La Vida en Familia “presidencial”

* La Mariposa en el Dedo Lastimado
El dedo lastimado por jugar con los hijos sostiene una frágil mariposa.
Hasta ahí la imagen primera.
Detrás las canas, muchas, nuevas. La chamarra pesada, los lentes casi empañados por el frío, y –sobre todo- la Banda Presidencial que termina por tatuarse, también, en el rostro.
Domingo. Día de asueto, de fiesta, de tranquilidad familiar. Con el agregado de visitar el terruño para Felipe Calderón Hinojosa.
Con él su mujer y sus hijos caminando entre hojas y piedras, de cara a los pocos rayos del sol invernal. Un aparte casi imposible, o, si se prefiere totalmente natural si conseguimos ignorar, en ejercicio de imaginación y junto a la familia presidencial, el aparato inmenso de seguridad. Y todo lo que se había acumulado durante el día.
Sorprende, porque debe dormir poco y con mucha tensión, el gesto de serenidad. Como si el mundo se hubiese detenido en el preciso instante en que la mariposa monarca decidió posarse sobre su piel, sin saber que hacerlo así, con él, era tan distinto y definitorio.
Dicen los enterados, los creyentes también, que no se mueve la hoja de un árbol ni aletea una mariposa sin que se modifique el universo. Y así fue, así tiene que haber sido.
Calderón Hinojosa estaba, también, en el final-inicio de un ciclo. De cumplir un año al frente del gobierno, en uso pleno y plenipotenciario del poder con el que fue investido en circunstancias que hoy parecen muy lejanas. Venía, además de tanto camino recorrido, de reunirse con el gobernador electo de Michoacán, de su tierra tan agraviada por la violencia, que es perredista y había optado por reconocerlo como lo que es. Así de simple.
¿Triunfo, batalla ganada? No creo que Felipe Calderón haya estado pensando en eso al observar, instante en verdad pequeño, la mariposa posarse en su dedo. A final de cuentas la vida, la vida que no es sino la vida maravillosa y devastadora, se cuenta en esos pequeños instantes mágicos, rodeados de quienes queremos, en el mar más plácido de la ternura.
Y que aquellos que tienen el privilegio de la fe habrán de remitir a eso que llaman “Dios”.
Horas después la realidad de muertes, de corrupción imbatible, de carencias ancestrales acumuladas, de responsabilidades sin fin. Todo lo que llamamos realidad pero que se convierte en sueño o viceversa, que se magnifica en la peor pesadilla de la que no hay amanecer.
Millones de mexicanos nos quedamos con la humana humanidad del instante que un fotógrafo oficial consiguió imprimir, para recordarnos todo y para detenernos también en lo que habrá de modificar el universo para siempre: una mariposa monarca que sobrevive al frío, a la devastación, al hombre para venir a posarse en la mano del poder y hacernos creer, en primer lugar a él, que es posible detener el tiempo…

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