“Defensa” Oficiosa del General Macedo

* Con Esos Amigos Para qué Necesita Enemigos
Calumnia que algo queda…
Defiende que todos se enteraran del golpe…
Porque lo grave del tema que pretende “involucrar” al general Rafael Macedo de la Concha, agregado militar en Italia, no es lo que dijeron o quisieron decir los señores del FBI sino la defensa oficiosa de su persona.
Simplemente porque a la mayoría de los mexicanos se les había pasado de noche.
No que el diario Reforma no tenga miles y millones de lectores, sino que la saturación de información alrededor del vídeo, de los “Zetas”, de la PGR, del subprocurador Vasconcelos, la presunta complicidad de los AFIs ya tenían repleto el sartén donde se ha cocinado toda el argüende.
Y ni en cuenta, hablando coloquialmente, la mención de dicho periódico.
Había pasado de noche.
Justamente lo que un buen jefe de prensa califica como daño menor. No había habido mayor estridencia, era domingo, un renglón que no decía nada, que hablaba de supuestos, que relacionaba sin argumento alguno al general Macedo con uno de los muchos carteles de la droga, sin siquiera dar fuente de información.
De ahí que parezca mala leche, o una muy desafortunada orden presidencial que se desvió años luz de su objetivo primario, la respuesta oficial.
Que es lo que viene a magnificar el tema.
Porque el escándalo se origina, ahora sí, en la defensa oficial y oficiosa, cargada de conceptos vacíos e igualmente falta de pruebas, del exprocurador.
Como si a estas alturas de la historia fuese suficiente con exculpaciones públicas, hechas por el propio gobierno que es parte interesada en el asunto.
La muy lastimada credibilidad pública, esa percepción social que es tan negativa para el gobierno del Presidente Fox, simplemente se vio alimentada con mayores elementos para agrandar el rumor. Nada sólido, nada que pueda ser irrebatible y sí, mucho, morbo popular.
Además de conseguir, de forma mecánica, divulgar la nota del diario Reforma, que en los hechos era un refrito de una nota del matutino Impacto.
Y el pobre militar atado de manos y calladito de boca en su oficina de Roma, sin poder decir nada a favor. Tragando sapos que ya no le corresponden, por nada.
Tal parece que la tregua de campañas políticas ha dejado espacios propicios para el chisme. Que es propicio en los lavaderos pero no en el medio periodístico que se pretende serio, menos todavía en las altas esferas oficiales.
Primero que nada Rafael Macedo no necesita defensas. Si el gobierno de la República decidió literalmente echarlo del país después de haberlo utilizado, si sus enemigos dentro de las fuerzas armadas se han regocijado con su obligado exilio, si han sido largos estos meses de gran desgracia pública, para qué pretender dañar una imagen pública de por sí destrozada.
Para ser franca, Macedo de la Concha no significa nada, absolutamente nada en el tablero de acomodamientos sexenales, en aquella pizarra del poder público actualmente. No tiene monedas de cambio ni siquiera entre sus pares de uniforme militar. Entonces no había ganancia posible, lo que quisieron destruirlo ya lo consiguieron, de sobra.
Y si hubiese algún elemento, algún pequeño indicio de cualquier complicidad con los submundos criminales, ya se hubiese utilizado formalmente, no en un diario, en su contra.
No es santo de muchas devociones presentes.
Por eso salta tanto el ataque. Y todavía más la interesada defensa.
Macedo de la Concha cumplió en su tiempo con muchas encomiendas difíciles, delicadas del Presidente Fox. Encabezó un esfuerzo institucional que llegó al fondo de muchas broncas de la PGR, por ejemplo la falta de los más elementales recursos materiales en las delegaciones estatales. Hizo su trabajo con apego a las órdenes superiores, como lo que es: un soldado.
No tiene aspiración alguna, no forma parte de ningún grupo político, no está en la mesa de la discusión pública. Por eso no había necesidad.
Objetivamente Reforma no tenía elementos para el encabezado, menos todavía había razones para la poco usual defensa oficial y oficiosa que más bien parece un deseo presente de golpearlo, de magnificar el tema para colocarlo en la situación de fragilidad que no existía, para traerlo al templete donde se reciben los jitomatazos… ¿Había necesidad?…

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