Ante las Amenazas hay que Quedarse

En Tabasco un juez penal y varios funcionarios de la procuraduría de justicia del Estado renunciaron a sus cargos e, incluso, se fueron de la entidad ante las amenazas de los narcotraficantes.
Uno tiene que decirles, perdón pero es la verdad, que no tienen para dónde ir.
Que este país, que está dejando de ser casa común, es nuestra patria. Y que sucede que estamos en guerra. Que necesitamos a todos para ganarla, que por cada uno que se vaya, que ingenuamente pretenda irse, los que nos quedamos en las trincheras tenemos que redoblar esfuerzos y corremos riesgos mayores.
Para ganar tenemos que estar todos juntos.
De otra manera nos convertiremos en errantes arrepentidos con nuestra carga de nostalgia a cuestas, buscando en el mundo un espacio para comenzar de nuevo con mayor amargura y un idioma ajeno.
Porque lo que es en este, nuestro único, territorio no hay dónde esconderse de las amenazas recibidas.
El señor juez penal Manasés Silván Olán, con ese nombre de novela de García Marques, decidió abandonar la causa penal que llevaba, con excelencia, honestidad, eficiencia, compromiso legal, en contra de los presuntos responsables del atentado contra el general Francisco Fernández Solís, titular de la Secretaría de Seguridad Pública local.
Estoy cierta que lo hizo con un gran agobio, pensando en su familia, asustado. Y quiero que sepas que todos lo entendemos, todos los que estamos en esta guerra que somos muchos, porque todos nos sentimos igual hasta llorar, hasta golpear las paredes, hasta no dormir noches y noches enteras.
Pero no hay de otra.
Porque si decidió irse a vivir a Campeche, lamento informarle que ahí las broncas con los de la “letra”, están igual de fuertes. Que ahí detuvieron a un jefe “Zeta” responsable del tráfico de indocumentados y ha habido muertos y amenazas. Otro tanto podemos decir de Yucatán donde hasta los hermanos del gobernador han sido acusados públicamente de complicidad con el narcotráfico. Y en Chiapas donde Juan Sabines y Mariano Herrán libran batallas cada día, igual hay muertos y amenazas. En Quintana Roo la contienda por el control de la plaza aumenta cada día el número de muertos, sin olvidar que policías municipales y estatales en su mayoría están al servicio de estos criminales…
¿Seguimos?
Porque si vemos Sonora, o Michoacán, o la misma Ciudad de México no hay noticias a favor. Y si queremos hablar de una entidad tranquila como Coahuila, hay que ver los problemas nuevos con la policía municipal de Torreón que tuvo que ser desarmada por el Ejército ante una amenaza de huelga.
Irse resulta, por tanto, un ejercicio del imposible.
Entre los muchos amenazados, porque los ha habido en estos días en Tabasco, hay quienes están entendiendo que se trata de una operación bien estructurada de amedrantamiento, que tiene autores en lo político y en lo económico, que tiene relación con el encarcelamiento de Juan Cano Torres, exsecretario de seguridad pública y presunto responsable del atentado contra el general Fernández Solís.
Y se están quedando.
Hay otros que no están entendiendo nada pero que saben, en su inmenso miedo, en su angustia, abrazando a su esposa o a sus hijos, a sus nietos, que no hay de otra. Que no podrían amanecer sin ver el trópico caerse ante su mirada, sin sudar la temperatura del edén, sin saludar a sus amigos en el café, sin manejar su automóvil o tomar su camión rumbo a su trabajo por las mismas calles que caminaron sus abuelos.
Y hay unos que, afortunadamente para los tabasqueños, entendieron desde el primer día de gobierno, tal vez semanas antes, que no había otra sopa, que era de beberse o derramarse, que era de jugarse la vida. Son los que entendieron, y ahí están aunque las caras se les caigan con las nuevas arrugas o el pelo blanco se les comience a caer (verdad Humberto, verdad Chelo) donde tienen que estar.
Lo bueno, de tanto malo, es que muchos decidimos quedarnos. Amenazados, asustados, golpeados por la realidad. Y que se quedan en Tabasco el mismo general que ya sobrevivió a las balas, Humberto Mayans, el procurador Gustavo Rosario que ni necesidad tenía, el mismo Andrés Granier, Salvador Suárez y tantos otros también amenazados. Ninguno imaginó como iba a ser de duro, de inimaginablemente difícil este gobierno, pero todos saben que es en Tabasco, como en Guerrero, como en Coahuila, como en Michoacán donde hay que ganar la guerra…

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