Estamos en Guerra…

* Disparos en el Reten Militar
Los retenes militares son extremadamente peligrosos.
Definitivo. De eso tratan, para eso están concebidos, para convertirse en un alto obligatorio, en una revisión indeclinable que permita descubrir droga, armas, y a quienes son parte del crimen organizado y las transportan ilegalmente.
Surgen como una respuesta oficial, del Estado Mexicano, a una realidad de profunda descomposición de las policías, de los controles formales a estas actividades.
El sexenio pasado, para citar solamente un periodo de tiempo, fueron un adorno más. Que en Tabasco permitieron el control de los Zetas sobre las autoridades, el incidente bochornoso y terrible del asalto con bazookas a una cárcel municipal para rescatar al presunto “comandante Mateo”.
Retenes que fueron inútiles en su operación, si no es que un apoyo para el libre paso de la droga y de las armas.
Y para eso basta un ejemplo, el de Quintana Roo. Donde está documentada la entrada de la mayor cantidad de droga que, desde sus costas, cruza el territorio nacional hasta llegar a la frontera norte. ¿De qué manera podrían explicar las autoridades del sexenio foxista que en contraste con los decomisos, las lanchas abandonadas, la gran actividad económica derivada de la “pizca” de la droga que se cae en las playas, estos recorridos fuesen absolutamente impunes?
Esto con los retenes militares, obligatorios, en sitios clave de las carreteras, por donde es obligado y hasta único paso desde el lugar de los desembarcos.
La diferencia, inmensa, es la intencionalidad en las ordenes oficiales provenientes del alto mando militar ahora, y la vocación para cumplirlas de los jefes militares a cargo. En Quintana Roo, se vale otra vez el ejemplo, los retenes funcionan a cabalidad y se han hecho decomisos más que importantes, como en Sonora, como en muchas partes del país.
Estos “retenes”, estas revisiones oficiales, son las que permiten detenciones más que significativas. Y, sobre todo, las que han venido a detener la inmensa impunidad del tránsito de personas armadas que son responsables de los crímenes que llenas las páginas de todos los diarios cada día.
Es decir, tienen un sentido.
Y quienes evitan ser revisados, quienes huyen de un retén militar, lo hacen porque tienen algo que ocultar. Sin ir más lejos esta misma semana, el lunes 4 de junio en la Carretera Cadereyta-Jiménez, se dio un incidente violento, donde dispararon contra los militares cuatro personas que pretendían huir.
Una de ellas, que logró ser detenida, resultó ser José David Fuentes, alías “El Chuki”, un narcotraficante buscado por las autoridades. En el vehículo se encontraron cuernos de chivo y balas, así como granadas de mano.
Esta es la realidad cotidiana.
¿Qué sucedió en Sinaloa donde resultaron muertos varios menores y mujeres?
Creo que es pronto para saberlo. Lo que consta es que los tripulantes de una camioneta no respetaron el alto obligatorio del reten, por cualquier circunstancia a adjudicar que para los hechos da igual, simplemente no se detuvieron. Y los militares dispararon.
Tenían ordenes, precisas, para detener a quienes cruzaban el reten militar. No estaban ahí de paseo ni eran parte de los carteles de la droga, no protegían a nadie, su obligación legal era –justamente- revisar todo vehículo y evitar que huyesen quienes no se sometían a ese escrutinio.
Si hubo o no un delito en estos hechos corresponde al juez decidirlo. Para efectos de aplicación de justicia las órdenes del general Galván Galván ya implican en sí un castigo inmenso porque estar sujetos a juicio por parte de la justicia militar equivale a una sentencia en contra.
Esto porque la sociedad ignora que salvo algunas excepciones, menos del cuatro por ciento, la inmensa mayoría de los militares sujetos a un proceso legal dentro del marco jurídico castrense son encontrados culpables.
Por lo pronto dieciséis soldados y tres oficiales están ya en la prisión militar.
Lo que no será suficiente para evitar un inmenso, inmoral linchamiento mediático donde el papel de los panistas es cobarde para decir lo menos. Porque son los senadores panistas, el mismo Santiago Creel, los primeros que se han apuntado en contra del Ejército como si un hecho aislado, así sea tan lamentable como éste, conformase la realidad de su actuación.
Y quienes se han comenzado a desgarrar las vestiduras olvidan que vivimos una guerra. Que los únicos beneficiados con el retiro de los retenes militares son los criminales. De eso trata esta realidad tan ingrata que vivimos, en gran medida, por la responsabilidad del gobierno panista que encabezó Vicente Fox donde se permitió abiertamente el crecimiento de la violencia, de la impunidad, de la complicidad de las policías con el crimen organizado…

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