Policias de Dia, Criminales de Noche, sin Recibir Recompensa Alguna

* El Misterio de los Acribillados
Por más que le doy vueltas, que reviso el material, que leo la relación de hechos, que pregunto a los que saben, que escuchó versiones, simplemente me hace falta una pieza esencial del rompecabezas: El motivo.
Y, obviamente, los nombres de quiénes están detrás de ellos. Jefes militares y/o policíacos.
Porque la corrupción estaba arriba, muy arriba.
Nada qué ver con tres tipos que no tenían en qué caerse muertos.
El pasado 20 de enero, casi de madrugada, un parte de la policía de caminos de un accidente en la carretera de Toluca permitió el hallazgo de tres cuerpos brutalmente asesinados y de un automóvil BMW blindado.
Los ahí encontrados no rebasaban los cuarenta años, uno de ellos era capitán segundo del Ejército, los otros dos portaban credenciales que los identificaban bajo las siglas de la AFI, la nueva policía federal dependiente de la PGR.
Ninguno de ellos llevaba dinero.
Y esto es lo más importante. A la vez que lo más ignorado por los responsables del linchamiento público a que fueron sometidos.
No quiere decir que fueron “dulces palomitas”, o que su vida estuviera libre de sospechas. Pero resulta inmoral que se les haya acusado de todas las perversiones, complicidades y corrupciones a imaginar sin prueba alguna.
Porque el capitán segundo Rigoberto Morales Beltrán compró, personalmente, el automóvil blindado pero no existe prueba alguna que fuese para su uso, menos que fuera realmente el propietario.
Quienes conocemos la idiosincrasia de los militares, de los policías, sabemos que no es la primera propiedad que les interesa adquirir. Sea con dinero proveniente del crimen o de sus más honestos ingresos.
Pocos como ellos, tal vez por la misma vida que decidieron llevar, tan volcados hacía su familia más inmediata. Llámese madre o esposa. Pocos tan dados a buscar una seguridad para los suyos que los proteja en el muy probable caso de su muerte. Ellos caminan andariveles de violencia distintos, no lo olvidemos.
Si el capitán Morales hubiese tenido en su mano el dinero que costó el BMW por qué, habría que preguntarlo en voz alta, no compró una casa para su familia. O, todavía concediendo que la inmadurez de su edad lo hiciera egoísta, para qué adquirir un coche blindado…
Quien sigue en el activo militar tiene, por fuerza, circunstancias de vigilancia, de adscripción a unidades militares que hacían hasta estúpida esta compra. Y, sobre todo, inútil que fuese blindado.
Esto queda para los jefes. Insisto, militares, policíacos o narcotraficantes.
¿Qué sentido hubiese tenido transportarse de su domicilio, en una unidad militar, a su oficina, en una dependencia militar, en este automóvil? Pero todavía más absurdo, nunca hubiese podido estacionarlo ni en su casa ni en su “empleo”. ¿Entonces qué uso le hubiese podido dar?
¿Dónde están las cuentas de banco, las propiedades, el dinero en efectivo oculto?
Porque los policías federales pertenecientes a la AFI tuvieron que pasar, como el resto de sus compañeros, el control domiciliario, a la vez que cumplir con sus declaraciones de ingresos. Nunca han existido controles tan estrictos en la institución, sin mencionar las pruebas del detector de mentiras y las del consumo de drogas.
¿Podemos creer que eran tan inteligentes como para engañar a la institución, como para romper por tres años estos controles, como para conseguir continuar en la AFI contra los deseos de sus jefes?
¿Es qué el Ejército Mexicano ya no detecta la riqueza inexplicable de sus jefes más jóvenes, de los que menos ganan?
¿Para qué ser corruptos, narcotraficantes, si no se tiene mil pesos en la bolsa?
César Gameros López no había juntado dinero para pagar el recibo telefónico. Había estado en Sonora, tenía problemas económicos muy serios que hacían que su familia dependiese de su suegro, días antes desayunaba en una fondita muy cerca de las oficinas de la AFI como el resto de sus compañeros que suelen prestarse dinero para la gasolina.
O sea que en verdad estaba fuera de cualquier opción de ganar dinero.
Y no se diga su compañero, que estaba adscrito a la guardia, que vivía en un hotel de mala muerte de la colonia Guerrero, como otros de sus compañeros, con su esposa y su hija.
¿Qué clase de corruptos no tienen para el techo, para la comida, para la gasolina?
Y sin embargo nos apuramos, la sociedad en su conjunto, las autoridades, a enterrarlos como si fuesen los jefes de jefes que cantan en los corridos.
¿Por qué no nos ha interesado saber quiénes estaban detrás?
¿Qué tal si los tres simplemente estaban haciendo un mandado? La lógica nos habla de que obedecían ordenes, fuesen oficiales o no, de uno de sus jefes, incluso del dueño verdadero del coche.
Es obvio que los policías conocían al capitán, que los tres fueron a Guadalajara o venían de Toluca al Distrito Federal, da igual la geografía, por algún asunto que ameritó su muerte. Que los tres estaban, como suele suceder en estos casos siempre, en el lugar incorrecto y en el momento todavía más incorrecto.
Pero la investigación no puede quedarse en el linchamiento oficial y mediático de los tres. En el ocultamiento de sus relaciones peligrosas dentro de la policía y del Ejército.
¿Hubo un cuarto pasajero? Yo diría que tal vez pero antes del acribillamiento, que no está en lo absoluto relacionado con el retrato hablado que tanto se apuraron a circular las autoridades del Estado de México. Ellos venían dando protección a alguien o a algo, ellos estaban en lo que comúnmente se llama “un jale”, un servicio a alguien por lo que iban a recibir un dinero que mucha falta les hacía, que incluso estaban ahí por ser cuates, por una parranda que otro (éste sí poderoso) les invitó.
No querer saber, no querer descubrir la verdad es todavía más grave que cualquier complicidad.
A no ser, claro, que estemos creando la nueva modalidad mexicana de los policías, de las autoridades corruptas: Los muertos de hambre que delinquen por gusto, a cambio de nada, y en horas libres, después de cumplir con su trabajo para medio mantener a sus familias. O sea las autoridades que tienen vidas apegadas al manual por el día y que son criminales de noche exclusivamente por el placer de ambas profesiones…

Adelante, opina: