Al Final Serán Ellos Quienes Muevan a Lopez y Madrazo

* La Nueva Guerra Entre Salinas y Camacho

Se pierden las guerras contra la violencia en todo el país. Una de las razones, que incide en la tesis de Alejandro Gertz Manero, para este fracaso del Estado la ha certificado Miguel Angel Yunes: Falta coordinación entre las policías del país.
De donde el círculo se cierra sobre sí mismo. No somos lo que podemos, queremos ser, porque no se hace lo que se debe hacer. Punto.
Otras batallas apenas comienzan.
A todo aquello que se quedó en el cajón de los pendientes. Porque en esto de las confrontaciones “a morir” lo que habrá de prevalecer siempre es la ira, el enojo, la indignación, el dolor que se acumularon. Y en cuanto más profundos sean estos sentimientos, más tremendo será el enfrentamiento.
O, es que alguien puede dudar que en la política las vísceras manden más que la razón…
Y eso, lo que le ha quedado indigestado, incrustado en el hígado a ambos de su relación, es lo que se pondrá en juego.
Porque los verdaderos protagonistas de la próxima batalla electoral, porque ambos quieren el poder desde antes de encontrarse en la universidad, serán Manuel Camacho Solís y Carlos Salinas de Gortari.
Este es el verdadero espectáculo que debemos prepararnos para atestiguar.
Como el “Circo Romano” solamente que no habrá árbitro, que nadie estará presente para levantar el pulgar concediendo el perdón.

CAMACHO DETRÁS DE ANDRES MANUEL

Manuel fue, nadie puede dudarlo, el mejor amigo. El cómplice político, el consejero, el compañero, el interlocutor de Carlos.
Fue él quien intervino abierta e inteligentemente para que éste pudiese hacerse legítimamente de la silla presidencial después de las impugnaciones de la oposición. Fue, además, el operador en el extranjero y con medios.
A partir de ahí su presencia en el real poder político nacional, en las decisiones que cambiaron la historia, fue innegable hasta el día del destape de Luis Donaldo.
Ahí, en esa hora de finales de noviembre, ese domingo, esa reunión donde estuvo presente Manuel Aguilera, en esa decisión de seguir adelante sin romper con su “cuate” se escribió una vuelta más del destino que, por segunda vez, los dejaría fuera de la candidatura presidencial.
Luego vendría la recapitulación amorosa, como sucede en las historias complicadas, que lo llevó a Chiapas y al exilio voluntario de la lucha posterior por el poder.
Pasaría mucho tiempo para que rompiese, de verdad, un vínculo más que profundo. Para que se decidiera a la separación más cierta.
Hoy esa misma energía, esa fuerza creadora que fue puesta al servicio de una misión que se le había vendido, que Camacho Solís había “comprado” como plural, de dos en igualdad, está siendo usada para destruir.
Ambos, Carlos y Manuel, necesitan un espacio de poder. Para ser, para regresar, para volver a gobernar así sea a través de otro.
Y eso es lo que se están jugando.
Ambos eligieron bien a sus “candidatos”. Sobre todo en función de lo que pueden darles, complementarlos. Ambos serán los directores responsables, los hacedores del triunfo y la influencia que podrían obtener es inmensa.
Camacho Solís es para Andrés Manuel el operador de excelencia que conoce hasta el último recoveco del sistema político, que se mueve suavemente en los círculos de la inteligencia, de los medios, de los empresarios, de toda la red de vinculaciones construidas desde hace dos sexenios.
Basta la referencia de haberle proporcionado a Elba Esther Gordillo su primera gran instancia, la que además permanece hasta hoy como su apoyo, de poder: el liderazgo magisterial.
Manuel es un experto en negociaciones. En conciliar opuestos, en poner imposibles al servicio de una causa política.
Y de los empresarios de Monterrey se puede desplazar hasta la selva chiapaneca, pasando por el poder de la alta jerarquía de la Iglesia Católica, como quien va patinando una tarde de domingo en alguna explanada.
Pero lo más importante es su consejo. La manera en que puede decirle a oído que debe decir y dejar de decir, refrenar de su pasión tropical, de su personalidad de “iluminado” y salvador de la patria, en que tiene que presentar su proyecto de país para convencer a millones.
Es el gran estratega que encuadra perfectamente con el carisma popularecho de Andrés Manuel. Lo que sostiene y da consistencia sólida, de gran liderazgo a una personalidad carismática pero enloquecida, que sigue escuchándose con inmenso temor en grandes sectores sociales.
Lo más importante de todo esto es que Andrés lo necesita hoy como candidato y lo necesitará todavía más si llega a convertirse en Presidente de la República, además de que su manera de ser, hasta lo provinciano, le augura un gran futuro a esta alianza. No es propicia para terminar en traición.

