Termino Un Tiempo de Cinismo y Mentiras en la PGR

* La Más Anunciada de las Renuncias
Tal vez reprobó la clase de dignidad. O equivocó su asignatura de civismo. Puede ser que su ambición haya rebasado cualquier otra consideración de pudor. El caso es que la doctora María de la Luz Lima Malvido después de ser exhibida hasta en la intimidad más degradante, probando así además que los mecanismos para selección de personal de confianza eran un fiasco, siguió en su puesto.
Y el riesgo de aplaudir su cinismo fue creciendo cada día.
Hasta el último de mayo, como las sirvientas a fin de mes y con su cheque cobrado, en que tuvo a bien presentar su renuncia. Así, tal cual, ya me voy porque ya acabé de estar.
Y aunque todos nos alegramos, supongo que los agentes comisionados a su custodia más que nadie, quedan pendientes. Quedan explicaciones que nos merecemos como los adultos que somos, como los ciudadanos que estamos ofendidos por su permanencia en esa institución.
¿Quién la apoyó tanto? Además de los prelados de la Iglesia Católica que representan al sector más conservador y ahora, por acusaciones formales del exprocurador Jorge Carpizo, también presuntamente involucrado en el tráfico de drogas.
Ellos, la gente del cardenal Juan Sandoval, hicieron todo lo posible para su permanencia por así convenir a sus muy personales intereses. Pero nos queda incompleto saber quién la llevó hasta la posición que ocupó, hasta jugar con el tema del asesinato de Posadas Ocampo.
Porque si fueron los “buscadores de talento” habría que demandarlos. Y si fue otra su recomendación, supuestamente estaría detrás Marta Sahagún, habría que aprender muy bien la lección.
En los hechos la señora Malvido pasará a la historia de la picaresca nacional, ilustrará la ignominia de unos exámenes aplicados internamente para contratar a quien haya fumado marihuana y mandado golpear a sus agresores. Es decir, será ejemplo del absurdo vuelto gobierno.
Y, sobre todo, de la mentira como uso y costumbre oficiales.
Ejemplo de esto son los presuntos atentados a sus hijos, donde incluso debe haber pedido apoyo de otro de sus exalumnos (no olvidar en esto la relación con el general Francisco Arellano Noblecía, titular de las fuerzas federales de apoyo de la SSP nacional) para que con su arma de encargo, calibre que utilizan precisamente las autoridades policíacas, disparase al coche donde se transportaban sus hijos para “acomodar” un incidente de tránsito a sus intereses.
Ella jugó a todo se vale si me sirve.
Y terminó por irse. Todavía no se sabe si a su casa. Porque muy grave sería premiar la mentira, el cinismo, la “locura” institucionalizada con una embajada. Cuando habría que fincar responsabilidades que se nos van quedando en el tintero, como la orden que recibieron sus escoltas para cometer el delito de falsedad en sus declaraciones ante la autoridad.
Como pocos funcionarios públicos la doctora Malvido, en su permanencia en la PGR, con un salario pagado por nuestros impuestos, hizo mucho daño. Sobre todo en una ya muy descreída y manipulada opinión popular sobre los crímenes más tristemente célebres.
La señora vino, además, a provocar un gran desgaste a la lucha de muchas mujeres para conseguir espacios importantes en la administración pública, así que también tiene una deuda de género.
¿Cómo puede contratarse, se trata de los filtros más seguros supuestamente, a quién declara que ha robado, que ha consumido droga y que ha mandado golpear?
¿Cómo puede sostenerse en su puesto a quien demuestra tal capacidad de mentiras?
Es obvio que la orden, tanto para su inserción en la PGR como para su permanencia, vino de muy arriba. De Los Pinos.
Y está bien. Esas son las atribuciones que tiene la Presidencia de la República. Nombrar y volver a nombra a los funcionarios de la administración pública federal. Hasta donde tope, hasta donde se quiera hacerlo, hasta donde se termine el universo de la nómina.
El problema es que escogieron muy mal y se aferraron a esta elección hasta límites inmorales, insostenibles. De ahí que deba verse el tema de la señora Malvido como un ejemplo de lo que no debe hacerse, de lo que no debe repetirse.
El mensaje de su salida queda establecido en automático. Fortalece, simplemente, el Estado de Derecho.
Es hora de que esto se lleve a otros ámbitos del gobierno federal, como se decía antes, “para el bien de la República”…

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