Contra el General Luis Gutierrez Oropeza y Luis Echeverría Alvarez

* Ordenes de Aprehension por el 68
Parteaguas histórico, que paradójicamente deberá contabilizarse a favor del Ejército, la semana próxima habrá ordenes de aprehensión contra el expresidente Luis Echeverría y un grupo de militares que habrían participado en los hechos del Dos de Octubre, muchos de ellos señalados por su vinculación con la utilización de un guante blanco en los hechos de la Plaza de Tlaltelolco.
Con esto se habrá concretado, después de años de esfuerzo contra todos, la función esencial de la fiscalía para crímenes del pasado que encabeza Ignacio Carrillo Prieto.
Y dada la nueva realidad en la PGR es de esperarse que, a diferencia de lo sucedido en meses pasados, algunas de estas órdenes de aprehensión se concreten. Así sea, dada la edad de los protagonistas, para que los responsables sigan en su casa el juicio. Casi todos, no lo olvidemos, rebasan los ochenta años.
Lo importante será, definitivo, el paso contra la impunidad.
Y hacía dentro de las fuerzas armadas se habrá establecido como verdad lo que fue, durante muchos años, un rumor dañino y repetido en voz baja: la traición de compañeros militares.
Porque contra lo que declaró el abogado Juan Velásquez, que es una “teoría fuera de contexto”, precisamente esto fue lo que sucedió el Dos de Octubre en la Plaza de Tlatelolco, tal como se puede apreciar claramente en las imágenes de aquellos videos entregados a la opinión pública por el general Antonio Riviello el 23 de diciembre de 1993, desde la jerarquía de titular de la Sedena.
Después de ver imágenes en que los militares bajo el mando directo del general Hernández Toledo corren a protegerse de disparos que no vienen de los departamentos de la unidad habitacional, es mucho más significativa la inclusión del general Luis Gutiérrez Oropeza en el expediente penal de donde derivan las órdenes aprehensión. Simplemente porque es la gran exculpación de la institución armada como tal. Por muchos años se les ha señalado como victimarios de la sociedad civil y esta orden de aprehensión contra el jefe del Estado Mayor Presidencial de Díaz Ordaz los exculpa.
Fueron ellos, los militares enviados a este mitin, quedará establecido a través de la necia, para muchos también patriota necedad de Ignacio Carrillo Prieto, de su todavía más terca vocación a favor de la verdad sin importar los riesgos inmensos que esto le acarrea, las primeras víctimas de sus compañeros.
Esta es la trascendencia del anuncio que se dará a conocer, seguramente acompañado de los nombres de muchos otros militares, a mediados de la semana próxima. Porque quienes ahí llegaron con un guante blanco para identificarse, los que estaban desde temprano apostados incluso en la Secretaría de Relaciones Exteriores, formaron un grupo de choque, en los hechos “paramilitar”, que buscaba la muerte, la desestabilización política, el caos. Para que el titular de Gobernación, como sucedió, se convirtiese en candidato presidencial.
Muchos apellidos, entre ellos Aguirre Ramos, Bermúdez Dávila, Casiano Bello, habrán de repetirse próximamente. Porque esto no es sino el principio, ahí está el Cuartel de Atoyac y los que ahí fueron responsables de muchos crímenes.
Con la consignación de Gutiérrez Oropeza Tlaltelolco, el Dos de Octubre, se conocerá como la más corrupta conjunción del poder civil y militar en contra de las instituciones, de la lealtad a toda prueba del general Marcelino García Barragán.
Los muertos habrán de ser responsabilidad de un grupo de choque que estaba bajo el mando y los intereses de la política sexenal. Que Gutiérrez Oropeza se hubiese aliado a Luis Echeverría en estos hechos ha sido, siempre, una vergüenza para las fuerzas armadas. Ahora será juzgado, así como el expresidente, por la muerte y la agresión contra sus compañeros de armas. Traición inmensa e incalificable.
Supongo que el general Marcelino García Barragán podrá sonreír donde quiera que esté, y por su parte el general Antonio Riviello, a salvo de cualquier sospecha para lo que corresponda, tendrá una vez más la seguridad de que ha cumplido con su obligación lealmente. Porque fueron sus declaraciones, hace más de diez años, las que condujeron a la verdad histórica que tanto tenemos que agradecer los mexicanos…

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