Quieren Manejar la Siedo Como Sus Narices…

* Otra Contra Vasconcelos
Los gobernadores, algunos por lo menos, se quieren pasar de listos en tiempos propicios para el despipote institucionalizado, a diez minutos de que aparezca el letrero “Fin” sobre la pantalla sexenal, justo cuando Fox se apresuró a gritar entusiasmado que ya había cerrado su changarro.
Agobiados por la violencia cotidiana pero, sobre todo, incapaces de poner orden en su casa, de limpiar a sus policías, de frenar el narcomenudeo y la corrupción oficial que lo protege, se sacaron una carta bajo la manda para engañar a todos los tontitos convidados a la reunión de la Conago en Nayarit, incluidos los que no quisieron salir en la foto oficial con el señor Calderón Hinojosa.
Fue un cuento chino de ellos para ellos que, como primero en sentir el agua al cuello, Eduardo Bours abortó con la misma impunidad –corrupta- de quien había sometido la reforma al pleno de gobernadores, el titular del poder ejecutivo de Nuevo León, Natividad González Paras.
En pocas palabras la discusión estaba en el reparto del botín de la institución responsable del combate al crimen organizado, con la ausencia obvia de su titular, José Luis Santiago Vasconcelos.
Y, con el agregado de la descontextualización intencional del discurso del procurador Cabeza de Vaca presuntamente hablando de la “desorganización” interna de cara a los criminales.
Nada, absolutamente nada puede calificarse como inocente a estas alturas de la historia. Pero si así lo fuese, si tanto los gobernadores en su documento de “seguridad” como en la forma en que lo pararon en seco, sin tener al responsable de las capturas de los narcotraficantes más importantes a su lado, querían simplemente encontrar una solución, no se vale.
No hay espacio disponible para este tipo de pifia. Sea ingenuidad colectiva o la gana mayor de cobijar a los narcotraficantes localmente.
Porque eso, a final de cuentas, es lo que está sobre el tapete de todas las discusiones posibles: Quién se queda con el patrimonio de los permisos para ganar dinero con la venta de droga, con el gran negocio paraestatal. Punto.
La violencia parece cada día más incontrolable. Es una gran ola de bestialidad que todo lo carcome, que se instala en la cotidianidad como el agravio más irreversible. Es la brutalidad inconmensurable de las cinco cabezas aventadas en la pista de baile de un antro provinciano, pero también la del miedo en las casas de policías, autoridades, funcionarios públicos de todo nivel.
Vivimos una cohabitación insostenible con la muerte, con el crimen impune, con las ejecuciones rutinarias, con todo aquello que no debía tener espacio alguno. Y los responsables mayores, los grandes villanos de esta historia son las autoridades locales. Simplemente porque han permitido la gran avenencia entre policías y criminales que solamente puede desembocar en impunidad.
Si al primer asesinado, si al primer decapitado se le hubiese encontrado autor responsable en cuestión de horas, si se le hubiese detenido y ejemplarmente castigado con prisión, hubiese habido un número bastante menor de asesinatos. Pero en los hechos se fomentaron las ejecuciones, con la apatía formal, intencional y pagada por dinero sucio de las autoridades.
Y convertimos nuestra paz provinciana en símil de los peores días vividos en Colombia, sin ofensa a ese país que bastante ha batallado en sus propias realidades.
Vasconcelos es el funcionario público de alto nivel que mejores cuentas habrá de entregar al finalizar este sexenio, cuenta con la confianza infinita e irreversible (este adjetivo es intencional e importante en su lectura) de las autoridades norteamericanas que están dedicadas a combatir el tráfico de drogas. No es fácilmente sustituible, sí en cambio podría ascender, tener más y mejor control sobre esta gran guerra que ya ha costado muchas vidas inocentes.
De eso trata la angustia de los gobernadores. Por eso la paradoja de que sea González Paras, quien tiene cada día mayor violencia por propiciar que los jefes del narco vivan en sus grandes ciudades cuidados por las mismas policías, de muy arriba hasta muy abajo en el escalafón, el que presente un estudio para “regionalizar” a la SIEDO. Y sea, precisamente, un gobernador sospechoso de proteger a estos mismos criminales en su casa familiar, quien decida detener la iniciativa.
Ambos, en los extremos de la pinza, quieren lo mismo: una tajada del botín de impunidad. A los dos, a muchos otros también, les estorba Vasconcelos. Lo que no es sorpresa.
En lugar de hablar de la “regionalización” del combate al crimen organizado que no es en los hechos sino su “pulverización” y su consecuente nulificación en manos corruptas ya conocidas, habría que legislar mayores recursos materiales y humanos, mejores leyes, para esa misma Subprocuraduría.
Ahora falta saber si los que van a gobernar este país lo entienden, o de qué lado van a inclinar la balanza, de qué tamaño es el compromiso pues…

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