Dos Encantadores de Serpientes en Guerra…

* En Chiapas se Enfrentan el Subcomandante Marcos y la Ambicion Futurista del General Morales Fuentes
La primera vez le tocó a un general de división que venía de regreso de todo, que había estado cerca del poder presidencial por muchos años, que había vivido las fiestas de guardar después de haberlo perdido y que recién había conseguido un espacio dentro de la estructura castrense. Un general de división con experiencia singular, con mando, con fuerza, con una ubicación vital privilegiada que, si me apuran, no perseguía ningún futuro.
Estoy hablando del general Miguel Ángel Godínez Bravo, exjefe del Estado Mayor Presidencial, que tuvo como responsabilidad histórica el estallamiento de la guerra moderna, primera en su tipo, declarada unilateralmente al Ejército Mexicano en Chiapas el primero de enero de 1994.
Ahora le toca la misma responsabilidad a un general que puede y quiere, está ahí para probarlo, ser titular de la Secretaría de la Defensa Nacional.
Que aunque también estuvo en el Estado Mayor Presidencial, precisamente bajo el mando de Godínez Bravo, recibió lecciones muy distintas del poder presidencial que se ensañó en su contra, antes de ascender a coronel.
Corresponde al general Juan Morales Fuentes, joven divisionario a sus recién cumplidos sesenta años, confrontar la nueva embestida de guerra que ha declarado ya, formal y sobre todo mediáticamente, el Subcomandante Marcos.
En su antesala del poder, aunque para algunos expertos en el Ejército, el titular de la Sedena ya tomó partido por el general Ángeles Dahuajare, habrá de jugarse el pellejo para que no haya muertos. O, en su lugar, para lograr ocultar la verdadera cifra de estos como se hiciera en 1994 donde se tomó la decisión, histórica, equivocada de negar el número de bajas dentro de las fuerzas armadas. O, también es una opción para que los muertos hablen a favor de Los Pinos.
Morales Fuentes también estuvo en el extranjero, solamente que mientras Godinez Bravo vivió en las afueras de Roma en una villa, lo hizo en Egipto, cuando su capital, la ciudad de El Cairo era un gran bazar de contrastes y muy pocas comodidades. Es egresado del Colegio de Defensa Nacional donde aprendió a vencer su tartamudez y de ser campeón de salto ecuestre consiguió revestirse de una educación sofisticada.
Es, pues, el ejemplo del nuevo jefe militar. Educado, que habla otros idiomas, que ha vivido, que ha viajado, que ha leído libros, que ha renunciado a lo que le interesa, incluso a la mujer que amaba, por así convenir a sus intereses de trabajo, a su ambición de poder. Y, no olvidar, que por esa misma mujer tuvo siempre un gran contacto con el mundo del poder real en nuestro país. Sabe de qué lado mascan las iguanas que habitan Los Pinos en toda amplitud. Es un enemigo más que interesante a vencer para el romanticismo y la gran habilidad de Marcos. A éste le va el pasado, a Juan el futuro y su medianía, y su cómoda visión en el espejo de cada mañana. O el poder siempre soñado. Para él y para su grupo.
Como el Subcomandante, el general Morales Fuentes es un buen encantador de serpientes. Un gran seductor de sus interlocutores que podría, incluso, ganarle una batalla en los medios si así se lo ordenasen sus superiores.
En cuanto a la guerra, en el campo de batalla, no tiene tanta experiencia pero tampoco está manco. Lo que faltaría, lo que no sabemos millones de mexicanos es si el alto mando presidencial y formalmente depositado en el general Clemente Vega García, titular de la Sedena, estará dispuesto en esta ocasión a meterse de lleno en una guerra que no ha dejado de existir, que siempre ha sido una asignatura pendiente para los militares.
De hecho es, ha sido siempre su obligación.
Pero ya vivieron, ya saben, Morales Fuentes más que muchos otros jefes castrenses, que los políticos no son confiables, que suelen dejarlos colgados de la brocha y luego los persiguen, los enjuician y hasta los encarcelan por haber obedecido sus ordenes.
Esta nueva confrontación es, como lo fue en 1994, de personas y de medios de comunicación. Marcos es el mismo, tiene tal vez hasta mayor control sobre algunos medios, el Ejército no ha conseguido estructurar una política de comunicación social correcta. Y también está el final de este sexenio, la incertidumbre de lo que viene y el fracaso de los famosos quince minutos en que todo iba a quedar solucionado.
Así la nueva guerra de Chiapas tiene nuevos protagonistas, los mismos viejos vicios, las debilidades de entonces presentes, y la necesidad de muerte para una causa político que está imbricada con la sucesión presidencial.
Lo primero será conocer cuáles serán las órdenes superiores. Y a partir de esta ver de qué cuero, que viejos y todo los dos, tanto el Subcomandante Marcos como el general Juan Morales lo son a su manera, salen más correas…

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