EL JUEGO DE CARLOS SALINAS
En cambio el expresidente de la República tiene que agarrar de santa sea la parte, para ser muy clara, primero a Roberto Madrazo.
Esa es la gran diferencia.
Porque el otro precandidato presidencial, también tabasqueño, ha demostrado una gran falta de memoria para sus compromisos. Sean de lealtad personal o aquellos de su historia política. Simplemente no cumple.
Y Salinas ya tuvo su cuota de infamia con Ernesto Zedillo. Así que tampoco meterá las manos al fuego tan fácilmente.
Sabe que una vez llegado al poder Madrazo Pintado le puede, en los sentidos más amplios de la conjugación de capacidad, dar una patada y mandarlo muy lejos. Por eso debe subir la “cuota”. Debe ser indispensable. Debe tener garantías de que Roberto tendrá que portarse bien con él una vez que tenga la banda presidencial impuesta.
Esta es la gran bronca. Por eso existe Arturo Montiel en el universo salinista. Y también Elba Esther Gordillo.
Ambos son parte de una gran operación política.
Ambos, como muchos otros pueden convertirse en simples peones que deben ser eliminados por la razón del poder, o en los grandes adversarios de la ambición futurista de Roberto Madrazo.
Como aprendió la lección al ganarle la elección a un oscuro burócrata que se convirtió en su peor enemigo primero, antes que cualquier otro paso, Salinas de Gortari tiene que tener en sus manos enteramente a Roberto, tiene que saber que no habrá poder alguno, ni siquiera aquel del propio carácter de Madrazo Pintado que le permita traicionarlo.
Si no tiene esta seguridad, Carlos Salinas jugará hacía otra opción.
Que puede estar abierta hasta para un panista.
Pero nunca a favor de Andrés Manuel porque significaría entregarse, ponerse de rodillas frente a Camacho Solís.

ASI QUE LO QUE VEREMOS

El espectáculo será de antología. Todo se vale. Desde el voto del miedo hasta las entrevistas con corresponsales extranjeros, el cobro de facturas a quienes se favoreció en el pasado, el sacar todos los trapitos al sol, los carruseles de votos, las redes ciudadanas en los pueblos más apartados (o es que alguien puede creer que la visita a Chalco fue un acto de inocencia), el dinero, el dinero que tiene muchos ceros y, también, la inteligencia.
Como si no fuese suficiente con todos los “asegunes”, lo que viviremos los mexicanos es una gran batalla pero no en las urnas, no frente a las boletas de electores, sino entre dos examigos que un día creyeron que el mundo les pertenecía desde Los Pinos y luego han vivido lo que ellos califican como una gran suma de traiciones entre sí. Es una pugna tan profunda e irresoluble que puede cambiar el curso de la historia nacional.
Y, sobre todo, habrá de afectar el destino que tengamos como sociedad y como nación.
Todo porque una mañana un profesor oaxaqueño, que desafortunadamente para él todavía cree en Ulises Ruiz, decidió presentarlos porque ambos se parecían…

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