Lopez Obrador Utiliza la Oficina Para su Campaña Política

* Los Excesos del Privilegio de Mandar
Está bien que millones de habitantes de la gran urbe estén, estemos, más que enojados ante la torpeza inmensa de un gobierno federal que ha convocado más demonios juntos que cualquier hubiese podido soñar, que nos ha puesto contra la pared, que nos ha sometido a incertidumbres, que nos ha obligado a manifestarnos a favor o en contra permanentemente, que un asunto que vale dos mil pesos en un billete de libertad condicional se haya convertido en la gran agenda nacional.
Porque mucho de lo que se vio y se vivió el domingo pasado tiene que ver con esto. Con una gran hartura de lo que se ha interpretado, percibido, además como un acto arbritario e injustificado.
Pero de ahí a que se le permita absolutamente todo a López Obrador hay una gran distancia.
Y en ese todo, además de burlarse de las leyes que según tengo entendido sigue siendo el fondo legal del tema, estaría la situación de ingobernabilidad que está provocando a partir de su regreso a una oficina donde puede ser sacado por la policía, donde no tiene capacidad para emitir ordenes legales, donde no tiene firma.
Es como si un banquero no pudiese firmar cheques. Así de grave.
¿Para qué queremos, millones de ciudadanos, a un gobernante que convoca marchas y multitudes pero no puede ordenar nada? Nada de lo que nos es urgente.
Porque una cosa es que su gente diga que lo obedece y otra, muy distinta, que legalmente tengan que hacerlo.
Si ni siquiera tenemos, otra vez millones de mexicanos, en claro si es o no, si tiene derecho legal o no de ser, de seguir siendo el jefe de gobierno… ¿Cómo esperar que un policía o un trabajador de limpia lo respeten como jefe?
Ahora bien, en lo político, en la popularidad, qué bien le va al tabasqueño.
En verdad que López Obrador debe estar agradecido, de ir de rodillas a la Villa de Guadalupe, por lo que ha hecho el gobierno foxista a su favor.
Esta es la verdadera contabilidad.
Los mexicanos hemos visto y padecido a un mandatario trabajando día y noche durante largos meses a favor de la candidatura de su peor enemigo político. Que es, además, un político con la mayor capacidad de manipulación de la realidad, con una piel dura que todo lo resbala y algo semejante al cinismo (grato, obvio) que le permite ir y venir del enojo desgarrador hasta la modorra de las medias tintas.
Con tiempo, además, para inaugurar puentes.
Vestido como el emperador del cuento, es decir sin ropa alguna que cubra sus ambiciones futuristas, López Obrador está en la cúspide de su popularidad. Instalado en la capacidad del capricho, en la burla, en ganador de un absurdo juego de vencidas.
¿Y las leyes qué?
Porque durante meses se nos ha venido diciendo que las acciones emprendidas contra López Obrador no tuvieron otro sentido que la obediencia irrestricta a lo que ordena la ley.
Pero resulta también que esto, el marco legal vigente en nuestro país, pinta de indefinición grandes territorios políticos y fomenta el absurdo hasta la ignominia, hasta el agravio ciudadano.
Porque tenemos, los que vivimos en la Ciudad de México, un gobernante para las conferencias de prensa y las inauguraciones pero que no puede firmar documento alguno, y cuyas decisiones oficiales serán frágiles en la medida en que pende una acción penal en su contra, con el agregado del desafuero y de la controversia constitucional pendiente de decidir.
¿Qué tipo de gobierno puede ofrecernos? Más allá del populismo tan efectivo, de la utilización de la plataforma política para su promoción como “candidato presidencial”.
Y, sobre todo, por qué aceptarlo. Porque no todos fuimos al zócalo el domingo, y no todos los que fueron, incluso, lo hicieron porque aprueban la conducta de López Obrador. Y, habría que ser muy claro en esto, nadie le ha otorgado una patente de corzo, menos todavía se ha elevado su ciudadanía a una deidad por encima de las leyes.
Andrés Manuel fue electo para gobernar la Ciudad de México. Y quien no puede firmar, quien no puede dialogar con el gobierno federal tan imbricado en la vida económica y política no puede hacerlo. Punto. Es, también, cuestión de respetar a los electores. No le dimos, nunca, el privilegio de mandar todo a la…

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