¿Qué Pasa en el Ejército?

* La Relación de Militares Con el Narcotrafico es el Mayor Peligro Para el Sexenio de Calderón
Le hicieron lo mismo que a muchos jefes policíacos: una amenaza directa. Esta vez fue un cadáver que llevaba un recado, aventado a la puerta de su ofician propiamente. Suelen utilizar coronas de flores y, a últimas fechas igual cabezas humanas que recados en Internet.
Lo cierto es que el hecho en sí, reseñado por varios medios de comunicación, había pasado de noche. Así fuese con dedicatoria a un general, jefe de la zona militar en Sinaloa.
Hasta que ayer, dos semanas después, el general Rolando Eugenio Hidalgo Eddy (y luego dicen que invento los nombres de los personajes de mis novelas) fue “removido” de su cargo.
Lo más interesante, además de este “despido” que conlleva todas las broncas del mundo castrense, fue que en su lugar fue nombrado Luís Arturo Oliver Cen, es decir un general que estaba dedicado a la investigación directamente de asuntos de narcotráfico, cuyo nombre es hartamente reconocido en el submundo criminal.
¿Se quiso mandar un mensaje o, por el contrario, se trata de investigar a fondo presuntas vinculaciones del receptor del mensaje con los narcotraficantes?
En Sinaloa la realidad es, definitivo, de violencia. De muerte. De tráfico de drogas. Que al gobernador de la entidad lo tiene sin cuidado y que ya causó, un caso muy distinto a éste, el cambio de adscripción del general Sergio Aponte Polito por un discurso reclamando esta indiferencia.
Que un jefe militar de la jerarquía de Hidalgo Eddy, con su antigüedad y merecimientos castrenses, con el adiestramiento que ha pasado, esté en una situación incómoda para decir lo menos, que pueda incluso ser sospechoso de vinculaciones con el narcotráfico está imbricado –definitivo- en la cuestionada responsabilidad militar en el combate al tráfico de estupefacientes.
Simplemente, los militares no son policías. Y no les gusta actuar como tales, así estén obligados a hacerlo por órdenes superiores.
Aponte Polito se ha significado, es un caso distinto hay que insistir en ello, por su vocación en la persecución de este tipo de delincuentes. Ya en Quintana Roo, donde también fue jefe de la zona militar dio ejemplo de mano dura y eficiencia. Pero es la excepción, lo habitual es que los jefes castrenses vean con respeto, de lejos, hasta con resquemor los temas del narcotráfico.
El precio de cualquier error, suyo o de los hombres bajo su mando, es muy alto. Y, sobre todo, no están preparados para ello. Salvo excepciones. Que, desafortunadamente como en el caso de “Los Zetas” tienen un destino todavía más desafortunado.
Por eso, falta muy poco tiempo, corresponderá al nuevo titular de la Sedena, al nuevo gobierno encabezado por Felipe Calderón meter las manos a fondo en la discusión de las ventajas y desventajas de la participación abierta de los militares en estas faenas.
Con el agregado del riesgo de vidas. Porque en el caso de que el general Hidalgo Eddy sea la más santa paloma de todos, estaríamos hablando de una amenaza brutal, de frente a una autoridad militar de rango superior. Y si los narcotraficantes han estado asesinando jueces y periodistas ya no existe ningún tabú al respecto.
Tal vez, si se tomase en cuenta la voz militar y sobre todo si ésta tuviese el valor de expresarse frente a la sociedad, se tengan que hacer cambios en el combate al tráfico de drogas en aras de conseguir mayores resultados. Que no quiere decir, hay que analizar esto a fondo, mejores resultados.
Porque en estos años se ha logrado la aprehensión de líderes de carteles de la droga, de jefes, de sicarios, se han desmembrado las organizaciones criminales de manera ejemplar, pero también ha aumentado la violencia en las ciudades. Se ha fortalecido la impunidad de los criminales y se han multiplicado las ejecuciones en todo el país.
Si el narcotráfico se ha infiltrado en el Ejército, tanto en los mandos inferiores pero con preparación de excelencia como sucedió con “Los Zetas”, como en los mandos superiores que es lo que vendría a decirnos esta violenta “sustitución” del jefe de la zona militar de Sinaloa, el precio está resultando demasiado alto ya no solamente para las fuerzas armadas sino para la sociedad toda. Y no creo que valga la pena pagarlo.
Lo que se necesita en el combate al narcotráfico es inteligencia en los jefes, en los mandos superiores, en los responsables, además de impecabilidad y valor. Hacía abajo bastaría con limpiar a la PGR. Es decir, con eliminar a todos los agentes de la AFI y agentes del ministerio público federal que hoy están bajo sospecha por su abierta complicidad con narcotraficantes.
Una limpia en la PGR sería suficiente para avanzar enormidades en el combate al crimen organizado, para evitar muerte, violencia, impunidad. Si, además, esto fuese acompañado de otro tanto en las policías municipales y estatales de las principales entidades donde se cometen ilícitos y crímenes, donde viven los narcos, donde bajan droga los jefes de los carteles, con eso sería suficiente.
Y entonces, tal vez, los militares podrían dedicarse a su verdadera vocación, a salvo de la corrupción y los riesgos de vestirse de policía…

Adelante, opina: