Baja a la Mitad la Popularidad de la Esposa de Fox

* ¿Por qué Dejan Sola a la Señora Marta?
Alguien debió haberle comprado sus vestidos.
Por lo menos. Así, con encargo, como un acto de generosidad cristiana.
Para evitarle el ridículo por lo menos. Para que pudiese decir que hizo algo a favor de los desvalidos, total igual los tiraban a la basura después, que tanto es tantito para las ricas que salen retratadas en las revistas de sociales y que hace pocos meses se daban de codazos por aparecer cerca de la señora Fox.
Ahora lo que se puso de moda es dejarla sola.
Tanto así que ni el destino de Lilian de la Concha será igual de triste, porque a final de cuentas a sus hijos e hijas no los han acusado tan violentamente de cosas tan feas, al menos no a tres de ellos que ya es ganancia.
La señora Marta estaba en la gran incertidumbre de convertirse en candidata presidencial o retirarse de la política hace pocos meses, y ahora no le queda sino confrontar chismes y chismes y más chismes que han logrado bajar su popularidad a la mitad de lo que tenía hace pocos meses.
Y eso que se ha disfrazado de mezclilla para ir a entregar obras sociales con el marido y de ama de casa venida a menos para asistir al juzgado a enfrentar preguntas incómodas.
Lo cierto es que según la encuesta del diario Reforma, publicada este domingo 14 de agosto, de 61 por ciento de la población que opinaba favorablemente de esta mujer provinciana que alguna vez vendió quesos, hechos con sus propias manos en noviembre del 2002, ahora solamente un 31 por ciento tiene la misma certeza. O sea, para que nos entendamos, que les dejo de caer bien a un montón de personas, millones pues.
Y todo por unos cuantos libros, por artículos, por denuncias, por sus vestidos, por sus alhajas, por sus declaraciones, por una sobrexposición frente a la sociedad… pero, sobre todo, porque ya se les está acabando el tiempo del poder.
Que, afortunadamente, en este país sigue siendo un ciclo sexenal.
Y lo que comenzó va a terminar pronto.
Lo peor, pobre mujer tan ingenua, es que será recordada por sus sábanas de cuatro mil pesos, por el toloache, por sus escándalos, por sus ventas de ropa usada que fueron un fracaso, por su fundación Vamos México, por sus arreglos cosméticos, por sus peinados, y no por una sola de sus palabras.
Eso si es que se va al rancho con su marido. Aunque su exmarido diga, desde ahora, que no, que de ninguna manera se puede esperar que a Marta Sahagún la “enratonen” en el rancho de la familia Fox.
El balance es muy desfavorable en todo sentido.
Y puede ser que no se lo merezca, si somos de criterio amplio.
Total lo que más ambicionaba era casarse con su novio oculto, con el amor de su vida que se adueñó de su pensamiento desde que era una mujer casada con un veterinario que según sus propias palabras la “maltrataba” de palabra, obra y omisión. Y conste, para cualquier efecto pertinente, que ante el juez que lleva el caso contra el semanario Proceso la señora esposa del Presidente de la República declaró, con valor legal, textual: “Sólo hice menciones de lo que siempre fue público, el maltrato”. Esto con relación a su matrimonio con el anterior esposo y padre de sus hijos.
Las reporteras Anabel Hernández y Arelí Quintero, que hasta la fecha no han recibido notificación alguna de una demanda legal en su contra, escribieron un libro titulado “La Familia Presidencial” que es, con mucho, más lapidario que el escrito por la periodista Olga Wornat. Y se está vendiendo como pan caliente.
¿Qué sigue para la señora Marta? Digo para la mujer, la esposa, la abuela y demás.
Supongo que antes que nada detener la gran caída pública de su “popularidad”, antes de que se convierta en la primera dama más odiada de nuestra historia.
Y luego decidir si va a optar por una candidatura al Congreso, senadora o diputada, por la vía de elección directa o plurinominal, por el PAN o por cualquier otro partido, antes de que sea demasiado tarde y no le convenga a nadie su cercanía.
Supongo que también alguien le debería aconsejar exigir a sus amigas, a sus socias, a sus colaboradoras, hasta sus familiares que por lo menos en público no la dejen tan sola, que todavía le faltan unos meses y puede dar manotazos fuertes, o murmurar palabras dulces en la noche a quien debe hacerlo… o sea, recordarles, que no está muerta ni andaba de parranda, que todavía manda en este país aunque medio golpeada por la baja de popularidad y demás…

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