La Investigacion en la PGR la Inhabilitará Para Representarnos en el Extranjero

* Comenzo a Caer el Telón Para la Malvido
Desde que llegó a la Procuraduría General de la República comenzaron los problemas por su afán de protagonismo, siempre en contraposición al estilo mitad monacal y otra castrense de su jefe, de un hombre tan cerrado a la feria de las vanidades. Cualquiera hubiese sabido desde entonces que las cosas no irían bien para la señora María de la Luz Lima Malvido.
Su pleito eterno, puesto de manifiesto de inmediato, es con su propio espejo. Es frente a la necesidad perversa, enferma de lucirse. De conseguir reflectores sin importar por o para qué, de perseguir la expresión de poder por sí, para su beneficio personal.
Con su historia personal llegó al sitio menos propicio para estos vicios.
Y sin embargo tuvo la fuerza externa, el apoyo superior suficiente para proseguir. Vaya que la paciencia, casi santa, del general Rafael Macedo de la Concha pesó a su favor en esta larga permanencia en una oficina que nunca debió ocupar.
¿Quién es la señora Malvido? Quienes la vieron una y otra vez con su peinado perfecto, con su ropa fina, con sus aires de princesa dando conferencias de prensa, no podían haber asociado esta figura aparentemente frágil, femenina, con la ambición más grande. Y con los intereses de un grupo político de la más extrema derecha que no ha tenido empacho en inventar crímenes y perseguir inocentes, que igual le da el lavado de dinero del narcotráfico que las relaciones peligrosas con personajes de la peor calaña pública.
La realidad, el tiempo, hicieron su trabajo. Y fueron “desvistiendo” la imagen pública de la señora subprocuradora que utilizaba todos los recursos del poder para su beneficio. Vino aquel célebre, inmoral, indignante vídeo donde fuimos agraviados, millones de mexicanos que pagamos su salario con nuestros impuestos, con sus mentiras, con su jactancia de sus mentiras, de su pasado y sobre todo de su vocación para la tortura.
Y se sostuvo en su puesto, contra la lógica y el deseo de muchos. Hasta que era imposible un día más, por la salud de la República como se decía antiguamente.
En el entreacto la señora se aferró a todo, incluida la mentira, para permanecer. Trampas y manipulaciones corruptas que incluyeron a los hijos, que fantasearon atentados y obligaron a disparos criminales para probar sus dichos. No se diga la petición abierta, fuera de contexto y hasta ilegal, de altos prelados de la Iglesia Católica para que siguiera en su escritorio, cobrando como funcionaria sin servir a los ciudadanos.
Creyó que a su salida la fuerza, la “buena suerte” habría de acompañarla. Y pidió ser embajadora. Le daba igual Gran Bretaña que Francia. Así de suavecita es su ambición.
Y ahí sí que no pudo. O no habrá de poder de seguir la investigación que por ley, que por convicción, que por principio de igualdad ante la ley se ha iniciado -institucionalmente- en la PGR.
Sorprende que siendo abogada, doctora en derecho, contando con un conocimiento cierto de las leyes mexicanas se le haya olvidado que hay castigos para quienes no las respetan. Ella, tan simple como comprobado ya en las declaraciones ministeriales de los protagonistas, obligó a los agentes judiciales federales obligados a servir como escoltas de sus hijos a mentir. Es decir a cometer un delito que se llama “falsedad en declaraciones ante la autoridad”. Tanto así era su deseo de probar un atentado donde no hubo sino un problema de tráfico ocasionado por el exceso de velocidad con el que manejaba su vástago. Esto tiene un precio legal. Tiene una penalidad de acuerdo con nuestros códigos.
Esta es la investigación que ha comenzado en la PGR, que la agarra con las maletas hechas Y que por lo pronto habrá de cancelar su nombramiento como agregada “cultural” (total que el tema es menos valioso que un plato de lentejas) en la embajada mexicana ante la Reina Isabel. De pasadita tal parece que también le llegará su turno a su marido por supuestas irregularidades en otra posición pública, pero ese es el pecado menor.
Así doña María de la Luz habrá de guardar sus guantes medio blancos, sus vestimentas elegantes, sus modales de colegio de monjas para mejor ocasión. Y, sobre todo, millones de mexicanos dejaremos de pagarle un sueldo por mentir. No lloremos por ella que seguramente será cobijada por los príncipes de la Iglesia a los que ha servido con puntual fidelidad.

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