La Guerra Apenas Comienza…

* Agresion Contra el Ejército
Epigmenio Ibarra, que no puede ser acusado de militarista, califica una canallada lo que hizo Vicente Fox el sexenio pasado al negarse a combatir al crimen organizado, y es a partir de esta consigna que explica los ataques al Ejército.
Con su abierta pertenencia al PRD, igual de pública que su cercanía con López Obrador, su testimonio es doblemente importante.
Ibarra señala que “hay una enorme diferencia entre perseguir a gavillas de narcos que defienden sus parcelas de cultivos y bandas organizadas que tienen ya control territorial”. Asegura que el Ejército esta en desventaja en esto porque “se libra combate en condiciones de ventaja táctica… el Ejército mexicano se mueve, pues, en esas zonas como fuerza invasora con todas las desventajas”.
Una de ellas, habría que agregar a este análisis, es la servidumbre de las policías municipales al crimen organizado, principalmente al grupo conocido como “Zetas” en muchas ciudades del territorio nacional. Esto es lo que ha sucedido en estos días en Michoacán, pero también en Tabasco, en Quintana Roo, en Veracruz. Y antes en Tamaulipas, en Nuevo León, en Aguascalientes.
La llegada del Ejército, también de las fuerzas federales, de la propia PFP, se da ante la profunda vinculación de las policías locales con el crimen organizado. Ya no solamente como protector sino como brazo armado de éste. En Tabasco incluso la misma Secretaría de Seguridad Pública estuvo el sexenio pasado bajo su control.
Esto es lo que les otorga poderío, impunidad y capacidad para controlar el territorio, concepto castrense que debe tener raíces en los primeros miembros, exmilitares, de los “Zetas”.
En Tabasco, ante la detención fortuita de un jefe de estos criminales, se vivió la primera de las batallas militares. Sin que participasen los militares por una decisión del entonces titular de la Sedena, general Clemente Vega García y tal vez también del mismo Presidente Vicente Fox. Ahí se utilizaron, por primera vez, bazookas y granadas, hubo muertos y milagrosamente no se logró rescatar al comandante “Mateo”.
Lo que sucedió la semana pasada en Michoacán, en una pequeña población llamada Caracuaro es una repetición de esta batalla, con la diferencia de que sí participaron los militares. Y murieron. Y fueron homenajeados oficialmente como héroes.
Y eso es, justamente, lo que ahora critican quienes no han tenido ni capacidad ni deseo alguno para profundizar en el análisis.
Porque, hay que insistir, se trata de una guerra. Que ya encontró este gobierno, esta administración castrense, declarada en su contra. Y que se iba perdiendo con la velocidad cotidiana de los cientos de muertos, de las cabezas, de los mensajes amenazantes, de la preponderancia de grupos criminales por encima del estado de derecho en grandes zonas del país.
Con la fuerza del dinero producto de actividades ilícitas, del mismo secuestro y control del narcomenudeo, con la complacencia de grandes sectores sociales, y con el poderío del armamento y equipamiento de las policías locales pagado con nuestros impuestos.
Los narcotraficantes tienen, esto es especialmente notorio en Cancún, a su servicio a las patrullas nuevas equipadas con lo más sofisticado de la tecnología, a sus armas largas, a sus nuevos uniformes y sistemas de comunicación. En la práctica las policías municipales les sirven como una muy eficiente red de protección, especialmente durante los operativos que estos realizan contra la autoridad o para ajusticiar a algún miembro de un grupo rival. Otra vez, persiguiendo el control territorial.
Esto es lo que pone en desventaja a los militares.
En Caracuaro los policías locales fueron cómplices del ataque-emboscada a los militares. No solamente se escondieron, es decir complicidad por omisión intencional que esta legalmente penada, sino que sirvieron como protección en su huída. Es lo que se vivió, casi con exactitud milimétrica en Villahermosa, Tabasco, durante el atentado contra el titular de Seguridad Pública hace pocas semanas.
Por eso dice Epigmenio Ibarra que “gracias al criminal abandono de Fox el narco se hizo del control de municipios enteros, de regiones de importancia estratégica y convirtió la posesión de las mismas en un jugoso negocio que no está dispuesto a perder… por eso también, cuando los que tienen control territorial ven éste amenazado, cae en emboscadas como la que se produjo en Michoacán”.
¿Qué significa que éste “control territorial” se ve amenazado? Justamente que hay una posibilidad, con la irrupción del Ejército, de romper el círculo vicioso de corrupción-impunidad. Eso es lo que debe entender la sociedad para entonces exigir, ese es el vocablo, a sus autoridades que dejen de ser cómplices-protectores del crimen organizado como quieren seguir siendo en municipios perredistas de Tabasco y Michoacán, priístas de Quintana Roo y Nuevo León, panistas de Yucatán y Aguascalientes…

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