El Tiempo, Ese Gran Enemigo que Todo Destruye

El tiempo no pone a cada cual en su sitio, sino en aquel lugar que se ha ganado en la vida. Para algunos esto es sinónimo de paz, de libertad, de encuentro, para muchos seres humanos no es sino espacio de confrontación permanente con el interior.
Se busca, incesantemente, el sentido.
Ese significado que le otorga a la vida la única traducción posible, aquella de vivir. De seguir viviendo como si hubiese un mañana cuando lo único que tenemos, a veces ni eso a cuantificar, es el aire transparente e inocuo del presente.
Se busca, cotidianamente, los asideros donde van quedando trozos de sueños que fueron. Y decir esto, que fueron, suele ser en el mejor de los casos, todo. Sueños que nos soñaron como protagonistas de otros sueños.
Y un día todo se detiene.
Supongo que así será. Dice un amigo que es el balazo que no se oye.
A ese instante no le tengo miedo. Llegará como todo en su hora ya escrita, frente a quien corresponda y quiero imaginar que habrá una mano generosa que cierre mis ojos. Entonces ya nada tendrá preguntas y menos, menos todavía respuestas.
Hoy el tiempo solamente es el andarivel donde subimos nuestros pasados como si fuese posible el olvido, como si el espejo nos pudiese devolver lo que otros miraron en nosotros. Hoy es el mañana que no será y el ayer que difícilmente se aferra.
Hoy es una fecha distinta. Porque los seres humanos tenemos la necesidad de otorgarle protocolos al tiempo, de marcarlo con números y diferencias para regalarnos un ratito, tan pequeño e inasible, de inmortalidad. Como si al escribir el cuaderno de las fiestas le dijésemos al tiempo que por unas horas ganamos la guerra.
Esto, que sea una fecha marcada en el calendario con un círculo lúdico, permite la memoria en línea recta. Desde el vestido infantil cuyo almidón molestaba, la piñata, la algarabía contagiosa, o la espalda desnuda que fustigaba buenas conciencias, la mano pequeña de Bruno que acompañaba pasteles. Todo ha sido lo que tenía que ser, en medio de llantos que inundan el océano de mis soledades y carcajadas que solamente pueden ser inventadas en la madrugada de los brazos precisos.
Esta es la amalgama de lo imposible. De ese vestido negro a estrenar frente a un viejo sueño roto, de cara a la olla de mentiras que encontré después de desandar los colores del arcano. Una vez en el camino, caminando como si hubiese destino… El tiempo que es el gran cabrón, el tiempo que todo habrá de iluminar un día, el tiempo que será oscuridad en su abismo más terrible, solamente eso, el tiempo…

Adelante, opina: