Que Tarde Hablan Todos y que Pronto se Ponen de Rodillas

* El Reculamiento Prisita
Habló José Murat.
Y lo hizo con la inteligencia política que lo caracteriza, que no ha podido ser negada ni por sus peores enemigos.
Pero también con un oportunismo muy público.
Tal vez contagiado por su cuate Ulises Ruiz que gobierna de muerto en represión, pasando por caravanas cortesanas a Fox, el hoy exgobernador de Oaxaca se lleno la boca de piedras para decir que su partido hizo una tarugada inmensa al votar a favor del desafuero de López Obrador.
Cuando Pepe, tantas veces lo escuché de primera mano, igual que lo vi llorar de miedo por cierto, pudo haber ejercido ese control de ciento y tantos diputados que presume, que supuestamente están al servicio de Madrazo y compañía.
O qué no fue Murat quien inclinó, abiertamente, la elección del PRI a favor de su cuate Roberto Madrazo. ¿Se nos va a olvidar cuánto influyó para la salida de la maestra Elba Esther Gordillo del liderazgo interno de la Cámara de Diputados?
Entonces, tan simple, no se vale venir a desgarrarse la vestidura a destiempo.
Lo que equivale a burlarse, abiertamente, de millones de mexicanos.
Es cierto que el PRI, sobre todo cuando vemos los vaivenes suicidas del gobierno foxista, se equivocó rotundamente en su voto compacto, de grupo, en contra de Andrés Manuel, y sobre todo inmoralmente al lado del PAN. Que, como dice Murat, históricamente su lugar no ha estado, jamás, en la derecha reaccionaria como fue ese día.
Pero, por amor de Dios, se necesita valor, de ese valor que los señores tienen entre ambas piernas, para decirlo a tiempo.
Tendría que haber habido otra conducta al interior del PRI. Una disidencia dirigida por quienes aplaudieron todo lo que se dijo en contra de López Obrador, quienes asumieron un papel de entrega estúpida a un poder presidencial que ni siquiera es confiable en sus barrabasadas.
Todo es cuestión de actuar, de decir a tiempo. Si así hubiese sido, como habló Roberto Campa, hoy aplaudiésemos a Murat que andaba de parranda silente. O ausente del país, o enfiestado, o todo a la vez, para hoy querer subirse al carro del reculamiento oficial donde el que no cae resbala, donde la indignidad no tiene límite, donde todos están de rodillas y con el frasco de vaselina en la mano, sonriendo para mayor lujo. Y conste que Pepe no parecía pecar de esas debilidades.
Lo que pasa es que Murat se convirtió en un pésimo alumno de Ulises Ruiz que lo maneja como marioneta…

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