Nuevas Victimas de la Guerra Contra el Narcotrafico

* La Percepcion Militar
“Definitivamente no me esperaba esto” dijo conmocionado por el veredicto en su contra el general Ricardo Martínez Perea al salir del Consejo de Guerra.
Y junto con él sus compañeros, subordinados, también sentenciados evidenciaban si algo la profunda ingenuidad militar.
Porque era obvio, ciegos tuvieron que estar, que estaban condenados de antemano. De eso trata la justicia militar.
Cualquiera que entienda, así sea superficialmente, los usos y costumbres militares sabría que no se iban a arriesgar ante la opinión pública a equivocarse, a tener en la cárcel por más de dos años a tres militares “involucrados con el narcotráfico” para luego decir que eran inocentes.
Me sorprende, siempre en primera persona del singular, la conducta de los militares que caen en desgracia y que siempre están ciertos, hasta la medula, que deben enfrentar esto como parte de la carrera militar, incluso -así me lo han dicho en prisión- como si fuese un “ejercicio de sobreviviencia” al que están siendo sometidos.
Ahí está la explicación de su silencio. Ahí, en esta convicción interna, podemos encontrar todas las deficiencias en su defensa, porque lo que utilizan son argumentos castrenses de convencimiento hacía sus superiores y no hechos legales, y no respuestas jurídicas a las acusaciones.
Así de incapaces de sobreponerse a señalamientos legales son.
De hecho el juicio militar contra el general Martínez Perea, el capitán Pedro Maya y el teniente Javier Antonio Quevedo estuvo plagado de anomalías desde el punto de vista civil. Inaceptables en una cultura de protección a los derechos humanos, como es la presión e inmediato encarcelamiento de testigos a favor de los acusados bajo el argumento de que habían “mentido”.
Sin embargo estos son los usos castrenses vigentes. Esta es la manera en que resuelven, en el marco de un juicio, sus asuntos internos. Con la diferencia, el agregado que todavía no tiene posibilidad cierta de manejarse, de la opinión pública presente. De un escrutinio de la sociedad que no tiene cabida en esto.
Hay, por lo tanto, un inmenso desfase entre las formas militares y su interrelación con una sociedad moderna.
No en balde los códigos militares vienen de hace muchas décadas.
A esta realidad debe sumarse, para cualquier análisis, el profundo desconocimiento de la vida, de la formación, de la estructuración social del Ejército.
¿Qué fue lo que sucedió? Algo inconcebible ante los ojos civiles: tres militares felicitados por sus superiores en incontables ocasiones por sus éxitos en el combate al narcotráfico, especialmente en sus asignaciones en el Estado de Tamaulipas, fueron de pronto “descubiertos” como colaboradores de los mismos narcotraficantes.
A continuación se les encarceló y dos años después en un juicio castrense se exhibió una fotografía de uno de ellos en un baile de disfraces, vestido como mujer, con el supuesto agregado de una supuesta homosexualidad de Osiel Cárdenas. Más el uso de radios y armas que a su vez habían sido confiscadas a los narcotraficantes, según los acusados, por la falta de este tipo de implementos.
Se presentaron como pruebas a favor cartas de felicitación del titular de la Sedena, testimonios de jefes y compañeros, argumentaciones que caen en otro ámbito. Y fueron sentenciados a quince años, con el agravante que es lo que tanto les puede doler, de perder sus grados militares.
Esto es tan espantoso ante los ojos de los implicados que la esposa de Martínez Perea, menos constreñida por la disciplina castrense, declaró que se habían echado a la basura 40 años de basura, en clara referencia a la carrera militar del general, así como calificó de “circo” al Consejo de Guerra y señaló que esta no es la “lealtad” que se pregona en las fuerzas armadas.
Para muchos militares esta es la percepción, la conclusión que no van a expresar por razones obvias. Con el agregado de algo todavía más grave: el resentimiento hacía la persona del comandante supremo de las fuerzas armadas.
Es decir, el Presidente Vicente Fox. Porque corresponde, en su estructura de pensamiento piramidal, a éste la responsabilidad de la sentencia en contra de los militares juzgados.
Y vaya que Fox no la tiene bien con los militares, especialmente por el veto que tuvo para la ley, ya aprobada por el Congreso, que aumentaba sus muy escasas prestaciones al retirarse.
Lo peligroso, para la sociedad en su conjunto, es que los jefes militares asimilen esta sentencia como un alto muy violento en sus órdenes para combatir al narcotráfico. Asuntos menores, que son normales en el funcionamiento de muchos cuarteles precisamente por la ausencia de presupuesto, como es la utilización de armas y radios, vehículos confiscados a criminales, se pueden volver la razón principal para destruir carreras militares.
De por sí estar inmersos en el combate al narcotráfico es algo que les disgusta profundamente, que les provoca aversión en todos sentidos, que los hace decir que no son policías, aunque obedezcan las órdenes superiores. A partir de este nuevo veredicto habrán de pensarlo mucho, diría que hasta la inmovilidad, antes de dar un paso que pueda llevarlos a la cárcel sin que siquiera logren entender por qué motivo. Y quiero suponer que el Presidente Fox necesita de jefes militares que se comprometan y no que se encierren en sus oficinas para no corren riesgos. Pero es su gobierno quien los habrá de convertir en testigos de piedra ante asuntos que implican estos riesgos.

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