En Contraparte los Exgobernadores Arropan a Felix Gonzales…

* La Violenta Amenaza en Quintana Roo
Chetumal, Quintana Roo.- Es el sur que han querido incorporar al desarrollo desde el inicio, la capital devastada por ciclones, la sede de los poderes que puede convertirse en pueblo fantasma, el punto de referencia en la tiempos del chicle y la madera, el sinónimo de “omisión” en esta tierra de “promisión”. Chetumal, Quintana Roo que se mantiene cercana a los beliceños, ajena a los extranjeros que viven en Cancún, víctima de la violencia.
En los diarios aparece la fotografía de un hombre ejecutado. Clásico crimen del narcotráfico. Espeluznante porque su cadáver no apareció en la salida de Cancún sino en las cercanías de Carrillo Puerto, baluarte maya lejano de los juegos de la droga.
Su fisonomía, dice la información y puede observarse en las imágenes, corresponde a alguien del Norte. Igual que su ropa, que sus botas, que su cinturón.
Nada extraño en un territorio donde los “norteños”, los de la Laguna, los de otros sitios muy lejanos recibieron dotación territorial hace más de treinta años, cuando apenas se imaginaba que habría de convertirse en el Estado Número 32 de la República.
Pero todavía más común si nos basamos en las cifras espeluznantes de la gran cantidad de droga, se habla incluso del 60 por ciento del total, que entra al país por esta frontera.
Usos y costumbres distintos que son obligados por esta realidad.
Como una base de entrenamiento cercana a Bacalar, supuestamente para grupos militares de elite, esos que oficialmente no existen. Y que este sábado, 25 de junio, festejaban en número superior a los cuarenta en una comida en el restaurante del Cenote Azul. Cuenta tan elevada en precio para su salario que podría despertar dudas en cualquiera que haya visto su juventud, su corte, su estilo.
Porque también aquí están los “Zetas”. Los originales y los mugrosos que solamente amenazan por teléfono, como hicieran hace una semana al teléfono de mi recamara.
Pero eso no es lo importante, sus amenazas son eso, sino la permanencia física aquí mientras la incapacidad supina de la delegada de la PGR es cada día más manifiesta, notoria como su necesidad de “uniformarse”, creyendo que está en sexto de primaria en algún colegio de monjas. Imelda Calvillo, que así se llama la joven abogada, no tiene idea de qué sucede con las muertes, con los “zetas”, con la violencia. O, por qué no creerlo así, le conviene no enterarse por los obvios intereses económicos que se manejan.
De tal forma que encontrarse con un grupo de supuestos militares festejando, bebiendo, cantando estremece porque podrían ser los narcotraficantes, los sicarios fueron originalmente parte de un grupo castrense. Nada los separa, nada pinta una raya entre ambos. Al contrario.
Las muertes violentas son ya una realidad en esta tierra que conocí hace treinta años.
Y que hoy está gobernado por un hombre que en los días en que Quintana Roo luchaba por dejar se ser territorio estaba en el kinder en Cozumel.

