Irene Blanco Amenazada por el Edil de Cancun

* El Miedo de Una Diputada Panista
“Se me pusieron los labios blancos, se me secó la boca y no pude continuar escuchando siquiera” comienza Irene a tratar de puntualizar el sentimiento tan conocido, tan arraigado en ella desde aquel medio día en que le avisaron que su hijo se debatía entre la vida y la muerte después de haber recibido amenazas por la defensa del ciudadano egipcio Abdel Latif Sharif.
Una y muchas veces volverá a escuchar, como ese 13 de mayo de 1999, la voz en el teléfono que le decía: Andate con cuidado porque donde más te duela ahí te damos. Menos de diez días después, el 21 de mayo, intentaron matar a su hijo. Atentado que nunca fue investigado y/o castigado por las autoridades de Chihuahua.
En su intimidad más remota, en esa parte del organismo humano donde solemos ocultar los sentimientos, vuelve a escuchar el sonido del cuerno de chivo disparando, aunque nunca lo haya escuchado, aunque haya llegado bañada en llanto al hospital para recoger la camisa ensangrentada y el diagnóstico reservado.
Después de haber pasado por eso la vida no es igual. Y, tampoco, el miedo que insiste en tratar de ocultar.
Irene Blanco es una mujer madura, con la fisonomía que mejor puede asociarse a la frontera, ese dejo de “echada para delante” que suele acompañar a la gente, de estructura grande, que vive en el Norte del país. Nada en su ser recuerda la vulnerabilidad.
Sin embargo está afectada, impactada más allá de lo que quiere admitir. Ambas sabemos que la soberbia es mala consejera en los hombres de poder. Y, neciamente, la diputada panista ha denunciado penalmente a Juan Ignacio García Zalvidea por presuntas irregularidades en permisos otorgados para la construcción de hoteles que dañan la ecología de Cancún, entre otros ilícitos, hecho que localmente ha provocado grandes reacciones.
Frente a mí continua con su relato mientras enciende un cigarrillo detrás de otro, ese día, cuando se enteró de las amenazas, comía en casa de Francisco Barrio: “Y guardé silencio”.
Para ella es una afrenta dar a conocer el miedo insiste, y al hacerlo me hace recordar una escena de la película “Verónica Guerin” sobre la vida de la reportera irlandesa que fue primero amenazada y luego ejecutada por los narcotraficantes que denunciaba. Ahí el personaje golpeado, vilipendiado, insultado por el líder de una mafia criminal que había exhibido se refugia en su habitación para no mostrar ninguna debilidad. Semanas después le dispararían desde una motocicleta mientras manejaba su auto y hablaba por el celular.
Las mujeres, definitivo, enfrentamos distinto el temor.
Ese medio día la diputada Blanco se enteró de que su casa, en Cancún, estaba rodeada de “patrullas” sin placas, las mismas que en su calidad de delegada de la entonces Secretaría de la Contraloría habría denunciado porque García Zavildea contra lo que marca la ley tiene dentro de su policía municipal un grupo de “inteligencia” que se dedica a intimidar a sus enemigos políticos. Antes se había enfrentado a las mafias locales, coluditas con servidores públicos federales, que igual controlan el contrabando de puros cubanos que de bailarinas indocumentadas.
La presencia de seudo autoridades del Edil, que tiene entre sus asesores al panista Carlos Medina Plascencia, vino a corroborar lo que le habían dicho días antes, la conversación que éste había tenido para decidir secuestrarla. “Un levantón, como decimos nosotros en Ciudad Juárez, que era muy fácil de realizar por sus amigos, que no le costaría sino unos cuantos pesos” me cuenta en obvia referencia a las “relaciones peligrosas” de García Zavildea con los grandes narcotraficantes que con total impunidad y hasta complicidad federal siguen actuando, viviendo en esa población. Uno de estos grupos estaría detrás del lavado de dinero de los hoteles recién inaugurados, parte de la investigación que la legisladora solicitó oficialmente que se hiciera ante las autoridades federales.
Por cierto, para que no quede duda de las proyecciones del alcalde, hace poco tiempo decidió hermanar a Cancún con Tijuana…
Ella se pregunta qué sigue, qué debe hacer, pero en realidad quiere escudriñar sus propios sentimientos, decidir cómo seguir adelante con las amenazas, dónde esconder el temor, cómo actuar para evitar la impunidad.
La historia volvía a repetirse para ella. Y aquí se vale reproducir lo que asevera Sergio González Rodríguez en su libro “Huesos en el Desierto”, quien a su vez reproduce declaraciones textuales de la hoy diputada: “Vivo con miedo… también vivo con el miedo de callarme, ¿cuál miedo será más válido?”
Ahora el enemigo tiene otra dirección pero detrás, recordemos el arraigo de más de un año al hermano del actual alcalde de Benito Juárez, sospechoso entonces de lavado de dinero, de complicidades con los narcotraficantes, están los mismos apellidos. Y, sobre todo, intereses igual de espurios.
La pregunta que, para ambas igual de válida, nos queda en el aire cuando la noche se vuelve ya madrugada es si se atreverán o se conformarán con las amenazas. Al despedirme pienso en Nicolás Suárez Valenzuela, en esa manera simple de decir que si escuchas los balazos ya la libraste…

Adelante, opina: