El General Negociador

* ¿Qué le Habrá Ofrecido Clemente Vega a Andres Manuel Para Realizar el Desfile Patrio?
La relación entre ambos fue cordial siempre, incluso en los peores momentos políticos de López Obrador como jefe de gobierno a punto de ir a la cárcel. Lo que resulta más que excepcional, no solamente por la costumbre castrense sino porque Vega García suele prohibirle a sus subordinados cualquier comunicación con quienes no considera incondicionales al Presidente Fox.
Y aquí es donde entra en vigor las intervenciones telefónicas a los jefes militares. Es prácticamente imposible que cualquiera de ellos, incluido el exsecretario Antonio Riviello Bazán, reciba o haga una llamada telefónica sin que de inmediato esté la transcripción de la misma sobre el escritorio del Secretario.
Por lo tanto la pública y publicitada relación personal del enemigo mayor de la familia Fox-Sahagún resulta más que interesante. Conste que no utilizo el vocablo “interesada”.
En los hechos demostró rendir sus dividendos para efectos de las festividades patrias. Aunque no sabemos a qué precio.
Lo cierto es que López Obrador se comprometió, personalmente, con el general Vega para desocupar el zócalo y Paseo de la Reforma en la madrugada del próximo 16 de septiembre, a tiempo para que pueda realizarse el tradicional desfile militar.
Al hacerlo Andrés Manuel, para algunos ya con el reconocimiento de “presidente alterno” lo que agrava todavía más la conducta negociadora del nuevo político que resulto ser el general Vega, puso los puntos sobres las “íes” al amenazar-recordar que no se valen las agresiones militares contra el pueblo así sean dizfrazadas.
Y con todas sus letras se refirió a lo que es una realidad encubierta de este gobierno: La participación castrense como policía “uniformada de gris” bajo las siglas de la llamada policia federal preventiva.
Que no son sino militares en el activo con otro uniforme y que, todos lo hemos vivido, han sido utilizados para todas las maniobras federales de contención pública así como para la represión o desalojo.
Con esta negociación el titular de la Defensa Nacional gana y pierde.
Hacía dentro mucho por razones de estructura mental castrense complicadas de analizar, pero que tienen mucho valor para el uniforme, y que vienen a incidir a un mando militar que siempre estuvo en entredicho durante este sexenio. Hacía fuera porque convertirse en el gran negociador político lo pone muy lejos de su papel institucional, del encuadre oficial y pública al que está obligado por razones obvias.
Supongo que también debe despertar grandes luces rojas en el tablero del panismo tradicional, incluso en la misma oficina de Felipe Calderón Hinojosa. Porque estas alianzas no son gratuitas para comenzar.
El presidente electo, por cierto ya custodiado fuertemente por elementos militares, sufre un asedio tan grande por parte de los perredistas y seguidores de Andrés Manuel que en sus primeras actividades públicas ha tenido, literalmente, que utilizar la puerta de atrás. Esto hace doblemente complicado el papel de Vega.
Sin olvidar que el comandante supremo de las fuerzas armadas, constitucionalmente, es Vicente Fox.
Y es él, primer mandatario, quien aparentemente no podrá dar el grito en el zócalo el próximo 15 de septiembre. De donde, por lo menos, tendría que haberse planteado qué y quiénes estaban en primer sitio en cualquier negociación. Porque si lo que consiguió Vega García fue un espacio para su desfile, que es lo que mejor le sale precisamente hacer desfiles (sus primeros ascensos los recibió por esto), será más que interesenta imaginar qué explicación le dio a su jefe y comandante supremo al respecto.
Porque López Obrador no respeta a la institución, primer mandatario de la República que él, como jefe de las fuerzas armadas, general de cuatro estrellas, está obligado a salvaguardar.
O sea que no utilizó, ahí están las pruebas, la misma cuchara para hacer las medidas de la institución.
Le importó más a Vega García, para decirlo en buen español, su desfile que la persona y la institución presidencial. Y eso ahí queda para la historia como un pésimo ejemplo que Felipe Calderón no puede ignorar.
Dijo López Obrador que se quitarán del plantón porque el ejército “no es un órgano de gobierno”, lo que forzosamente es tema de análisis en el Colegio de Defensa, si es que los cursos siguen existiendo con la seriedad pertinente. Ya la discusión existe sobre las ordenes civiles, desde los días de Carlos Salinas de Gortari en el poder presidencial, que evitan que los militares cumplan con su mandato constitucional de salvaguardar el territorio nacional en Chiapas. Ahora hay una nueva controversia con esto de ser o no ser parte del gobierno, sobre todo si vemos los cheques que reciben los jefes militares en activo precisamente como funcionarios públicos federales, aparte de sus sueldos castrenses, en una homologación con directores, subsecretarios e incluso secretarios del gabinete presidencial vigente.
Se habló mucho de que el titular de la Defensa Nacional estaba haciendo política futurista, imponiendo a su candidato (que se llamaría Tomás Angeles Dahuajare por si se ha olvidado) en lo que daba por seguro que sería el nuevo gobierno perredista encabezado por el entonces candidato López Obrador.
Lo que no queda claro, o tal vez está demasiado transparente para su lectura politica, es qué fue lo que ofreció en esta negociación Vega García a cambio de conseguir lo imposible: el retiro táctico de Andrés Manuel de la gran escena nacional, de la plaza mayor…junto a las calaveras que como trofeos de guerra acumulaban nuestros ancestros en una pared del templo mayor por cierto…

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