¿Dejo el Prozac O, Simplemente, se Puso las Pilas?

* ¿Dejo el Prozac O, Simplemente, se Puso las Pilas?
Lo habíamos visto, algunos lo habían padecido incluso, durante mucho tiempo como ausente. Como si estuviese de viaje dentro de sí mismo, ajeno a lo que pasaba a su alrededor, como si le valiese punto menos que un chicharo. Incluso cuando gritaban en su contra, cuando la realidad parecía atravesarse a cada paso que daba.
Era un mandatario frío para decir lo menos. De ahí que tanto se dijese sobre el prozac, un medicamento que se receta contra las depresiones y que, precisamente, provoca un efecto conocido vulgarmente como “valemadrismo”.
En cambio lo que estos días, sobre todo en su gira por Oaxaca, hemos visto del Presidente Vicente Fox nos devuelve a los días de precampaña, a aquel hombre que a todo le entraba, que todo escuchaba, que iba por todas de frente.
Enojado, molesto, discutiendo hasta con quien tenía una pancarta en su contra. Hablando con las “chavas” oaxaqueñas, alegando sus mismas consignas de los cambios en el Senado, ignorando el aparato fantasioso y populista del gobernador Ulises Ruiz que tanto se esforzó por evitar las protestas en contra de su gobierno. Ahí estaba, frente a nuestros ojos, como el Vicente Fox de antes.
Y vaya que hace falta “ponerse las pilas”.
Ya desde las imágenes de la reunión con la Reina Sofía, a quien por cierto trataron con poco respeto al protocolo, se observaba a un hombre impaciente con su esposa, ella misma foco de críticas y otra vez escándalo en estos días.
Lo que viene a ser de lo más saludable, no sé si para la pareja presidencial, pero sí para la República.
No es admisible, desde ningún enfoque, que el primer mandatario se presentase ante la población sordo y ciego a las protestas intencionales, políticas y con absoluto sentido electoral, que le hacen los partidarios de López Obrador. No se puede negar el sol ni tapar la realidad por decreto oficial.
Antes al contrario, si en algo fue eficiente antes de llegar al poder Fox fue, precisamente, en utilizar ésta a su favor, así fuese tan negativa como su necedad del “hoy, hoy, hoy” respecto al debate de los candidatos presidenciales que tantos dividendos le acabaría dando.
Los mexicanos no quieren un mandatario ajeno y menos distante en el conflicto.
De ahí, también, que se esté tardando en responderle a Fidel Castro. Porque lo que dijo el mandatario cubano va contra nuestros principios, contra las instituciones y a final de cuentas contra la soberanía nacional. No es, absolutamente, tolerable. Ni siquiera por los mismos perredistas que se están tardando en responder.
No tenemos una situación de emergencia pero sí, definitivo, un ambiente social y político enturbiado. Una realidad donde se requiere el liderazgo presidencial. Y el único mandatario que tenemos, que fue electo para seis años que ni siquiera están cercanos a cumplirse, se llama Vicente Fox. Por eso es indispensable verlo como tal, no solamente que lo sea formalmente sino que aparezca como tal, despeinado, enojado, molesto, entrón en todo sentido.
Lo que más daño nos puede hacer, a la democracia, a las instituciones, al futuro común que tanto trabajo nos ha costado –a todos- construir es el personaje caricaturizado con el “yo por qué”.
Lo que más se le ha reprochado a los hombres que nos han gobernado, pasado el tiempo, ha sido precisamente el pecado de omisión. Y si a eso le agregamos un limbo, un país imposible, un libro en blanco donde la realidad nunca tiene invitación para llegar, las cuentas contra Vicente Fox no pueden ser positivas.
Así, con su nueva disposición a gobernar sudando la gota gorda, en medio de los gritos en contra, por lo menos nos quedará la imagen de quien estaba en lo suyo y no congelado, alelado, chiflando en la loma del prozac. Algo es algo dicen en los pueblos… De lo perdido lo que aparezca es bueno…

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