La Agresión Contra Canal Cuarenta es Contra Todos los Periodistas

* La Perdida de la Inocencia
Mucho se ha escrito sobre el conflicto entre Canal Cuarenta y Televisión Azteca.
De tanto habrá que quedarse, porque tiene la valentía y la validez del protagonismo, con los testimonios de dos de sus conductores más conocidos: Ciro Gómez Leyva y Dense Maerker.
La periodista escribe para la revista Proceso el más intenso MEA culpa, tanto como conmovedor, sobre los hechos. Un texto en que se hace responsable de la mayor inocencia, de una candidez que yo he visto en cada una de las reacciones de mi hijo Bruno que ahí trabaja, y que obviamente debe ser compartida por la mayoría de las casi 400 víctimas de estos hechos.
Dice la señora Maerker que ellos, los periodistas que ahí trabajan, los que “empezaron en los noventas” no tienen los vicios ni los miedos al poder de sus antecesores.
Y vaya que me duele.
Es justamente lo que yo intentaba saber, decir, compartir con mi hijo en la madrugada triste en que oficialmente la pantalla del Canal Cuarenta se volvió un hoyo de oscuridad. Yo hablaba con él de escenarios, de posibilidades, de respuestas políticas ante la soberbia equivocada del gobierno foxista. Él me respondía con leyes, con referencias a un estado de derecho que no es tal, que no existe sino en la imaginación de los más ingenuos.
La discusión fue tan intensa que parecía que estábamos en bandos contrarios cuando mi angustia no podía ser mayor, cuando mi solidaridad era superior a la materna, cuando mi dolor era más grande todavía porque tenía, justamente, esas referencias que Dense dice, generacionalmente, desconocer.
Según la conductora del noticiero que tanto enojó a los poderosos su generación no conoce el temor al poder porque llegó “en un buen momento”, además de recibir siempre en sus palabras, la herencia de una generación admirable (le faltó decir que en mayoría estamos sin trabajo, sin medios de comunicación, sin mucha esperanza por nuestros futuros, incluso en la cárcel o sujetos a juicios inmorales. De ahí que: “Por eso la reacción inicial que todos compartimos en Canal 40 fue la de la confianza en las instituciones”.
Eso era lo que a mí me saltaba, lo que yo no podía aceptar del discurso interno, personalísimo, de mi hijo.
Pero esto fue, tanto, también lo que se perdió.
No solamente para esta generación de comunicadores sino para quienes vienen detrás. Si Canal 40 sale del aire, no hay forma de evitar tener estas certidumbres, fue porque se metieron con muchos poderosos, especialmente los sepulcros blanqueados de la alta jerarquía eclesiástica que recibieron un golpe durísimo con la publicitación de las perversiones de uno de sus “santones”.
Por un lado Dense habla de esta gran perdida de inocencia porque la forma en que trabajaban, lo que se decía al aire reveló siempre “una gran confianza en la libertad de expresión y, desde luego, en el Estado de Derecho”, y por el otro Ciro Gómez Leyva que siempre se mostró menos optimista se refiere a un gobierno que ha sido “negligente y cobarde” en su manejo de este conflicto. No contento con esto, lapidario, califica el tema como una “extorsión y una vergüenza para el gobierno”.
Juntos, Denise y Ciro, nos están diciendo lo más importante. Que ingenuamente creyeron que era posible. Que podían sacar la imagen de campesinos de Atenco diciendo cualquier cantidad de cosas sobre las botas de Fox, mostrar la perversión enferma en Almoloya, contar la violación de niños por un sacerdote, dar espacio a quienes menos fuerza física y mayor razón moral tienen.
Lo malo es que en esta perdida de la inocencia todos salimos perdiendo porque aunque, ya de vuelta de tanto, sabíamos que no era posible, que no había futuro, juntos quisimos creer que sí.
Y no sé por qué pero esto, a mí por lo menos, me da unas ganas inmensas de llorar

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