Acalla Rumores Sobre su Salud Galván Galván

* Hasta el Cansancio la Lealtad Militar
Al frente del más solemne de los escenarios, con la voz firme, la fuerza de su presencia acalló rumores que crecían hacía dentro de las fuerzas armadas.
Porque Galván Galván se veía fuerte, en perfecto estado de salud y con, todavía mejor, disposición anímica.
Con eso se borraron, en la mente de muchos militares, las versiones internas que venían circulando sobre una grave enfermedad del hígado que podría, incluso, obligar a una renuncia.
Rumores tenaces donde se justificaba, además, la presencia en la Sedena del subsecretario, general Tomás Ángeles Dauajare pese a haber rebasado la edad de retiro, y se especulaba sobre su comparecencia ante medios de comunicación en días pasados. El mismo Dauajare convaleciente exitoso, dicen en los pasillos castrenses, de un tratamiento muy sofisticado para una vieja dolencia cardiaca.
Y como el jefe de Estado Mayor de la Defensa, general Demetrio Gaytán Ochoa, habría sido sometido a una complicada cirugía de cerebro hace pocas semanas, había una gran expectativa respecto a temas de salud. Como en su día los hubo con los antecesores de Galván, solamente que en circunstancias muy distintas.
A lo que no escapa la convalecencia del general Enrique Cervantes Aguirre a una operación en su rodilla.
Así, hacía dentro de las fuerzas armadas, el mensaje mayor fue la fortaleza física del titular de la Sedena. Para tranquilidad de todos, fue una comunicación contundente, literalmente “física”.
Tan categórica como la definición política por excelencia del sexenio del general Galván: No hay más ideología en las fuerzas armadas que servir a la patria.
Tanto como la reiterada, intencional, inclusión del concepto “lealtad” en el discurso que pronunció el general Galván Galván.
Como si no hubiese límite alguno a esto. En todas sus acepciones, con una insistencia intencional, habló de la lealtad como sinónimo de obediencia militar al Presidente Felipe Calderón. Con el agregado del nuevo significado de este vocablo: Combate al narcotráfico.
Coadyuvar con las instituciones de la Nación en esto, expresó textualmente el Secretario de la Defensa Nacional. Y muchos de los presentes meditaron que es una “cooperación”, una “coadyuvancia”, en que los militares han llevado la peor parte, no solamente en su dedicación extrema y eficiente sino en las bajas, en las muchas muertes que ya han ofrecido en esta guerra. Donde no son pocos los días que combaten en situación desventajosa frente a las redes consentidas de corrupción policíaca y gran poder económico de los narcotraficantes.
Galván recordó que hace un año el Presidente Calderón definió como un objetivo inmediato recuperar los espacios ocupados por el crimen organizado. Ante lo que ya se puede hablar de resultados, de un incremento en el aseguramiento de armas, drogas y criminales pero que falta mucho para un resultado definitivo en esto.
Casi una treintena de pequeños párrafos, discurso sin desperdicio de palabras, como suele preferir el general Galván, solemne, seguro, con la referencia-petición a sus “compañeros de armas” para estimular la “fraternidad responsable”.
Y por si fuese poco, con toda la intencionalidad, con toda la fuerza de sus palabras, el Secretario de la Defensa concluyó de cara a su jefe, comandante supremo, que las fuerzas armadas están a la orden del Presidente de la República.
¿Era necesario? Yo pensaría que nada, ninguna palabra de sus pocas apariciones públicas, es irrelevante en el general Galván. Y que son producto de una meditada, él mismo escribe sus discursos, reflexión sobre la realidad.
Así que para lo que se ofrezca, en este febrero de tantas celebraciones castrenses, con tantos ataúdes militares con la bandera nacional cruzada, de cara a una guerra que es igual de cruenta o todavía más que hace un año, los militares reiteraron machaconamente una lealtad extrema, sin ideología, sin descanso y que encabeza un hombre en perfecto estado de salud…

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