EL NUEVO GOBERNADOR DE QUINTANA ROO

Es un hombre muy joven. Lo que también puede ser la mayor ventaja. Sobre todo porque es vivo, y también está a las vivas con los problemas que le tocaron, que son los mismos de hace treinta años pero peores.
Bajo el pretexto de la inauguración de una sala de lectura con mi nombre, porque doné mi biblioteca, más de cuatro mil libros, después de perder mi casa por los pleitos de daño moral con Sasha Montenegro, los exgobernadores de Quintana Roo fueron este viernes a demostrar su capacidad de unidad en torno a Félix.
Lo que resultó verdaderamente excepcional.
Porque el primero de ellos, Jesús Martínez Ross, es ya miembro del partido Convergencia. Y Miguel Borge, con toda razón, está más que sentido con Joaquín Hendricks porque no fue candidato a presidente municipal de Solidaridad, en cuya cabecera Playa del Carmen vive modestamente. No se diga por la cercanía de una campaña donde Addy Joaquín Coldwell, hermana de Pedro, fue la candidata perdedora junto a Félix.
A lo que debe agregarse el poco tiempo, menos de tres meses, que tiene Joaquín Hendricks fuera del poder.
Que ellos, junto con el hijo de Mario Villanueva, estuvieran reunidos, sentados en la misma mesa, hablando cordialmente, después del acto en la biblioteca, fue uno de esos “milagros” políticos.
Y que permiten esperanza con relación al futuro de Quintana Roo. Se trata de quienes encabezan, mandan en todos los grupos políticos locales. Y por lo tanto quienes mayor influencia tienen en todos los ámbitos del poder formal en el lugar.
De por sí la ceremonia había sido emotiva. Pero lo más importante, independientemente de los años, esos mismos treinta que tiene de vida política la entidad, que tengo de profunda vinculación con Quintana Roo y sus gobernantes, fue la voluntad de demostrar solidaridad con Félix.
Que, por otra parte, el muchacho se lo merece. Llega limpio, con buenas intenciones, con ganas de hacer las cosas, sin lastimar a nadie, paciente con quienes pretenden engañarlo y ya comienzan a quedarse atrás en este camino de resistencia, con ánimo precisamente de sumar, con vocación de no permitir que la violencia, que la corrupción les ganen la batalla.
El tiempo pasa, vaya que pasa con su gran estela de cambio sobre la piel, los cuerpos, hasta el tono de voz. Sin embargo, de frente a quienes significan tiempo importante de mi pasado, de mi vida toda, lo fácil fue recuperar lo que fuimos, lo que éramos entonces.

ALGUN FRAGMENTO DEL TEXTO LEIDO EN LA BIBLIOTECA

La lluvia caía implacable. Con su diagonal perfecta. Como si en cada gota de lluvia pudiese anidar un pájaro de plumaje multicolor. O fuesen sembrados peces sobre la tierra. Escena de Macondo, traspasada a un nuevo siglo alumbrado de neón y realidades virtuales. Yo veía llover en Chetumal como una pasajera de mi propia vida, agolpada de recuerdos que imbricaban tiempos con iniciales, en profundo desorden.
En aquel tiempo, como hoy, un puñado de jóvenes imaginaban el ejercicio de gobernar. Sacaban la cabeza del caparazón de mil tortugas que los había protegido, aunque también limitado.
Mi llegada a Chetumal era parte de una gira para entrevistar gobernadores del Sureste, principios de 1977. Lo primero que encontré, usos y costumbres de entonces, fue al secretario de gobierno en el improvisado aeropuerto. El encuentro con Jesús Martínez Ross, gobernador constitucional, el primero, sería esa noche en la casa oficial que era el tercer piso, a salvo de los huracanes, del palacio de gobierno, frente al malecón.
Recuerdo las escaleras, que siguen siendo las mismas que cada día debe pisar el nuevo gobernador, 36 años apenas, Félix González que en ese entonces jugaba con sus amigos de primero de primaria, y también tengo grabadas las botas del jefe de la zona militar, general García Rojas. Tanto como su látigo y sus guantes y su gesto solemne.
Al día siguiente me fui con el grupo de visitantes. Había una lancha, había un país nuevo, un mar sin límite, una suma de verdes insostenible contra el cielo, un tiempo que transcurría fuera de los relojes.
Fue la primera vez.
Semejante a esa oportunidad de tocar el hielo que tuviese alguna vez Aureliano Buendía.
Con Carlos Calcaneo, guía de excelencia, me llené de selva, de olores, de salvajes amaneceres chillando pájaros en Contoy, de soledades salubres en Punta Allen, de todo lo que correspondía.
A partir de esos días, hace casi 30 años, aprendí a escuchar el mismo conflicto irresuelto, la idéntica necesidad de recursos, la mejor vocación en el estilo de cada cual, todo sobre el mismo mapa de la desigualdad entre el norte y el sur de Quintana Roo, entre la avalancha de recursos federales en Cancún y el atraso milenario en la zona maya.
Ahí comenzó mi pasión, mi historia, mi vinculo más profundo con Quintana Roo…

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