Cuarto Informe que Parecía Destape…

* “se Acabo la Politica del Hoy” Sentenció el Gobernador de Hidalgo
Pachuca, Hidalgo.- La voz la traía más bien tocada, como quien se levanta de una noche de muchas canciones, por los discursos primeros ante los diputados de oposición en su congreso, modalidad nueva si las hay. Manuel Ángel estaba en su momento estelar, no obstante esta garganta que se cerraba hasta volver su palabra una conversación privada, un diálogo familiar.
Frente a él, en la escenografía del lienzo charro, estaban todos los que han sido, los que están siendo y, sobre todo, los que quisieran ser. Capacidad de convocatoria singular la suya, con el pretexto del Cuarto Informe de gobierno, con la certidumbre política de que éste era un acto que tenía muchos más significados.
De frente a un auditorio que albergó a más de seis mil personas, las mismas que disciplinadamente lo esperaron por largo rato, las que se saludaron entre sí chocando los más lujosos relojes de oro, abrazando los pasados más ricos, descubriendo la cabeza del modesto sombrero, el gobernador de Hidalgo iba solo, con un manejo de cámaras, del telepronter, del micrófono pero sobre todo del futuro excepcionales.
Ahí estaba. Pasando lista de presente con su corbata gris y su carpeta de logros, con sus realidades incuestionables como el aumento de la talla y del peso de los miles de niños que habitan las zonas marginadas de su tierra, porque -tan simple- ahora comen mejor con el apoyo oficial vuelto desayuno caliente.
Suma de políticas sociales que hacía sonreír a Jesús Murillo Karam que lo nombró casi sin conocerlo hace ya diez años, que le abrió la puerta que hoy no tiene cerradura aborrecida. También presentes exgobernadores que han permitido, porque vaya que es una entidad que ha tenido buenos hombres y mejores políticos, logros excepcionales en un pedazo del México bronco que hace muy pocos años nos asustaba con el fantasma de la violencia.
Hidalgo es hoy, decía Núñez, una de las entidades más seguras del país. Donde se ha aumentado en dos años la expectativa de vida de sus habitantes, donde 95 por ciento de sus niños ya no corren el riesgo de morir por falta de atención médica. Estado que es el mejor calificado a nivel nacional en salud pública.
Estado, agregaría yo, donde muchos han tenido la inteligencia de continuar la obra de gobierno que los precedió y, tan esencial, de no incendiar los campos, de no apagar la esperanza.
Ahora en Hidalgo, informaba Manuel Ángel con la mirada azul y cálida, con las transparencias en su atril que decían en letras muy grandes “Hidalgo”, con las pantallas gigantes que un cantante de rock habría envidiado, con una lectura precisa contra la carraspera de su garganta, una licencia de automovilista se obtiene en 10 minutos o no se cobra.
Como las pizzas decían a mi lado. Como corresponde en los países serios, como tienen obligación de hacer en las oficinas públicas respetables. No más, tampoco menos.
De ahí, de las licencias y las ordenes de aprehensión cumplimentadas nos llevó, de la mano, bajo el toldo que dejaba pasar el sol amistoso, hasta la disertación sobre la democracia y su imposibilidad real si no se atiende primero el bienestar de las mayorías.
En esto, insistió como si fuese menos joven, no se pueden seguir dando paliativos, es urgente “un desarrollo social incluyente. Y daba ejemplos, hablando desde su pueblo pero para otra suma de pueblos, como la inauguración de escuelas tecnológicas o la realidad de que uno de cada tres alumnos hidalguenses estudia becado.
O sea las becas que otro prometió. Igual que la dotación de computadoras a escuelas públicas que, por cierto, otro también habría prometido en tiempos coincidentes.
¿Era un informe de gobierno? ¿Era una larga enumeración de logros, de cifras, de éxitos? ¿Era una grata ponderación al priísmo del político que lo había conseguido? Supongo que no solamente esto.
Lo cierto es que Hidalgo es un sitio seguro y, decía Manuel Ángel Núñez, donde hay seguridad hay inversión. No lo olvidemos insistía frente a un auditorio de ricos, de ricos muy ricos y que tienen fábricas, empresas, talleres, maquiladoras y proyectos en esta entidad.
Cuando aparentemente había terminado con lo interno se fue de paseo hasta el centro del país, hasta donde corresponde hacerlo a partir de su realidad, de su justa y natural ambición de futuro, para recordarle a Vicente Fox que los tiempos del hoy han terminado, que ahora es la hora “de cumplir asumiendo cada uno su responsabilidad” y, sobre todo, con la disposición a pagar costos políticos por todas las revoluciones, cambios pendientes.
Como aquella que tiene que ver con lo hacendario y que explicó como el economista que es, o la de construir “política de estado” que fue referencia a partir de su ser político, de su calidad de dirigente partidario responsable de la “comisión de ideología”.
Lo mejor, entre tanto, fue la parte en que conjugó el verbo creer y muchos pensaron que estaban oyendo la conjugación de otro, del verbo “crear”. En un ejercicio donde Manuel Ángel Núñez cree en sí mismo y se crea a sí mismo.
En esa vocación que él mismo nombrase: “Sembrar todos los días”.
En una fila lateral, con la discreción del corredor de fondo que es, vestida de rojo, su mujer sonreía con una cierta ternura materna…

Adelante, opina: