De Otra Manera la Historia de las Granadas es Gravísima Para la Seguridad Nacional

* Lo Menos Grave es Admitir que Tienen Proteccion Militar
A estas alturas del desastre nacional, cuando lo mejor sería cerrar el país por un rato e irnos de vacaciones junto con el cónsul de Nuevo Laredo, lo menos malo sería admitir que los narcotraficantes, los sicarios a su servicio, cuentan con protección militar.
Admitir que hay, que ha habido complicidad de algunas autoridades castrenses, digamos que en los mandos medios, con sus “excompañeros de armas” hoy al servicio de los narcotraficantes sería una explicación más que bienvenida a estas alturas de la historia patria.
Es decir, la verdadera. No aquella que cada día maneja desde sus discursos, en sus anuncios oficiales, en sus mensajes de campaña partidista el señor Vicente Fox.
Porque de otra manera todos, comenzando con el titular de la Secretaría de la Defensa Nacional, tendríamos que estar temblando de miedo ante la capacidad del “crimen organizado” demostrada en un palenque de Jalisco. Mas nos vale que el asunto de las granadas, como tantos otros en Tamaulipas, como el asesinato de los agentes de la AFI en Quintana Roo, haya contado con el beneplácito de autoridades militares de algunas zonas.
Es decir, que sea un caso aislado de militares y exmilitares coludidos con el narcotráfico. Que incluso pueden pertenecer al grupo armado conocido como “Zetas”.
Hasta ahí podríamos dormir en paz.
Porque si no es así, cualquier día nos vuelan a todos por los aires. Si los criminales tienen tanto dinero y ahora cuentan, también, con armas y personal altamente capacitado para su manejo, si tienen la complicidad de autoridades locales para moverse libremente en las ciudades del país que les plazca. Si, además, pueden asesinar impunemente en un auditorio popular al número de personas que les de su gana, algo está muy dañado en la seguridad nacional.
Que es obligación de los militares, más que hacer discursos y/o intervenir llamadas de periodistas, salvaguardar.
Lo que sucedió en Tonalá la madrugada del domingo rebasa cualquier previsión sobre el daño que el narcotráfico nos está haciendo como país. Se trata de un atentado de una gravedad y de consecuencias más allá de cualquier adjetivo.
Simplemente porque nos demuestra que no hay límite para esta gente, para su poder, para su capacidad destructora. Ni moral ni legal ni de capacidad de respuesta del Estado Mexicano, comenzando con las fuerzas armadas hoy más cuestionadas que nunca por su pasividad ante realidades que solamente un ciego puede negar, como es la entrada de droga y su libre tránsito por el país.
Lo de las granadas es un juego de grandes, es un parteaguas que tiene que ser atendido con urgencia. Ojalá alguien en algún lugar de Los Pinos lo entienda…

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