La Mitad de los Soldados Han Desertado

* Nos Quedamos sin Ejercito
En este mar de violencia, donde cada día amanecemos con una nueva cabeza adornando alguna plaza pública como trofeo de impunidad, se ha ignorado una declaración formal del titular de la Secretaría de la Defensa Nacional aseverando la deserción de 105,400 soldados.
Lo que es para quitarnos el sueño. Porque estamos hablando de casi la mitad de los efectivos de las fuerzas armadas.
Si bien la cifra exacta del número de soldados y jefes militares que conforman nuestro Ejército no ha sido dada a conocer con exactitud, antiguo prurito del hermetismo de la institución, aparentemente estaría alrededor de 230 mil efectivos.
Frente a lo cual tendríamos una crisis inmensa si en estos años, casi la totalidad del sexenio panista, su retirada de la vida castrense implica un profundo fracaso.
En todo sentido. Sobre todo para el espíritu de cuerpo del Ejército.
A este paso, no es metáfora, habría que recurrir a la leva forzada como en épocas de guerra.
Que la mitad de los trabajadores de una empresa cualquiera renunciaran a su trabajo implica una crisis interna de magnitudes catastróficas. Y obliga, definitivamente, a un cambio estructural de fondo. Porque algo tiene que funcionar muy mal para esto, en cualquier dimensión de análisis.
Si además llevamos el ejercicio a la realidad castrense, donde los soldados cuentan con prestaciones sociales, techo y comida, habría que tocar fondo en algo todavía más grave. Porque no se trata, como en cualquier empresa civil, de un problema de salarios sino estructural.
¿Por qué los soldados mexicanos no quieren pertenecer a este Ejército?
Dentro del mando piramidal de todas las fuerzas armadas esta realidad obliga a una revisión tan seria que podría, debería tal vez, tambalear a las posiciones de mayor jerarquía. Que son las responsables de lo que sucede hacía abajo.
En los hechos, al menos esto sucedía hasta antes de la llegada de Vicente Fox al poder, las deserciones eran una falta a cobrar al comandante de la unidad correspondiente. Es decir, era responsabilidad directa del jefe militar.
Hablar de ciento cinco mil cuatrocientas deserciones es en verdad estremecedor.
Esto sin incluir, sigo la voz del titular de la Sedena en sus declaraciones ante el Senado, a los mil doscientos efectivos que fueron dados de baja.
O sea que el uno por ciento, aproximadamente, de las deserciones son los que fueron obligados a salir del Ejército. No hay proporción válida.
La razón que se aduce para esto es de una gravedad, habla de una crisis profundísima de las instituciones oficiales del Estado Mexicano, inmensa. Y es que oficialmente estas deserciones se deben, dijo el general secretario Clemente Vega, a que los soldados se unen al crimen organizado.
De donde, así debemos entenderlo millones de mexicanos, en este sexenio panista cien mil efectivos con entrenamiento militar están al servicio de los narcotraficantes.
Por eso los crímenes, por eso la impunidad, por esto tanto que no encuentra explicación alguna.
¿Qué está fallando orgánicamente en las fuerzas armadas, en el Estado Mexicano? Esta es la gran pregunta a contestar. Y sobre todo, quién deberá pagar por esto. Quién es el responsable mayor de que esto se haya dado.
Porque el acumulado de ciento cinco mil deserciones tuvo que haberse medido, analizado desde hace tiempo. Porque algo debió hacerse hace uno, dos, tres años por citar algún tiempo.
Si esto, ciento cinco mil deserciones, tiene relación directa con incapacidad del mando militar hay que castigar a los responsables. O, por lo menos, quitarlos del entorno de la alta jerarquía militar. Si no es así, si la fuerza de los criminales es superior a la de la institución castrense, también hay que encontrar a los responsables.
Lo cierto, lo que hoy debemos confrontar como una realidad de profundo agravio social, es que los hombres abandonan el uniforme, que no quieren servir a sus jefes militares, porque consideran que con su cuota de violencia y sangre es mejor estar al lado de los narcotraficantes. Para vergüenza de muchos…

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