El General Vega Mete las Manos por los Jovenes sin Fierro

* El Juego de la Sucesion Militar
Para muchos titulares de la Secretaría de la Defensa la aspiración, siempre frustrada, es quedarse en su oficina, repetir la jerarquía, el mando, la posición detentada seis años. Que en la práctica sería mucho más grave que una reelección presidencial.
Sus incondicionales suelen endulzarles el oído con fábulas sobre su talento y, sobre todo, lo mucho que la patria los necesita.
Esto se ha convertido, en los sexenios más recientes, en una práctica tan común que cuando el candidato triunfador les pide una terna, que por razones tradicionales es de cinco generales de división, se incluyen a sí mismos en primer sitio.
Sobra decir la corrupción del poder inmersa en este juego vanidoso de espejos que a los civiles les puede causar risa o temor, tal vez ambos.
No es el caso del actual titular de la Defensa Nacional. Su voluntad va por otros “dominios”. Dado que su elección no cursó la ortodoxia, ni en forma ni en respeto a los requisitos sacramentales, ha comenzado a abrir el abanico de la sucesión interna en la Secretaría de la Defensa Nacional, para los que llevan el fierro de sus iniciales exclusivamente.
Lo que de entrada ha causado un estupor grande hacía las entrañas castrenses. Más por la forma que en el fondo, ya que no es el primero en intentar controlar quien será el heredero de sus problemas.
Los tiempos son otros y los favorecidos por esta conducta política, de poder, intencional, pública incluso del general Vega García son un grupo de generales jóvenes que han recibido el mayor impulso a su carrera militar. Asombrosamente ninguno de ellos, no que se sepa, mantiene una relación amistosa cercana con el actual comandante de las fuerzas armadas.
¿Generosidad hacía la juventud? No solamente, se trata de erradicar de fondo cualquier otra influencia en esa Secretaría.
Antes que cualquier otra consideración estaría el deseo, que aquí se vuelve posibilidad cierta, de control. Con todo lo que ello implica. Y una aspiración íntima, tal vez todavía resentido por los resquemores expresados con su llegada al mando superior que hoy ostenta, de eliminar a generales de su antigüedad o anteriores a él. Así como los “leales” a otros grupos internos.
Esta es la lectura indispensable para entender tres movimientos claves, en la espera de un “enroque” o cambio interno, en el juego futurista militar antes tan encriptado.
En días recientes fue nombrado subsecretario de la Sedena, una posición aparentemente importante en la jerarquía pero que es equivalente a una tumba, al general con mayor antigüedad como divisionario, Guillermo Galván Galván. Una militar que ha cruzado muchos mandos, incluyendo la agregaduría en España y la responsabilidad de la educación militar, pasando por Chihuahua lo que no son palabras menores. Al nombrarlo, en automático, fue “sacado” del juego por Vega García ya que no tiene mando alguno en sus manos.
El mensaje se completó con la llegada del general Sergio Ayón
Rodríguez, apenas ascendido en noviembre pasado, al mando del Primer Cuerpo del Ejército que, en contraste, es uno de los espacios más codiciados por los militares. Es otro de los jóvenes divisionarios que han vivido en el extranjero, con una visión moderna de la realidad.
Esto lo coloca junto a Juan Morales Fuentes, también ascendido en noviembre pasado con la mayor intencionalidad del titular de la Sedena, en la recta final.
Morales Fuentes es uno de los hombres más inteligentes y sensibles que existen en el mando actual del Ejército, ahora en Chiapas con la responsabilidad de la Séptima Región Militar. Estuvo en Egipto y viene de la zona militar de Colima.
De su antigüedad, con una historia compartida en algunos años en el Estado Mayor Presidencial, pero con una personalidad completamente diferente, sin haber pasado por el Colegio de Defensa (Como sucede con Rigoberto Castillejos, otro de los finalistas), en la Décima Región Militar, estaría Roberto Miranda que fuese el primer beneficiado con el asesinato de Luis Donaldo Colosio al convertirse en jefe del Estado Mayor Presidencial de Zedillo.
Y veremos, en estas semanas, que hace Vega García con el general Tomás Ángeles Dauahare, identificado con el equipo de Enrique Cervantes Aguirre y no ha ocultado sus ambiciones. Con sesenta y dos años que cumplirá este noviembre es el más “viejo” de los que quedan, sin haber pasado por el curso de Seguridad Nacional aunque sí por la embajada en Washington.
Lo único cierto es que ahora, por decisión del titular de la Sedena, habrá generales que se moverán y saldrán en la foto, que legítimamente recibirán instrucciones para hablar y ser escuchados, que tendrán su oportunidad de protagonismo dirigido.
De tal manera veremos que quienquiera que sea el próximo mandatario tendrá conocimiento cierto de quienes son los líderes del Ejército, al menos los que Vega García ha convertido en sus peones de su muy particular tablero de ajedrez.
Lo positivo será, incuestionable, que no habrá necesidad de recurrir a los “cazadores de talento”.
Ahora bastará con buscar a los muchachos de Vega García. O por lo menos esa es la teoría, porque del plato a la boca.
Queda pendiente nombrar a un civil, que podría ser incluso una mujer ahora tan de moda en otros países. entre otras opciones a discutir.

