrador.
Ya puede reír y declarar, divertido porque los conoce a los dos, Diego Fernández de Cevallos que no tiene que regresar… es verdad, no ha dejado de estar presente, la diferencia es que ahora hace una nueva aparición pública apoyado en los espacios que sus enemigos le proporcionan. Y eso es, solamente, el principio… bien harían Ernesto Zedillo Ponce de León y compañía en comenzar a dormir intranquilos…

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