La Incapacidad del Estado Mayor Presidencial y la Falta de Respuesta de la Inteligencia Oficial

* Fox Invadido
La forma es fondo.
Tanto en el manejo del poder como en asuntos de seguridad.
Dar un mensaje de vulnerabilidad, no tener capacidad de respuesta ante los “invasores” es infinitamente grave.
Porque se trata del Presidente de la República Mexicana.
Porque era la casa de su madre. Porque campesinos enojados, que no se sabía, tal vez no se sepa todavía si estaban enviados o no por grupos contrarios al gobierno, hasta por extranjeros, se metieron hasta la cocina. Porque fue la hermana del primer mandatario quien los detuvo.
Nada justifica esto.
Y menos todavía la respuesta, tibia y medrosa, del subsecretario de Gobernación Ramón Martín Huerta diciendo que no había pasado nada.
Todo, un todo inmenso sucedió este domingo cuando el rancho presidencial, la casa materna, fue “invadida” sin que la gente responsable de su custodia pudiese o, lo que sería todavía peor pudiese evitarlo.
Hubo, para colmo de males, la más amplia crónica anticipada de esto.
Los medios de comunicación dieron el aviso de que esto sucedería.
¿En qué estaban pensando los oficiales, los soldados, la gente del general José Armando Tamayo cuando dejaron pasar a los cientos de campesinos?
Lo peor es que se demostró, además de la vulnerabilidad, miedo.
Y éste no puede tener cabida en la defensa de la vida, de la integridad, del domicilio del primer mandatario. Porque ahí fue donde llegaron los casi dos mil campesinos con una petición casi de risa, porque poco podrá hacer el gobierno federal para conseguir que les sean pagados deducciones oficiales en Estados Unidos hace casi cincuenta años, en camiones que alguien debe haber patrocinado.
Ahora es muy tarde para que el mismo Vicente Fox amenace con el peso de la ley, lo hecho ya tuvo suficientes consecuencias.
¿Por qué la inteligencia mexicana, tanto la militar como la civil, no advirtió de esto?
¿Por qué el jefe del Estado Mayor Presidencial no tomó providencias, no pidió apoyo, no envió refuerzos al rancho? Justamente horas antes de la llegada del primer mandatario. ¿En qué estaba pensando el general Tamayo supuestamente tan experimentado?
No hay explicación que tranquilice las conciencias mexicanas al respecto.
La institución presidencial debe, bajo cualquier circunstancia, ser protegida. Tal vez hasta de sí mismo.
Porque una cosa son las razones de la mercadotecnia política, de cuidar la supuesta “popularidad” y otras muy distintas las inherentes, inseparables de la banda presidencial que durante seis años está colocada en el pecho de Vicente Fox, le guste o no a él mismo o a millones de mexicanos.
Es el primer mandatario. Punto.
¿Cómo es posible que la defensa de la casa presidencial, que esto es el sitio donde habita su madre y su familia más cercana, haya estado en los gritos asustados pero enérgicos de su hermana, de una mujer desarmada?
¿Qué hubiese pasado si esa turba que entró, literalmente, hasta la cocina hubiese estado armada? ¿Qué puede garantizar que entre los manifestantes no hubiese un provocador, o incluso un asesino?
¿Dónde estaban las autoridades de Cisen, de Gobernación?
¿Dónde estaban todos?
¿Por qué dejar solo, ante las cámaras, ante los medios, frente al mundo entero, al primer mandatario?
Una cosa es la desatención institucionalizada, que ya es hasta motivo de chistes, de todos los asuntos “peticionarios”, ese tristemente famoso “yo por qué” presidencial que se utiliza a la menor provocación para dar cuenta de qué poco le interesa al señor Fox y menos, todavía, es lo que puede hacer al respecto, y otra muy distinta permitir una invasión incalificable.
¿Por qué todas las autoridades optaron por desatender la amenaza?
Triste para quienes conocimos de cerca aquel Estado Mayor Presidencial siempre a cargo, siempre responsable de lo importante, que las crónicas de estos hechos permitan la burla inmensa sobre la altanería y falta de capacidad de ese “teniente Maldonado” que gritaba ser la autoridad, que decía que ahí no pasaría nadie y que fue avasallado en su prepotencia estúpida por la fuerza de los campesinos.
Que no hubiese respeto por parte de estos para la “casa presidencial”, para la imagen materna del primer mandatario, puede tener su origen en la misma conducta pública de Vicente Fox. Pero si en él hay fallas, hay espacios que permitan la burla inmensa a su alta jerarquía, corresponde al Estado Mayor Presidencial cuidar a la institución, salvaguardar lo que representa.
Y no hacerlo es una falla tan grande como la del general Dómiro García Reyes al aceptar los insultos de Luis Donaldo, al doblegarse a sus ordenes contra la mínima seguridad de sus desplazamientos que nos condujeron, a todos los mexicanos, a la tragedia de su asesinato. Esto, lo del rancho San Cristóbal, es igual o todavía más grave…

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