Perder lo Mas por lo Menos…

* La Ciudadana Marta
Supongo que era su primera vez.
Y vaya que es impactante entrar a un recinto judicial, a uno de esos cubículos donde las reglas y los modos son tan distintos como agresivos contra el ciudadano.
Sea quien demande o quien sea demandando.
Los juzgados, sean civiles o penales, no están diseñados para la dignidad del ser humano. Menos todavía para que esto se lo que prevalezca contra el poder, temporal, de los jueces.
Uno se convierte en cosa, en algo muy vulnerable ante las prepotencias de quienes tienen absoluto control. Y debe, simplemente, obedecer.
A eso hay que agregarle la presencia, tremendamente agresiva, de medios de comunicación que buscan atestiguar la mínima confrontación con la otra parte, sea demandante o demandada, que están al acecho de tu debilidad.
No es el mejor escenario a imaginar.
Por eso resulta explicable que le temblasen las manos. Al menos eso dicen las crónicas del encuentro, el viernes cinco de agosto del presente año, de la señora Marta con su demandada, la periodista Olga Wornat en el juzgado Décimo Segundo de lo Civil en la Ciudad de México.
Aunque la diferencia es el poder. Esa estructura de protección oficial que pagamos millones de mexicanos para que, tan inaceptable, la señora Marta actúe como “simple ciudadana” en la defensa de sus intereses. Ahí se manifestó, como pocas veces, este absurdo inmenso.
O es que alguien puede pensar que las autoridades judiciales no estuvieron más que impresionadas ante los oficiales del Estado Mayor Presidencial ahí presentes, ante todo el aparato del poder que iba con ella.
Todo para responder preguntas incómodas, para caer en trampas de los abogados de la parte contraria, para insistir en contradicciones de su conducta pública que no tienen justificación como su enojo por la ventilación de algunas partes de su intimidad cuando ella ha sido la primera en divulgar otras. Y aquí tuvo que hablar hasta de sus novios, a pregunta expresa de la autoridad.
Tiene que haber sido muy humillante, aún para ella. Y sin salida posible, sin que tenga posibilidad de ganar. Porque incluso si el juez decide cobrarle una cifra millonaria a la señora Wornat y al semanario Proceso la percepción de la sociedad no será a su favor. No podrá negar nunca que es verdad lo de los golpes y lo de su vida sexual impresa en letras ágata. En sí estar frente a un juez, a abogados, respondiendo a preguntas intimidatorios es una iniquidad inmensa. Y, sobre todo, en ningún momento se habló de verdad o mentiras. A partir de ahí todo es una gran perdida…

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