¿A QUE RENUNCIO ELBA ESTHER GORDILLO?

En la vorágine de atentados y videos que hemos vivido no nos percatamos del golpe de Estado, del apañamiento mayor, que hiciera la señora conocida como “La Maestra” hacía su propio sindicato. Escupiendo los principios que dice defender la señora Gordillo se montó en su propio cuento para “inventarse”, como los dictadores de pacotilla de cualquier república bananera de ficción, una “presidencia” del Sindicato de Maestros.
Obviamente sus súbditos, que solamente fingían ser sus sucesores, se pusieron de rodillas y colaboraron al acarreo neomodernista para su nueva ascensión. Con lo que quedó demostrado que las lecciones que recibiese, doña Elba Esther, en privado del profesor Jonguitud Barrios no las ha olvidado.
Así mientras llegaba a los cielos de las matracas y los himnos chabacanos, “La Maestra” anunciaba su “retiro” de la Cámara de Diputados.
Y a nosotros, millones de mexicanos, nos tomó tan de sorpresa que no le hemos preguntado a qué renunció. Porque a su ambición, a sus manejos turbios del poder, a sus trajes de firma, a su séquito de acompañantes a los que suele gritar e insultar cotidianamente, a la campaña de Jorge Castañeda, al control de grupos de presión social, a sus mansiones en el extranjero, a sus otras residencias en el país, a eso no ha renunciado.

UNA DE OAXACA. O LA COBARDIA DE UN EDITOR

Lo primero que me pregunto, además del asombro ante las faltas gramaticales, de estilo y de sintaxis de la redacción, es por qué los señores no tendrán el valor de firmar con su nombre lo que ordenan que se haga. En especial cuando se trata de ofensas ruines y cobardes. Ericel Gómez Nucamendi insertó en su diario oaxaqueño, Noticias, una columna dedicada a mí. Las ofensas personales son tan irrelevantes como el autor, lo acreditado es lo que les dolieron las declaraciones del candidato priísta, que lleva una ventaja impresionante según las últimas encuestas que lo colocan con el 56 por ciento del voto, Ulises Ruiz haciendo pública la petición de un convenio de publicidad de diez millones de pesos.
Y eso es lo que no responde en la nota firmada por uno de sus colaboradores sin rostro. El que calla otorga, pero sobre todo habría que señalar que los periodistas no somos los emisores de las noticias, buenas o peores, sino los modestos, humildes “mensajeros”. Allá Ericel y su libertad de expresión que ha ido alejando a los columnistas de sus páginas una vez que descubren las negociaciones turbias hechas a su nombre.
Por lo que respecta a los boletos de avión que supuestamente le habría pedido al coordinador de comunicación social, hábrase visto, durante la conferencia de prensa del gobernador Murat. Una vez más sus “reporteros” no saben hacer el trabajo porque yo pagué mi boleto, y con la confianza de haber sido su compañera y su jefa durante muchos años, le reclamé a Carlos Velasco la falta de generosidad de prestarme doscientos noventa pesos que su secretaría me exigía para cambiar mi boleto de avión, como puede constar a quien quiera.
De eso a diez millones de pesos como precio al chantaje político hay una diferencia de años luz. Sobre todo yo suelo comprar mis pleitos y pago por ver siempre, sobran constancias.

Adelante, opina: